Ha muerto uno de los grandes del cine mexicano. El productor de películas como El crimen del padre Amaro, Alfredo Ripstein falleció la noche del sábado víctima de un paro respiratorio.
Hijo de un comerciante de origen polaco, llegó a la ciudad de México a la edad de cinco años. A pesar de su confesada poca vocación por el estudio, terminó la carrera de contador público y, en calidad de tal, a finales de los años 30 comenzó a trabajar en la Financiera Industrial Cinematográfica de Simon Wishnack. Ocho años y casi 50 filmes después, decidió independizarse y fundar su propia compañía, Alameda Films SA, para la que trabajaron estrellas como Pedro Infante, Marga López, Joaquín Pardavé o Arturo de Córdova, y directores como Alejandro Galindo, Alfredo B. Crevenna, Chano Urueta, Fernando Méndez, Miguel M. Delgado, Rogelio A. González, Luis Alcoriza, Sergio Véjar Alberto Gout y, más adelante, Alberto Isaac, Jorge Fons, Carlos Carrera y Arturo Ripstein (hijo del productor). Sin contar su trabajo anterior con realizadores como Julio Bracho, Rafael Baledón, Roberto Gavaldón, Julián Soler, Tito Davison, entre muchos otros.
Alejado del medio durante varios años a consecuencia de un grave accidente, Alfredo Ripstein regresó a la producción en 1993 para realizar filmes de renombre, como Principio y fin (de Luis Estrada), El callejón de los milagros (Jorge Fons) y El crimen del Pare Amaro.
Ripstein, que tiene registradas en la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas más de cien películas, se caracterizó por producir cintas cuyos textos fueran de reconocidos dramaturgos o escritores. El crimen del padre Amaro es una adaptación de la obra de Eça de Queirós, además de invertir en producciones basadas en textos de plumas como Gabriel García Márquez, Vicente Leñero, Jorge Ibargüengoitia y Naguib Mahfouz, entre otros.
Poco antes del mediodía de este domingo, los restos de don Alfredo fueron enterrados en el Panteón Israelita, lugar al que acudieron amigos cercanos a la familia.
DESCANSE EN PAZ
Con información de El Universa y La Jornada.




