Balance muy flojo en el ecuador del Festival de Locarno

El 63 Festival de Locarno es un festival conocidísimo… ¡En Suiza!

Hay nuevo director, cuyo bagaje para llegar aquí es haber sido el segundo de a bordo del gran director de la Quincena de los Realizadores de Cannes.

Locarno tiene dos líneas muy claras. Una el concurso internacional y las secciones de cine a nivel amateur de todo tipo de género con abundancia de óperas primas y, como en cualquier otro festival, películas que jamas saldrán a los cines comerciales.

La otra línea, la más famosa, son las proyecciones nocturnas en la Piazza Grande que, con un promedio de asistencia siempre sobre las 7.000 personas, este año lo normal es mucho menos, incluso sesiones con 3.000 personas. Sólo ha pasado de las 7.000 es con “Hugo Koblet”, por el famoso ciclista suizo, y por una bobada americana llamada “Cyrus”. Es decir, la Plaza Granda es el sano pueblo y esto debe molestar al director porque se ha alejado de la línea que dejó Marco Muller.

Pocas películas interesantes en el concurso internacional y podíamos decir dos, que no se estrenarán pero que correrán por los festivales de cine de nuestro país.

Una es “White white World”, película serbia que se ha visto en Locarno en estreno mundial y que tiene la estructura musical de la ópera de cuatro perras.

La otra película interesante es “Morgen”, también ópera prima y premiere mundial, que, con una gran imaginación, muestra los problemas de la inmigración ilegal en un pueblecito en la forntera entre Rumanía y Hungría.

En resumen. Casi a la mitad del festival el balance es muy flojo.