Un mesías del siglo XXI
Superman Returns ****
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Director: Bryan singer
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Intérpretes: Brandon Routh, Kevin spacey
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BSO: John Ottman/John Williams
Superman siempre ha tenido algo de Jesucristo. La idea del redentor moderno que llega a la Tierra para salvar a los hombres ya estaba presente en el filme de Richard Donner, protagonizado en 1978 por Christopher Reeve. En esa ocasión fue subrayada con las intervenciones de Marlon Brando, en el papel de Jor-El, padre de Superman: «La Humanidad necesita una luz que les guíe, por eso les envío a mi único hijo». Una declaración de intenciones que bien podría leerse en cualquier Evangelio.
En este 'Superman Returns', el director Bryan Singer traspasa la línea del simbolismo y regala al superhéroe un aura de salvador tan espiritual como física.
En una de las escenas más alegóricas de este retorno del Hombre de Acero, tras la secuencia cumbre de la acción, éste queda suspendido en el espacio, con la Tierra como telón de fondo, y en la misma posición que Jesucristo en la cruz. La culminación de un paralelismo que continuará hasta los títulos de crédito.
Pero en un siglo marcado por la perdida de la fe y abandono de la religión, Singer, no se olvida de sembrar la duda: ¿Necesita el mundo a Superman?
Si algo ha conseguido el cine de este realizador neoyorquino es rescatar un lenguaje maduro donde otros sólo ven trivialidad. Las adaptaciones de cómics a la gran pantalla, desgastadas y clónicas, dieron un giro radical con el estreno de 'X-Men'. Singer huyó del protagonismo de los efectismos de feria y dotó a sus personajes de una profundidad y un mundo interior marcado, generalmente, por una máxima: la soledad de los que son diferentes.
Los superhéroes, incluido Superman, ya no son sólo unos privilegiados con poderes que viven en un mundo idílico de lucha contra el mal. También son personas con problemas de adaptación y con poca destreza en las relaciones personales. Y el nuevo Clark Kent más que ningún otro.
Este 'Superman Returns' es más un homenaje que una revisión, secuela o remake. Desde los títulos de crédito iniciales hasta el respeto por la fanfarria orquestal de John Williams, pasando por la imitación que Brandon Routh se limita hacer de Christopher Reeve, el vuelo nocturno con Loise Lane (una desquiciada y desquiciante Kate Bosworth) y el excentricismo de los villanos (relativamente salvado por Kevin Spacey, bastante más comedido que su predecesor en el papel, Gene Hackman).
Singer consigue así en 'Superman Returns' un trabajo de idolatría con la factura de un estilo impecable, sólo enturbiado por el tufo a merengue, heredado de las películas originales, de la moralidad impoluta del héroe encarnada en la inocencia de Clark Kent.
Para los puristas de Superman, sin embargo, será más catastrófico el errático giro de guión que Singer se saca de la manga hacia el último tercio del metraje, introduciendo el primer y único quiebro con la línea oficial del resto de películas de la saga, que inevitablemente marcará las secuelas venideras.
En este 'Superman Returns', el director Bryan Singer traspasa la línea del simbolismo y regala al superhéroe un aura de salvador tan espiritual como física.
En una de las escenas más alegóricas de este retorno del Hombre de Acero, tras la secuencia cumbre de la acción, éste queda suspendido en el espacio, con la Tierra como telón de fondo, y en la misma posición que Jesucristo en la cruz. La culminación de un paralelismo que continuará hasta los títulos de crédito.
Pero en un siglo marcado por la perdida de la fe y abandono de la religión, Singer, no se olvida de sembrar la duda: ¿Necesita el mundo a Superman?
Si algo ha conseguido el cine de este realizador neoyorquino es rescatar un lenguaje maduro donde otros sólo ven trivialidad. Las adaptaciones de cómics a la gran pantalla, desgastadas y clónicas, dieron un giro radical con el estreno de 'X-Men'. Singer huyó del protagonismo de los efectismos de feria y dotó a sus personajes de una profundidad y un mundo interior marcado, generalmente, por una máxima: la soledad de los que son diferentes.
Los superhéroes, incluido Superman, ya no son sólo unos privilegiados con poderes que viven en un mundo idílico de lucha contra el mal. También son personas con problemas de adaptación y con poca destreza en las relaciones personales. Y el nuevo Clark Kent más que ningún otro.
Este 'Superman Returns' es más un homenaje que una revisión, secuela o remake. Desde los títulos de crédito iniciales hasta el respeto por la fanfarria orquestal de John Williams, pasando por la imitación que Brandon Routh se limita hacer de Christopher Reeve, el vuelo nocturno con Loise Lane (una desquiciada y desquiciante Kate Bosworth) y el excentricismo de los villanos (relativamente salvado por Kevin Spacey, bastante más comedido que su predecesor en el papel, Gene Hackman).
Singer consigue así en 'Superman Returns' un trabajo de idolatría con la factura de un estilo impecable, sólo enturbiado por el tufo a merengue, heredado de las películas originales, de la moralidad impoluta del héroe encarnada en la inocencia de Clark Kent.
Para los puristas de Superman, sin embargo, será más catastrófico el errático giro de guión que Singer se saca de la manga hacia el último tercio del metraje, introduciendo el primer y único quiebro con la línea oficial del resto de películas de la saga, que inevitablemente marcará las secuelas venideras.
Lo peor: ¿Era necesaria?
* Publicado originalmente en EL DIARIO MONTAÑÉS

