Fernando Rovzar:
En horabuena, el cine mexicano aún no registra ese triste y lamentable fenómeno natural que sacudió las entrañas del valle de México. Quien escribe estas palabras estuvo presente, ese día jueves muy de mañana, de 34 años de edad, lleno de fortaleza, justo me encontraba en la esquina que forma el eje Manuel Gonzáles y Reforma (calzada de Guadalupe), llamada la famosa glorieta de Peralvillo.
Justo cuando terminó el sismo el cual se me hizo interminable, y escuché un ruido muy fuerte al mismo tiempo que se cimbraba el suelo y salía hacia Reforma una gran nube de polvo, al pasar frente al edificio colapsado, no podía crer lo que veía, , boté un portafolios que traía y me interné entre los restos del edificio, empezó a llegar gente de todas partes y como tu servidor había sido alpinista cuano estudiante en el politécnico, se me ocurrió pedir sábanas, colchas y cuerdas a los vecinos para desalojar a la gente del edificio que había quedado como acordeón, escalando hasta los restos de las ventanas y empezando a evacuar a la gente herida por medio de rapeles hasta la parte baja y segura.
Tu servidor cree que el anonimato fortalece el espíritu y que la filosofía de la vida exige, actuar haciendo el bien a los demás sin pedir nada a cambio (Filantropía), a partir del terremoto se diéron una serie de festejos y reconocimientos que por lo mismo no acepté.
Nadamás quiero decirte que a las dos horas de haber transcurrido el sismo, recuerdo que un ingeniero maduro de edad, ya retirado, cuyo nombre no recuerdo, llegó con unos planos del edificio contiguo, similar al Nuevo León, y noe pusimos a estudiarlos,desde el punto de vista de ingenieria estructural, la forma en que habían quedad los tres módulos de dicho edificio, uno derrumbado colapsado al frente como acordeón, otro en pie pero dañado en su estructura que lo inestabilizaba y un tercero que colapsó por falla estructural en sus columnas, quedando losa sobre losa (tipo sandwich), y fué entonces cuando decidimos, cómo rescatar a los sobrevivientes pensando que habían en forma natural por el miedo-corrido hacia las escaleras, y diseñamos los frentes de ataque por medio de los túneles, rescatando a varios seres humanos como registran los documentales y revistas y periódicos de la época.
Como olvidar esa tarde de domingo en que Plácido Domingo, subió cubriendo su boca con un paliacate rojo a agradecernos el esfuerzo sobrehumano que nuestra juventud y nuestro ímpetu angelical nos obligaba moralmente a trabajar para rescatar más y más gente herida, o por el otro lado la parte triste, cómo olvidar que llegó un destacamento de militares a observarnos de los edificios contiguos con binoculares por aquéllo que denominaron el plan antirrapiña, sin meter los primero tres días una sola mano, pero sí deteniendo a quien se atrevía a llevarse a sus bolsillos alguna prenda que aparecía entre los escombros, objetos que obviamente nunca supimos a dónde fueron a parar.
O aquél momento tan maravilloso libre de toda homofobia y con un alto contenido humano en que jóvenes homosexuales nos atendían en las tiendas de campaña mopntadas sobre el mismo paseo de la reforma, lavándonos las manos con mucha ternura y sirviéndonos la comida ó habilitarnos un camastro para recuperar las fuerzas perdidas y después de un par de horas continuar en las arduas y humanitarias labores de rescate.
Si en algo pueden servir después de las experiencias vividas, me pongo en forma muy humilde a tus órdenes, por que creo que el esfuerzo que estas haciendo vale la pena, para que las nuevas generaciones tomen conocimiento y se sensibilicen sobre lo que signnifica vivir sobre una zona altamente sísmica.
Atentamente
Topo anónimo
lo dijo
Ing. Ignacio Guerrero Hernández
· 31 Julio 2009 | 01:04 AM