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EN PRIMERA FILA

... por Gonzalo Sellers

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27 Mayo 2006

TRILEROS DE VOCACIÓN

El código Da Vinci  ****

  • Director: Ron Howard

  • Intérpretes: Tom Hanks, Audrey Tautou

  • BSO: Hans Zimmer

 Parapetado tras una puesta en escena solemne, la partitura neo-religiosa de Hans Zimmer y unas cuantas salpicaduras de intriga mal entendida, el director Ron Howard no ha conseguido en 'El código Da Vinci' desvincularse de la mediocridad de la novela de Dan Brown. Ni siquiera su guionista, Akiva Goldsman, que tras 'El cliente' sólo ha firmado engendros como 'Yo robot' o 'Prácticamente magia', consigue oxigenar un texto quirurjicamente fiel al libro.

El realizador de 'Cinderella man' actúa aquí de improvisado trilero, haciéndonos creer que bajo el cubilete (ese telón morboso tejido por extremistas de uno y otro signo) se esconde una película con empaque y ajena al circo mediático. El resultado, como el juego, nos convierte en víctimas de un timo. El director ha perdido esa fuerza visual que derrochó en 'Apolo 13', y comete en 'El código...' los mismos errores que en 'Una mente maravillosa'. El origen es siempre el mismo: el problema prehistórico de las pretensiones incumplidas.

Alfred Hitchcock creó el McGuffin como excusa argumental que permitía arrancar la acción y poner en movimiento a los personajes. Una vez cumplido su objetivo, quedaba relegado a un segundo, tercer o cuarto plano, hasta tener una importancia mínima en el desenlace. En 'El código...' el McGuffin lo es todo, condenando a los personajes y sus motivaciones a peregrinar por la inercia narrativa.

Y es que tanto Tom Hanks como Audrey Tautou deambulan por las escenas como maniquíes previsibles, caricaturas grotescas cuyo único objetivo es humanizar, sin conseguirlo, el artificio de un guión engañoso. En un despropósito más de este juego sibilino, el realizador, emulando a Dan Brown, incide en una falsa profundidad de los personajes (Robert Langdon y su claustrofobia, Sophie Neveu y su tragedia familiar).

Mención aparte merece la interpretación que Paul Bettany hace de Silas, el monje albino con síndrome de asesino en serie. El actor inglés, que en 'Dogville' y 'Master and Commander' demostró su excelencia, se enfanga aquí en una interpretación histriónica y desnaturalizada. Ian McKellen, por el contrario, aporta matices interesantes a un personaje sin credibilidad argumental.

En un capítulo más de cómo crear un subproducto con aires de grandeza, Howard inunda el excesivo metraje con flash backs irritantes, cuyo ejemplo más clamoroso es el de la secuencia en el hangar del aeropuerto de Londres. Una laguna de guión jamás se puede solucionar con un montaje explicativo.

Reducida a unas pocas decenas de copias y pisoteada por los fuegos de artificio de 'El código Da Vinci', se esconde en unas pocas salas la verdadera película transgresora de la temporada: 'Hard Candy', un filme desgarrador y ateo que no cree en la falsa divinidad del marketing.

Lo mejor: Ian McKellen, el museo del Louvre.

Lo peor: Los actores protagonistas y, en general, toda la película.

* Publicado originalmente en EL DIARIO MONTAÑÉS













servido por gonzalo 1 comentario

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Humm... No la he visto, pero tal y como la pones, da miedo. De todos modos, eres un blogger de extremos ¿no? O es la película de tu vida o de tu muerte...

lo dijo farandwell · 30 Mayo 2006 | 12:54





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