Hace unos días salí a comprar algo de comer y me topé con un amigo que no veía hacía un mes aproximadamente. Me detuve a saludarlo y nos interesamos por nuestras actividades en el último mes. De pronto sentimos un estruendo en el cielo y por reflejo nos encogimos de hombros agachando la cabeza. Supongo que no sólo a mi se me vino a la mente las aterradoras imágenes de septiembre del 2001 y el ataque a Las Torres Gemelas. Con alivio comprobamos que se trataba de un avión de defensa que seguramente haba superado la barrera del sonido generando ese estruendo aterrador.´
Gracias a ese caza nuestra conversación tomó un divertido giro y se prolongó por casi treinta minutos. Renzo me preguntó si me acordaba de los aviones Concorde y sus viajes supersónicos transportando pasajeros. Respondí afirmativamente y con una sonrisa muy sincera ya que soy un nostálgico empedernido. Recordamos juntos que era una clásica imagen de nuestra niñez soñar con viajar en uno de estos aviones y experimentar el vértigo de la velocidad al quebrar la barrera del sonido.
Los albores de la fabricación de estos aviones nos sitúan en la década de los años cincuenta cuando compañías aéreas francesas, inglesas, soviéticas y norteamericanas muestran interés en su construcción. Francia e Inglaterra finalmente despuntan en esta nueva ingeniería y por el alto costo de cada unidad aérea los gobiernos de ambos colaboran entre sí, gustosos además porque deseaban destronar a la aviación estadounidense que se encontraba ala vanguardia de los vuelos comerciales. Es así que durante la década de los sesenta los proyectos ya estaban muy avanzados y se empezó a fabricar el primer Concorde. Este ve la luz en 1969 realizando ese mismo año su primer vuelo de prueba sobre la ciudad de Toulouse durante aproximadamente treinta minutos. Sin embargo la velocidad supersónica fue alcanzada recién durante su segundo vuelo de prueba. Las pruebas continuaron hasta llegar a 1976, año en que el Concorde realiza su primer vuelo comercial cubriendo las rutas Londres-Bahrein y Paris-Río de Janeiro. Todo marchó bien por casi treinta años, sin embargo para el 2003 los mercados de vuelos comerciales habían cambiado y el Concorde fue retirado de circulación oficialmente. Los vuelos resultaban caros y el costo de mantenimiento por unidad igual. La fabricación ni se diga, sólo en 1977 ascendía a 46 millones de dólares. Todo esto sumado al accidente de uno de estos aviones en el 2000 terminó sentenciando la suerte de los Concorde que ahora se exhiben en distintos museos alrededor del mundo.
Y comentábamos con mi amigo que es una pena que estos aviones hayan sido retirados del mercado aunque llegamos a la conclusión de que teníamos más oportunidad de visitarlo en un museo que de hacer un vuelo en uno de ellos. Recuerdo que le dije que yo había tenido el Concorde entre las manos, Renzo me miró incrédulo y le aclaré que me refería a un disco de música que editó el instrumentista y director de orquesta francés Franck Pourcel en la década de los setenta. Es que fue todo un acontecimiento histórico la aparición en los cielos de esta aeronave y el estruendo que generaba al superar la barrera del sonido.

