El pasado sábado, aparecía en el país un artículo estupendo de Eduardo Mendoza, en el que hablaba de lo absurdo que es elegir el libro que nos llevaríamos a una isla desierta. Elegir nuestra canción favorita como la mejor canción de todos los tiempos, desde el punto de vista de la música también es algo absurdo. Porque una sola canción no pinta nada. Es como si a un general le ordenaran presentar batalla con un solo soldado, aunque fuera el más aguerrido. Las canciones, como los soldados, funcionan no ya en número, sino a mogollón. Escuchar y comprender la música significa haber haber escuchado mucho y variado. Algunos canciones o piezas rematadamente malas ocupan un lugar importante en el corazón de cualquier persona, sea amante de la música o no. Una canción es una pieza encuadrada en un género, en un estilo, en una época. Una gota de agua en el mar.
Sin embargo hay canciones que merecen ser destacadas por lo que pudieron suponer para la música. Puntos de inflexión de estilos, que han creado tendencias, y han sido fuentes que han brotado de donde antes no había nada, y en las que infinitos autores han bebido. Hoy os regalo una de ellas: Life by the drop, de Stevie Ray Vaughan. Si a este buen señor, no se le hubiera ocurrido fusionar rock y blues, de una forma tan explosiva y bonita, metiendo el fa sostenido, pues a lo mejor Fito y los Fitipaldis (por poner un ejemplo) serían una cosa bastante distinta. Curiosa además la biografia de este virtuoso de la Stratocaster. Cuando consiguió superar una tremenda adicción a las drogas, cogió y se pegó un leñazo en un helicoptero en el año 90. Fue una putada grande, entre otras cosas por que pensaba venir a los conciertos de Leyendas de la guitarra de la pre-expo en Sevilla. Es lo que tiene ser estrella del rock.
Bueno, como a mi me encanta hacer argumentos circulares, y volver al punto de partida, ahora os dejo con mi canción favorita (!):
Lo es desde los 17 años. Y por motivos personales: descubrí la distorsión, tenía un marshall de valvulas, en fin, sensaciones irrepetibles. Y la letra me llegó muy adentro entonces y ahora.

