Está de más mencionar que a estas alturas, tan cerca de año nuevo y más cerca aún de la Navidad, la probabilidad de conseguir un vuelo de primera clase con destino a la Argentina es casi nula. Sin embargo, valdría la pena buscar en alguna agencia de viajes un vuelo barato cuyo destino sea cualquier lugar del sur de ese país puesto que, una vez allí, se puede llegar a la Patagonia de manera muy sencilla. Tal como yo lo hice durante el mes de Octubre.
Como fotógrafo amateur me es imposible resistir la tentación de captar a través del lente cualquier manifestación de vida salvaje (o de “vida doméstica”, tengo cientos de fotos de mi fiel pitbull) que tenga en frente y la Península Valdés en la Patagonia Argentina, se muestra como un destino obligado para cualquier fanático del teleobjetivo y el flash.
En Península Valdés no existe lugar sin vida salvaje en sus alrededores. Incluso en la estrecha franja de tierra que une la península con el continente se encuentra a una de las especies más valoradas en la reserva. Se trata de la ballena franca austral, actualmente en peligro de extinción. Este mamífero marino se aproxima a las orillas entre los meses de junio y diciembre con la finalidad de reproducirse. El espectáculo es maravilloso. Con mi cámara capté una foto en la que se observa el lomo moteado de blanco de una ballena macho saltando a través del océano para llamar la atención de una hembra. Una hermosa gaviota gris sobrevuela a la pareja y el mar resplandece de azul. Una imagen bellísima.
El mejor lugar para hospedarse, y creo que el único, es Puerto Madryn, situado a orillas del mar y muy cerca de una reserva de elefantes marinos. En esta urbe del sur del mundo está muy difundido el buceo como deporte y existen decenas de negocios donde alquilan el equipo necesario. Al comienzo es muy intimidante aventurarse a las profundidades ya que la cantidad de elefantes marinos, de tres toneladas de peso por lo menos, que rodean la entrada al mar atenúa un poco la emoción, sobretodo debido a los pequeños temblores que generan al desplazar su voluminoso ser, sin embargo, una vez en las profundidades, uno desearía tener a la mano una cámara acuática. En el fondo se aprecian cascos de embarcaciones destruidas, oxidadas y con corales adheridos, así como también tortugas, cangrejos, medusas y otras formas de vida. En total son 10 los parques submarinos existentes en Península Valdés y todos están a disposición del turista.
En la superficie se aprecia una gran cantidad de coquetos pingüinos y, adentrándose en el continente, manadas de guanacos se desplazan en los terrenos agrestes de amarillenta vegetación. En conclusión, la Península Valdés es un destino obligado en cualquier mes del año, sin embargo, si lo que se quiere es apreciar a la ballena en peligro de extinción, las semanas que quedan del año son la última oportunidad. El costo de estadía no excede los 350 dólares, lo que pone a este destino al alcance de muchos aventureros. Para cualquier amante de la naturaleza este Patrimonio Natural de la Humanidad es un paraíso por conocer que no los decepcionará.

