Esta 25 edición del Festival nos trae recuerdos de cuando se montó en Troia, pero ahora y desde hace tiempo es en Setúbal. Muchas, muchas películas donde destaca el gran trabajo de Fernanda Da Silva. Muchas secciones oficiales con predominio de la grande con premios a las primeras obras, películas independientes norteamericanas y la sección hombre y naturaleza. Homenajes por ejemplo a Michael Madsen.

Todas estas películas son el resultado de las nuevas tecnologías por lo cual cualquiera puede hacer una película por unos minutitos de gloria en un festival cuya presentación será en un festival porque jamás se estrenará en un cine. Pero eso ocurre aquí, en Locarno, en Berlín, en Venecia, en cualquier festival que vive de espaldas a la realidad. Lo más triste que se puede decir y con dolor de Festroia es sobre el esfuerzo de montones de películas en ciclos coherentes que no los ve nadie en los cines. Lo que supone una asistencia mínima. Lisboa está a 35 kilómetros por autopista de Setúbal. Barcelona está más lejos de Sitges y aún así la gente va en masa a ver este festival.




Pasamos a una especie de resumen de este triste festival donde hasta se ha desvirtuado el tipo de cine a poner en Piazza Grande y, si bien es aceptable una restrospectiva MANGA incluyendo series de televisión, no es aceptable tanta película de animación japonesa a concurso o a la Piazza, por ejemplo un
Continua Locarno, y su director Frédérick Maire va a cerrar este Festival como el último antes de dedicarse a dirigir la cinemateca suiza, lo que le ha servido para viajar gratis gracias al herario público suizo e instituciones privadas. Ha podido ir hasta a China para traer un esperpento de película o hacer una enorme retrospectiva manga incluyendo producciones de televisión que a la hora de la verdad ha tenido poco público.
62 años de Locarno, y como es lógico tormentas de agua alucinantes. ¿Por qué doy este dato meterologico? Porque la seña de identidad más clara de este festival son las sesiones en la llamada Piazza Grande -que, como digo simpre es una calle ancha- y, claro, es al aire libre: incómodas sillas, unas 7.000 personas que corren... Porque cuando aquí llueve ni Gene Kelly podría bailar. Esto está en la orilla de un lago y en medio de montes incluyendo el gran Sasso.
Por otra parte, este año las películas de la Piazza Grande son muy flojas. Es como si el director del festival supiera que la plaza se llena ponga lo que ponga, y como él se va a dirigir la cinemateca de por aquí, y como la inmensa mayoría de público y crítica es suiza, es como si quisiera quedar bien como experto con todos ellos con la Sección Oficial y una gran retrospectiva MANGA que incluye hasta las produciciones para televisión y que, a veces, hacen añorar el cine de Walt Disney. En esa plaza, un horror increíble: Los últimos días de la humanidad, en coproducción con España, un puro disparate sin gracia y sin nada.
En la Sección Oficial, una buena película rusa: Buben. Baraban, de Aleksei Mizgiryov.
La otra sección que es la de las películas que se ponen en la Piazza Grande. La tal plaza en realidad es una calle ancha, más estrecha que La Castellana de Madrid. Pero Suiza es así: en Locarno tienen el Lago Mayor, que la inmensa mayoría es italiana. Y si no recuerdan la frase de Orson Welles sobre Suiza. La grandeza de la Piazza Grande al aire libre es que reúne todos los días a 7.000 personas. Si se imaginan lo que es una comedia con 7.000 carcajadas, con un grito de terror de una peli de miedo, o verles correr cuando empieza a llover, ya que por término medio, en todos los festivales hay 4 ó 5 noches de tormenta. En esta Plaza, muy incómoda, el público ha premiado películas como Un funeral de muerte o La vida de los otros; es decir, ahí ponen películas que sí se estrenarán.
