
LA SAGA TERMINATORLa máquina que vino de la fiebre
A estas alturas es innegable la influencia de las películas de Cameron sobre Terminator no ya solo en el cine moderno sinó también en la cultura popular. Sería ciertamente difícil encontrar a alguien que no hay visto alguna de las (Actualmente) tres películas o incluso que sin haberlas visto no conozca la historia, algún momento o algunos de los ya míticos diálogos que Schwarzenegger soltaba a modo de metralleta en cualquiera de las dos primeras entregas. Y es que te guste o no, las películas de Terminator pertenecen a aquellas que trascienden las fronteras de lo puramente cinematográfico para mezclarse con la cultura popular y al igual que la música de Bruce Springsteen, ser un continuo manual de consulta para intentar comprender acontecimientos o comportamientos de las personas durante las dos últimas décadas (Aunque quede claro que cada uno en su estilo ya que mientras que uno vaticina la destrucción de la humanidad por parte de las máquinas, el otro reza la posible salvación individual frente a las adversidades que se te avecinan, esto último mucho más ampliado en su último disco, "The Rising", en contraposición a su etapa más pesimista de discos como "Born to Run" o "Darkness on the edge of town").
Cameron pertenece al olimpo de los pocos cineastas que han conseguido crear un mundo aparte en sus películas que la gente lo acepta como suyo, aunque luego las películas no todas desborden en calidad por sus fotogramas, pero sí que solo unos elegidos han sabido engañarnos para convencer a la humanidad que viven en otro mundo del que conocemos y nosotros lo creemos. Tan solo George Lucas y su saga galáctica, los hermanos Wachowski con sus andanzas por Matrix, o ahora también Peter Jackson, aunque no es mérito suyo puesto que él solo ha trasladado un mundo ya creado a la pantalla.
El mero hecho de ser capaz de tamaña empresa que ya aseguro yo que no es fácil, le hace ser digno de cómo mínimo, respeto y depende de cada uno, y sobretodo de él y sus capacidades como cineasta, de ganarse la admiración y el aplauso de no sólo el público mayoritario sino de sus colegas de profesión, o gente que como yo me dedico a escribirle un artículo sobre lo que ha sido capaz de aportar con su talento.
La idea de Terminator, surgió en un periodo en que Cameron estaba en Roma montando su “magnífico” debut como director, Piraña 2. en un estado febril tuvo la visión de una máquina emergiendo del fuego.
Cuando volvió a los Estados unidos, se puso a escribir el guión y se lo vendió a su ex-mujer, la productora Gale-Ann Hurd, quien conocía a Cameron de antiguos rodajes en los que el hoy ultraconocido director trabajaba como director artístico o se encargaba de los efectos especiales. La película nació con un presupuesto mínimo, y después de no pocos problemas, la vendieron a un estudio, que tenía intención de venderla como un producto de serie B.
Supongo que no hará falta recordar la historia original de Terminator, donde en el año 2.029 las máquinas dominan el planeta y los hombres han sido reducidos a esclavos, aunque hay una pequeña resistencia que lucha bajo el mando de John Connor, el líder absoluto. Las máquinas envían a un Terminator, un cyborg con aspecto humano al año 1984 para destruir a la madre de John Connor que aún no ha sido concebido. La resistencia ha enviado a un guerrero para protegerla, y de la lucha de esos dos personajes y de la aceptación por parte de Sarah Connor del destino que lleva encima trata la película.
Para los papeles principales, Cameron escogió a Linda Hamilton para el papel de “la madre del futuro” y a un actor de carácter como Michael Biehn para dar vida al guerrero Kyle Reese que viaja en el tiempo para salvarla. Es una pena que Biehn no hay sabido encauzar su carrera puesto que la oportunidad que le brindó el primer Terminator, no ha hacho que encasillarle y ser recordado casi exclusivamente por ese papel a pesar que ha demostrado algunas veces su solvencia como intérprete. En contraposición a ellos, Cameron se decidió por Arnold Schwarzenegger para que encarnara a la máquina asesina. Schwarzenegger estaba empezando a subir como la espuma gracias a sus trabajos en las dos películas de Conan y Cameron aprovechó su creciente fama para tener un nombre importante en el cartel además de sacarle el mayor jugo posible a su capacidad interpretativa. Cameron moldeó a Schwarzenegger basando su actuación en el movimiento corporal y la casi total inexpresividad que un Terminator debía poseer otorgándole el actor la carga amenazante y terrorífica necesaria para el personaje. Así pues, con diálogos que no sobrepasan las dos palabras y con el rostro ausente de cualquier emoción unido a los movimientos físicos casi mecánicos que realiza el actor, Schwarzenegger otorga una presencia y una intranquilidad en el espectador cada vez que aparece en pantalla.
Lo cierto es que este estilo funcionó bastante bien puesto que la película batió records y sorprendió al propio estudio quien hicieron una segunda campaña promocionándola mucho más lo que la llevó a convertirse en un fenómeno social allá por el año 1984. La gente no había visto hasta entonces una película donde se explicara esa clase de destino a la humanidad ni se habían imaginado que una máquina perfecta de matar pudiera mezclarse con la gente, ya que de hecho la saga galáctica es mucho más light en ese sentido, te cuenta otro tipo de historia, mientras que Cameron se decanta más hacia un relato de terror puro casi unido a gotas de ciencia-ficción, pero que no son tantas como la gente se empeña en señalar puesto que aparte de la secuencia que nos muestra el futuro y la lucha que se establece allí, el resto es una road movie en el sentido más clásico de la palabra con la única diferencia que es una máquina lo que persigue a los protagonistas, y en ese sentido se podría emparejar a la ópera prima de Spielberg, El diablo sobre ruedas al ser un perseguidor sin cara ni nombre el que te acerca el peligro, puesto que aunque veamos la cara de Schwarzenegger, el Terminator no tiene cara, ni nombre, de ahí lo terrorífico de la situación, sabiendo además que no se detendrá hasta cumplir con su objetivo. Sus efectos especiales fueron sin duda alguna parte del éxito, no solo aquellos mecánicos en los que vemos al endoesqueleto perseguir a la pareja por la fábrica, sino los de maquillaje que dejan entrever la máquina que hay debajo de la piel del Terminator. Quizás hoy puedan parecer un poco obsoletos, pero sin duda alguna no es cierto puesto que siguen conservando su encanto y en aquella época era lo más puntero que podía verse, siendo esa “caducidad” predestinada que pasa a todas las películas con efectos especiales después de tres años ya que el sector se renueva por completo y siempre quedan atrás superados por el más difícil todavía, de lo más entrañable de la película, que el propio Cameron definía como “Cine tecnológico negro”. Así mismo, para querer mostrar este peculiar nacimiento del género, Cameron se escudó mucho en la fotografía de Adam Greenberg, que sería nominado al oscar por la misma categoría en la secuela. Greenberg filmó al terminator desde ángulos bajos para dar una imagen todavía más inquietante e imponente. Así mismo, intentó lograr un look muy frío con multitud de sombras, una fuerte luz negra que potenciara el contraste duro que se aprecia al ver la película.
Para el recuerdo, secuencias como la del asalto del terminator a la comisaría de policía con más de treinta policías dentro justo después de nombrar la mítica: “Volveré” a un guardia, o el ataque en la discoteca, que quizás para gente más quisquillosa o tan solo con ganas de conocer una época no deja de ser divertido observar el look ochentero de la gente sin poder evitar soltar una carcajada. Por suerte la película se eleva por encima de esta anécdota sin importancia llegando hasta donde prácticamente todo el mundo conoce.
La primera parte de terminator lanzó al estrellato convirtiendo a Schwarzenegger en lo que intenta volver a ser rodando ahora la tercera parte y lanzando a Cameron al desenfreno de su megalomanía creyéndose el rey del mundo en lo que a dirigir cine se refiere (hay que reconocer que las veces que lo ha hecho bien, lo ha hecho muy bien).
Después del exitazo que supuso el primer Terminator, la gente y sobretodo el estudio presionaban a Cameron para que realizara una secuela. El mayor problema era como hacer que volviera Schwarzenegger que moría al final de la primera entrega, pero sobretodo era como adaptarlo a la visón que se tenía entonces de él. En el año 1990, el actor es sin duda alguna una de las más grandes superestrellas que el cine americano posee, gustando además de dar una imagen de buena persona y estupendo padre de familia norteamericano en el que fijarse los niños y al que emular los padres. Consciente de su imagen extra-cinematográfica, Schwarzenegger se piensa mucho el volver a interpretar a la máquina a pesar de deberle todo lo que es en ese momento. De este modo, Cameron idea un argumento nuevo en el que será el bueno de la película. De este modo y con el mayor sueldo pagado hasta entonces a un actor, se da luz verde para en el que en su momento fue el proyecto más caro de la historia del cine. (Es muy curioso que un director como James Cameron “ostente” este honor en dos de sus películas, cosa que dice mucho sobre su manera de trabajar y entender el cine).
En esta ocasión, las máquinas envían a un nuevo modelo, un sofisticado T.1000 que es capaz de adoptar cualquier forma, para que mate al propio John Connor cuando aún es un niño de diez años. Mientras, el propio John, envía a un modelo idéntico que el enviado diez años atrás por las máquinas para protegerle.
Desde que dejamos a los personajes en la primera película, ha habido cambios drásticos en sus destinos. John, es un chico rebelde y borde que vive con sus padres de adopción y que odia a su verdadera madre, a la que cree loca de remate sin llegar a aceptar nunca su destino real. Por otra parte, Sarah Connor vive obsesionada con la guerra y el futuro y ahora es una guerrera, ya no es la inocente Sarah que abandonamos diez años atrás, ahora es una soldado entrenada y capacitada para enseñar a su hijo y que se encuentra recluida en un hospital mental debido a un atentado que provocó en el pasado intentando destruir los chips que sobrevivieron del primer terminator y que son los que provocarán la revolución de las máquinas y el inicio de la guerra en lo que se conoce como el día del juicio.
Así pues, durante el extenso metraje de Terminator 2, la lucha entre los dos terminators por la cabeza de John, y su relación con su madre entendiendo que todo era cierto y la lucha de Sarah por olvidarse de querer cambiar el mundo y dedicarse a su hijo es lo que centra la trama. Además de eso, la única novedad argumental que encontramos a nivel general es la relación que se establece entre John y su propio terminator. Connor le intentará enseñar al cyborg a no matar y a mostrar emociones convirtiéndose en su amigo, siendo quizás la peor parte de toda la película por destilar un tufillo moralista que seguro que iba implícito en el contrato de Schwarzenegger para así no defraudar a sus fans. No obstante, en esa parte que es la que quizás sea más larga y anodina, Sarah Connor hace una de las mejores reflexiones de toda la historia del mundo de Terminator al comprobar que de todos los hombres que había conocido y con los que había estado solo la máquina “humana” sería la que nunca le abandonaría y siempre tendría tiempo para estar con él. Es curiosa esta reflexión al encerrar no pocos mensajes filosóficos, quizás no de muchas corrientes de sobras conocidos por aquellos que hayan estudiado filosofía, pero sí que es filosofía al fin y al cabo, el preguntarse, porque somos nosotros los que creamos las máquinas que destruimos, y porque esas máquinas que destruimos son las únicas que pueden ayudarnos. Incluso que una máquina más primitiva como el T800, acabe venciendo al T1000, el arma más mortífera inventada, no deja de tener su miga aportando la pregunta y la duda de si nosotros creamos a nuestro enemigo, también el enemigo se destruye él mismo (los dos Terminators enfrentados, del mismo modo que la película de inminente estreno) o realmente si se podrá cambiar algo eliminando a las máquinas, puesto que está en nuestro destino el destruirnos a nosotros mismos.
La verdad es que Cameron encierra más mensaje del que parece y lo que sí demuestra es una gran entereza y respeto por lo que ha creado y a quien va dirigido. Él conoce mucho mejor que nadie el mundo que ha creado, pero también es cierto que los miles de fans que la serie ha generado han estudiado ese futuro como el prácticamente posible para la humanidad si seguimos así. Por ello Cameron camina con respeto por los temas que aborda, son suyos pero sabe a la legión que tiene detrás. Al fin y al cabo, él mismo se plantea esas cosas y las plasma en la película. ¿Seremos capaces de aprender de las máquinas? ¿Y nosotros de ellas?¿Son realmente necesarias las máquinas?. El intentar responder a todo eso solo te lleva a un estado de incomprensión total a no poder descifrar las respuestas pero sobretodo el ser consciente de preguntarte todo eso viendo una película de Schwarzenegger, demasiado duro, por eso quizás la gente la tache de pretenciosa y demás adjetivos que recibieron en su día Star Wars o Matrix (antes que me pegue nadie, la primera entrega).
En esta segunda parte, Cameron cuida mucho más todos los detalles llegando incluso a momentos sublimes para explicar cosas de la historia de los terminators que se relacionan en ambas partes, como la primera vez que Sarah se encuentra con el terminator, confundiéndolo con el “malo” al tener el mismo aspecto que el de la primera película. Los actores realizan un trabajo bastante notable, sobretodo en lo referente a Robert Patrick y su caracterización del villano, mucho más creíble su inexpresividad que la de Arnold en la primera película. El cambio efectuado tanto físicamente como psicológicamente para encarnar a Sarah en esta entrega es absolutamente magistral, convirtiendo la víctima acechada del primer terminator, en una terminator humana en esta segunda. Por su parte, Edward furlong otorga esa chulería infantil simpaticona a su joven John Connor, y quizás la peor parte se la lleva Schwarzenegger intentando interpretar a una máquina que intenta ser humana. A pesar de todo eso, el mayor acierto a pesar de los impresionantes efectos especiales (Again) de la película que en su momento constituyeron un hito y que aún hoy en día son de aplauso, la palma se la lleva Cameron que le da a la película un brío y un pulso como pocos directores pueden darle a las cintas de acción.
Después del primer Terminator, Cameron se convirtió en un maestro de este tipo de cine con cintas como Aliens (Aliens, 1986) o Abyss (The abyss, 1989), y eso se nota en T2. Muy pocos directores consiguen estar a su altura en lo que a ritmo y secuencias de acción se refiere. Las persecuciones del camión a la moto al principio de Terminator 2 o al final junto con el helicóptero hasta la entrada de la fábrica, constituyen de lo mejor en cuanto a secuencias de acción rodadas jamás. Además de eso, Cameron demuestra coherencia, y eso siempre se agradece, al no engañar a nadie con lo que hace y como lo filma, sin trampas ni artificios, como demostrará en la posterior y para quien esto escribe quizás su mejor película, Mentiras arriesgadas (True lies, 1994).
La diferencia más abismal entre las dos películas es el cambio de tono de la primera a la segunda entrega. Si Terminator estaba planteada como una película de serie B cercana al terror con un pesimismo adyacente a todo el mensaje que se extraía del film, la secuela está concebida, como afirmaba el propio director, como un western que deja la puerta abierta al final al optimismo de ser nosotros mismos los que tenemos el nuestro destino en nuestras manos, que no está escrito y que de nosotros depende como evolucione. Sin duda alguna ese cambio también vino dado por la presión de la grandiosidad de la explotación de la película, la cantidad de dinero invertido en ella y la necesidad de abarcar una mayor cantidad de público posible.
Como conclusión, quizás la saga y la historia de Terminator no las conviertan en las mejores películas de la historia, pero son mucho más que productos dignos y sin duda alguna infravalorados que proceden de la mente de un creador y una autor que dispone de los mayores medios posibles, y que quizás sea un megalómano y un pedante, como Lars Von Trier, pero eso no justifique que son buenos directores (incluso el danés lo es a pesar que no me guste) y su cine responde a unas inquietudes morales y artísticas fuera de cualquier duda.
Esperamos que esta tercera entrega en la cual no sale su máximo artífice por ninguna parte, no sea una mancha que empañe los resultados obtenidos con la creación del fantástico universo de terminator. Hasta entonces...Volveré.


