La cita es en una finca situada en la carretera entre Soano e Isla. Junto al portón de entrada espera una de las chicas de producción. Por encima del muro sólo se ve una cuesta que sube hacia una casa. Allí arriba sólo hay camiones, catering, silencio... De pronto, carraspea un walkie talkie: «Paramos para comer». Los árboles situados a cien metros comienzan a escupir gente. Y por fin aparece Vigalondo. Ya estamos en el rodaje de 'Los cronocrímenes'.
Entre camiones atestados de cables, comida y aparejos, los cerca de medio centenar de personas que forman el equipo de rodaje se acercan a la casa, situada a escasos cien metros de donde se acaba de rodar la última escena, para descansar. Karra Elejalde y Bárbara Goenaga, los protagonistas de la película, están aquí, pero no a la vista.
Vigalondo, más relajado, no puede disimular la emoción de saber que está cumpliendo su sueño: rodar un largometraje escrito por él mismo y hacerlo en Cantabria. «No filmo aquí por una cuestión de nacionalismo ni nada de eso, sino por cercanía física con los lugares donde de niño soñaba con rodar mi película. Es una mezcla de capricho y convicción», explica el director de '7:35 de la mañana', cortometraje por el que fue nominado al Oscar.
Una vez elegida la zona, la odisea fue encontrar las localizaciones adecuadas. «Fue como hacer un sudoku samurai, una labor complicadísima», desveló el realizador, quien un día llegó a perderse por el monte mientras buscaba un escenario.
Durante siete semanas, Vigalondo convertirá el guión de 'Los cronocrímenes' en una realidad. 49 días de «vértigo continuo», reconoce. «Cada jornada es una especie de tabla de gimnasia imposible. Acabas molido física y mentalmente. Al final del día hay dos opciones: sabes que lo has hecho mal o no sabes si lo has hecho mal. Te acuestas con esa sensación de incertidumbre», señala.
De momento, ya se han rodado las escenas en el bosque de Esles, que prometen ser algunas de las más emocionantes de la cinta. «Sí, allí hemos filmado una persecución, pero es muy difícil hablar de ello sin desvelar la trama de la película», apunta el realizador.
Lo que sí se conoce de la historia es que gira en torno a un hombre que da un salto atrás en el tiempo de una hora para reencontrarse consigo mismo. Del resto de la trama no se conocen más detalles, excepto que el reparto se reduce a cinco actores.
La momia rosa
Este secretismo es lógico, aunque ya son muchos los cibernautas que, sobre todo en el blog de la película, hacen sus cábalas sobre el filme. Y mucho se ha hablado de la aparición de una momia rosa. «Sí, sale en el guión y también en la película. ¿Hay algo más llamativo que una momia rosa?», dice Nacho. Este elemento es uno de los llamados a convertir 'Los cronocrímenes' en un filme de culto. «Bueno, si 'culto' significa minoritaria, yo prefiero que de mucho dinero y la vea mucha gente», explica el director de Cabezón de la Sal.
El salto del cortometraje al largo supone un cambio de 'chip' importante para cualquier director, pero Vigalondo estaba preparado gracias a un guión «pensado para ser rodado». «He sido realista, no he incluido un bombardeo de napal sobre la selva», dice riéndose. Aún así, es consciente de los gastos que supone un rodaje de estas características: «Por cada frase o idea escrita en el guión, muere un gatito en el mundo. Cada escena supone un gasto brutal de dinero y movimiento de personas. Por ejemplo, si escribes 'sangre', ya obligas a que venga de fuera un especialista en el tema y prepare la sangre».
El reparto de actores es uno de los puntos fuertes de esta ópera prima. A Elejalde y Goenaga les acompañan Candela Fernández, Jon Inciarte y el propio Vigalondo, que ha dejado sus escenas para las últimas semanas. «Todos estamos sometidos a una gran presión porque es una película muy física, no es de mesa y dos sillas. Estamos todos en continua tensión y movimiento», señala.
Vigalondo se despide con media hora por delante para relajarse antes de «volver a la batalla». Nos invita a volver en tres o cuatro semanas. Lo haremos.

