LA CARADURA DE LOS MAESTROS

Luchino Visconti es uno de los grandes del cine, de verdad. Da igual LA TERRA TREMA, que MUERTE EN VENECIA, con toda una vida entre ambas obras maestras, películas que se pueden ver dos, tres, cuatro veces. Y siempre fascinan.

EL GATOPARDO es de las que su visión deja con la boca abierta. Maravilla entre maravillas. Dentro de esa historia de una decadencia y una convulsión política, en la que hay que cambiarlo todo, para que todo siga igual, la secuencia del baile final, es para verla una y mil veces, y asombrarse. Como esta construido, la ambientación, el vestuario, los intérpretes, todo, todo.

Pues bien, los caballeros llevan sombrero de copa y los militares sus gorros. Al llegar el baile, dejan a los criados, abrigos, bufandas, capotas, pero no el sombrero. Hay muchos planos en los que deambulan con el sombrero en la mano y uno se pregunta ¿Cómo bailaran? Ningún problema para Visconti. En un momento, todos con el sombrero en la mano, de pronto, como por arte de magia han desaparecido y así ¡A bailar!