Festival Internacional de Cine de Gijón (1ª parte)

49ª Festival de Cine de Gijón. Qué lejano está el comienzo, cuando era cine infantil y llegó a un prestigio internacional. El cine ha cambiado, o el ir al cine, que ya no se va. Ahora, Gijón también ha llegado a una gran altura con su apuesta por el cine independiente. De momento, películas malas, absurdas, y películas buenas. Entre las primeras, es decir, las malas, una película sueca, Play, o The Future, es decir, de estas, ni hablar. Francamente bien, fuera de concurso, L’Apollonide. Es una historia en finales del XIX principios del XX que nos muestra maravillosamente un burdel elegante en París. Está todo: las amistades, el médico, el cliente aberrado, la madame tirana… Maravillosa. Sin embargo, no nos hace olvidar que el maestro Tinto Brass lo hizo mucho mejor con Paprika.

Entre las buenas, las estupendas, las que merecerían que las viera todo el mundo porque es otro cine muy bien hecho, es la película belga Los gigantes, una historia que nos narra en plan tragedia tres personajes, tres niños o tres jóvenes, uno de 13 y dos de 15 años. Su madre ha abandonado a dos, hermanos. Se une un tercero. Viven en una casa de su abuelo muerto, en medio del campo. Es su vida en un instante, en una lucha por sobrevivir, en un dibujo perfecto de los personajes, con la tragedia, con la gente mala que les rodea o la gente buena. Incluso, una cierta esperanza final.

La otra buena película es La guerra se ha declarado, un matrimonio que tiene un hijo y se descubre a los dos años que tiene un tumor cerebral. ¡Hombre, no es para ir a disfrutar viéndola! Pero relata minuciosamente toda la tragedia de los padres, su historia de amor y sus puntos casi corales con la familia. Es esa lucha lo que va a narrar muy bien la película. Lo que digo, no es para pasarlo divertido ver a un niño con cáncer. Se podría decir como resumen que, de momento, no va mal esto.