El golpe que se quedó en caricia
Syriana ****
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Director: Stephen Gaghan
Intérpretes: Matt Damon, George Clooney...
BSO: Alexandre Desplat
En el año más político del cine estadounidense, Stephen Gaghan se suma a la denuncia política y social que comenzaron 'Crash', 'Buenas noches y buenas suerte' y el resto de oscarizadas. En 'Syriana', el director retrata y dibuja las cloacas del negocio petrolífero a través de cuatro miradas: empresarios, terroristas, espías y analistas financieros. Para ello, se sirve de una estética y un armazón ya utilizados por Steven Soderbergh en 'Traffic', cuyo guión era del propio Gaghan.
Las tramas cruzadas, un montaje sin desaliento y la sobriedad interpretativa son los pilares de este docu-film, un meritorio intento por mostrar la dominación de un poder establecido (y oculto), ya sea la política imperialista de EEUU, las religiones extremistas o la corrupción empresarial. Porque estos tres protagonistas, hijos del mismo padre, son los verdaderos villanos de la película y del mundo real.
Sin embargo, Gaghan, en su intento por contener emociones y buscar la objetividad, se convierte en un ser ajeno a su creación, provocando que las historias, sin excepción, pequen de frialdad. Los personajes asumen los hechos con una vehemencia abrumadora (aunque sea la muerte de un familiar), sin pestañear, maldecir o preguntarse los porqués. Esta tibieza reflexiva se adueña también de Gaghan. Si bien no se le puede reprochar la frescura en mostrar y desvelar, cojea en la resolución con una denuncia demasiado velada.
La comparación es odiosa. El espectador ve 'Crash' y 'Syriana' y sale del cine, en ambos casos, pensando en la película. Con la primera se indigna por la corriente racista que golpea a esta sociedad, se lamenta y, los más optimistas, creen ver esperanza con las primeras nieves. Con 'Syriana' se asume que 'esas cosas pasan' y 'así está montado el mundo'. Ninguna de las dos cuenta algo nuevo, pero la primera golpea y la segunda sólo acaricia. Y esa diferencia duele.
Lo mejor: Las interpretaciones, el guión, su voluntad de denuncia a EEUU
Lo peor: Un montaje a veces deslavazado, sobriedad no significa frialdad... la denuncia se convierte en mera presentación de hechos

