Conversando con un amigo supimos de la existencia de un trabajo paralelo que tienen la mayoría de las aeromozas que no aparece en su guía de viajes. Nuestro amigo llamado Diego es piloto comercial y siempre tiene una anécdota de sus viajes para contarnos.
Nos contaba que las aeromozas aprovechan sus traslados en vuelo comercial para emprender un prospero negocio que consiste en la venta de toda clase de artículos.
Diego nos dice que emocionadas esperan con ansias la hora del aterrizaje y desembarco del vuelo para salir disparadas en busca de dar el primer paso de sus negocios personales. La gran mayoría al parecer se dedican al negocio de la ropa. Es así que salen a buscar prendas de todo tipo sobretodo prendas íntimas femeninas. A este respecto Diego nos contó una historia fresca y divertida que le tocó vivir en uno de sus viajes al Brasil.
El vuelo estaba programado para aterrizar en Río de Janeiro un día lunes. Pasarían allí la noche la madrugada del martes y saldrían a media mañana de vuelta. No parece muy divertido presentarse un día lunes a una ciudad, pero no se trataba de cualquier ciudad, era Río y las posibilidades nunca se agotaban. Es así que ni bien llegar Diego acompañó a una de sus aeromozas a hacer un recorrido por la ciudad en busca de ropa pero antes decidieron observar los modelos existentes en los trajes de baño, si se les puede llamar trajes a unos cuantos hilos que apenas disimulan las partes íntimas de la mujer a Dios gracias. Es así que deciden dar una vuelta por el malecón de una de las playas que atesora esta ciudad. Nuestro piloto enmudeció al ver –según sus propias palabras- muchos cuerpos perfectos reunidos. No dejaba de describirnos cada color y cada pieza de ropa de baño que tuvo la oportunidad de observar supongo que con mucho detenimiento. Una vez tomada buena nota de lo que se estaba usando ese año, se dirigió en compañía de la aeromoza a buscar los mismos modelos de ropa en las tiendas de Río.
Nos cuenta Diego que encontraron una tienda en la que había un sin número de modelos de ropa de baño a muy buen precio. Hasta ahí todo dentro de lo normal. Es en esos momentos que mi amigo el piloto no se dio cuenta que su compañera de viaje, Roxana, había desaparecido, inmediatamente miró en todas direcciones alzando la cabeza por encima de los anaqueles y sorteando maniquíes. A los pocos segundos su búsqueda terminó y en qué forma. Nos dice que junto a él apareció un ángel de ojos azules profundos como el mar que él ya conocía, tenía la piel canela y las curvas del cuerpo bien definidas y vestía un bikini color naranja fosforescente de dos piezas conformada por un hilo dental en la parte inferior y un corto sujetador en la parte de arriba permitiendo el desborde de gran parte de los voluptuosos senos. El metro y ochenta centímetros de la celestial figura que arrancaba en dos hermosos zapatos calados de tacón alto estaba coronado con hermoso cabello dorado y rizos que colgaban sobre los hombros. Diego nos contó que se trataba de la propia Roxana pero que nunca había tenido la oportunidad de observarla con esas vestiduras. Sólo atinó a tartamudear y decirle que le quedaba muy bien al tiempo que deseaba que el vuelo de retorno se postergara por alguna razón.

