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Isabelle Huppert reivindica su lucha por los papeles de mujeres fuertes en el cine

De una u otra manera, aunque el cine intente abrirse paso, el debate sobre la presencia de las mujeres en la industria audiovisual –y los abusos sexuales y de poder cometidos sobre muchas de ellas– está impregnando la edición número 68 de la Berlinale. Una muestra que en su sección oficial, curiosamente, ha dejado ya algunos iconos femeninos muy alejados de los roles tradicionales: es el caso de las protagonistas de la paraguaya «Las herederas», una pareja de lesbianas maduras que afrontan sus problemas financieros y la mirada acusadora de la sociedad, o de «Eva», el papel que trajo hasta la capital alemana a la actriz francesa Isabelle Huppert.

Después de abrir los ojos como platos, como si no esperase la pregunta en la rueda de prensa, Huppert se aproximaba al micrófono para apoyar el movimiento #MeToo, pero también para introducir un matiz interesante. Una diferencia entre las palabras y los hechos. «Todo lo que surge de ese movimiento lo acojo con mucha simpatía y esperanza, hace mucho tiempo que todo esto que se ha dicho tenía que decirse», afirmaba la protagonista de «La pianista». «Pero tengo que decir que, desde que hago cine, lo hago para hablar de las mujeres de una cierta manera. Por eso estoy muy contenta de que ciertas cosas se hayan dicho… de manera definitiva, espero».

Meses antes del «caso Weinstein», Huppert estuvo en el centro de un fuerte debate sobre el feminismo en el seno de la comunidad fílmica internacional. Su personaje en «Elle», que le valió hace un año una nominación al Oscar, hurde un maquiavélico plan para vengarse del hombre que ha abusado de ella, pero a la vez lo desea, y regresa una y otra vez a sus brazos. «Si pienso en similitudes entre ‘Elle’ y ‘Eva’, puedo encontrarlas», decía en Berlín. «Hay una cierta soledad en ambos personajes. Son muy inteligentes, nunca quieren que se las considere como víctimas, aparentemente tienen el control… Pero solo es eso, una apariencia. Detrás de la fachada hay algo más».

«Eva» es una nueva aproximación a la novela de James Hadley Chase, que ya fue llevada al cine en 1962 por Joseph Losey. En aquella cinta, la protagonista era Jeanne Moreau; en 2018, Huppert se pone a las órdenes del galo Benoît Jacquot por sexta vez. Le da la réplica Gaspard Ulliel, un dramaturgo de turbio pasado que intenta desentrañar los misterios que esconde esa mujer de tan bíblico y pecaminoso nombre. Durante la comparecencia ante los periodistas, Huppert definió a su personaje como alguien nada arquetípico: «Me sorprendió, después de leer el libro, lo moderno que era. Era mucho más sutil y complejo que la imagen que tenemos de la ‘femme fatale’».

El trabajo de los actores
La intérprete aseguró que no habló con prositutas para preparar el papel, y al hacerlo expuso su teoría de cómo, a su juicio, deben trabajar los actores. «No, no hice eso ni me inspiré en otras películas. Con Benoît y con el diseñador de vestuario intenté establecer su aspecto visual… Así es como se prepara un papel. Creo que actuar se basa muchísimo en pensar. Simplemente hay que pensar en el personaje. No investigué ni me basé en ningún otro personaje. Es una mujer muy atípica, muy práctica, misteriosa… y eso la convierte en alguien muy ambiguo», decía, para luego añadir que quiso construirla como alguien dividido, capaz de sentir emociones contrarias a la vez.

Benoît Jacquot, artífice de «Diario de una camarera» o «Adiós a la reina», confesó que el libro de Hadley fue, en el arranque de su adolescencia, el culpable de que se dedicara al cine. Que la historia se quedó con él durante décadas. Agradeció a Gaspard Ulliel y a Isabelle Huppert que quisieran hacer esta película, largamente acariciada por él, y que espera «que no sea la última, ya que fue la primera que quise hacer». Su actriz se dirigió a él con mucho cariño: «Benoît es un director que no filma mi cuerpo, filma mi alma&raquo
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Kim Ki-duk reconoce que abofeteó a una actriz y no se arrepiente «en absoluto»

El director surcoreano Kim Ki-duk ha reconocido que abofeteó a una actriz durante el rodaje de una película en 2013 y asumió su responsabilidad, pese a no lamentar el hecho «en absoluto» al sostener que estaban ensayando una escena.

Sus declaraciones, realizadas durante la presentación de su nueva película, «Human, Space, Time and Human» en la Berlinale, llegan en pleno debate del movimiento #MeToo. «Estábamos en el set y había mucha gente presente, pero no recuerdo que nadie del equipo objetara nada», aseguró Kim Ki-duk, quien admitió que la actriz, que lo demandó, «lo interpretó distinto» al resto.

Kim Ki-duk, que ya participó en anteriores ediciones del Festival de Berlín, en el que ganó el Oso de Plata en 2004, fue acusado por la actriz de haberla abofeteado, insultado y forzado con el fin de rodar una escena desnuda.

En cuanto al movimiento #MeToo, el cineasta surcoreano aseguró que el clima creado por la campaña «está ayudándonos a hacer progresos», aunque señaló que no está «de acuerdo completamente». La presentación de la película se produce después de que los responsables de la Berlinale anunciasen que habían descartado todos los filmes en los que hubiera participado algún cineasta que hubiera confesado abusos o agresiones.

Kim Ki-duk justificó además la violencia de sus filmes recordando que pertenecen a la ficción y admitió la influencia de las guerras de Corea, de las que su padre fue soldado veterano. Sobre el conflicto entre las dos Coreas, destacó el trabajo de reconciliación durante los Juegos Olímpicos de Invierno y ensalzó el papel del actual presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, al que calificó como «el mejor» para reconducir la situación
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Egeda rompe con Ramón Colom: «Ha perdido la representatividad del sector del cine»

«Tras la baja de la práctica totalidad de los productores de la FAPAE [Federación que aglutinaba a las asociaciones de producotres] y en consecuencia, de la pérdida de su representatividad» ante el sector, el Consejo de Administración de EGEDA, la entidad de derechos de autor de los productores audiovisuales, lamenta en un comunicado hecho público hoy la situación económica que denuncia Ramón Colom desde hace días en varios medios. Egeda ha decidido responder a Ramón Colom, presidente de FAPAE, después de las acusaciones vertidas en declaraciones a «El País» y «ABC», entre otros medios.

El comunicado recuerdan a Colom que «EGEDA es una entidad que defiende y apoya a los productores audiovisuales, cuya gestión de sus legítimos intereses es la única razón de su existencia». Frente a la situación creada bajo su presidencia, constatan que «ha apoyado a FAPAE desde su constitución, en todo momento, desde el año 1992, y bajo las diferentes presidencias que ha ostentado la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales, incluida la actual de Ramón Colom».

Sin consenso
Como apuntábamos, lamenta la situación económica actual que, «al parecer, le impide cumplir con sus compromisos, circunstancia a la que es por completo ajena» EGEDA. Y subraya que «ante la situación en la que se encuentra FAPAE, tras la baja de la práctica totalidad de sus asociaciones de productores, y, en consecuencia, de la pérdida de su representatividad, EGEDA no puede continuar apoyando una federación que no cuenta con el consenso mayoritario del sector».

Además, en el comunicado recuerda a Colom que le informaron «de forma fehaciente en julio de 2017» sobre «la imposibilidad de extender el acuerdo vigente entre EGEDA y FAPAE al año 2018». La entidad también deja claro que «se ha mantenido siempre al margen de la vida interna» de FAPAE, hasta el punto de no haber sido nunca socio, «ni miembro de su Junta Directiva, tampoco ha participado en sus procesos de toma de decisiones, habiéndose limitado a apoyar sus actividades anuales, como ha hecho con otras asociaciones e instituciones del sector audiovisual español», algo que EGEDA hace en cumplimiento de la ley y de sus fines propios.

«Seguiremos apoyando a los productores»
Por último, EGEDA afirma que «seguirá apoyando a las diferentes asociaciones de productores y a los productores audiovisuales en la gestión de sus derechos, y en toda la labor asistencial y promocional que tiene encomendada, con proyectos tan valiosos como los premios cinematográficos (Premios Platino, Premios Forqué), escuelas de cine, financiación a través de sistemas de garantías y otros proyectos», así como toda «la actividad ordinaria y en todas las demás promocionales y de respaldo e impulso a la producción audiovisual, con los mandatos recibidos de sus socios, y de acuerdo con los intereses de los productores audiovisuales&raquo
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«Black Panther»: Marvel hace caja y política con la discriminación racial

Black Panther

La fábrica de superhéroes de Marvel rescata a uno de sus personajes olvidados para dejar de lado el estigma de persona oprimida que busca su propia libertad («12 años de esclavitud») o el del típico «sabio negro», como el que Morgan Freeman interpretó en «Cadena perpetua». «Black Panther», el cómic, apareció por primera vez en las páginas de «Los 4 fantásticos» de la mano de Stan Lee y Jack Kirby. Era el año 1966. Sin embargo, Marvel lo ha guardado 50 años en sus cajones. ¿Por qué? «Los productores no se habían sentidos seguros con la idea de llevar a un superhéroe negro a la pantalla hasta ahora por miedo a que no fuese rentable», responde Michael B. Jordan a ABC, el encargado de dar vida al villano que hará que Black Panther se plantee qué tipo de rey quiere ser mientras compagina su rol de superhéroe: Killmonger.

«Teníamos miedo de crear una versión americanizada de África y su cultura», asegura Nate Moore, productor de la película. Por ello, el equipo ha realizado un extenso trabajo de documentación tanto arquitectónica como de la moda africana. «La gente africana o con raíces africanas sabemos quiénes somos y sabemos cómo es nuestra cultura y creo que van a alucinar cuando la vean plasmada en la gran pantalla. Ahora, los más pequeños tienen un personaje en un “blockbuster” en el que poder sentirse reflejado», reflexiona Michael B. Jordan tras confesar que pasó su infancia jugando a ser un X-Men. «Desde Dragon Ball Z hasta cualquier cómic de Marvel o DC Comics. Los leí todos, pero no había muchos personajes con los que podía identificarme. Por suerte, eso va a cambiar con la cantidad de personajes que hay en esta película».

En la película de Ryan Coogler no solo habrá un villano que ponga en jaque al protector de Wakanda, también obliga al espectador a hacer memoria con preguntas como «¿quién lo robó primero?» en pleno Museo Británico de Londres plagado de piezas arqueológicas de diferentes colonias, entre ellas algunas “wakandianas”. «Hay veces que la gente se olvida de la historia, de lo que ha ocurrido. Por eso creo que va a apreciar ver la verdad en la pantalla. Es un “sí, eso es lo que pasó”. Ahora ¿qué?». «Black Panther» llega a la cartelera con un discurso totalmente nuevo: recordando épocas históricas delicadas de tratar, héroes negros y mujeres con mucho poder: «Pero esto no es la solución al problema. Esta es la excusa para empezar una conversación que tenemos pendiente y para eso tenemos que ver qué tenemos que tratar, de qué hay que hablar». Aún así, ni el equipo técnico ni los actores de la película de Marvel quieren que el espectador interprete a este superhéroe como una reivindicación. «Creo que no tenemos que diseccionar tanto la película con sus aspectos políticos o raciales. Hay que ver esto con una normalidad y saber apreciar que es una buena película», concluye el actor
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Doug Jones: «En la soledad encontré la paz»

El papel del anfibio protagonista está interpretado por Doug Jones, un actor perenne en la filmografía de Guillermo del Toro. «Tenemos una gran relación y nos entendemos a la perfección», admite Jones en su entrevista con ABC. Este pálido estadounidense logra una asombrosa expresividad bajo sus escamadas capas de prótesis azules, esencialmente repitiendo (aunque sin hablar) su papel de Abe Sapien en las películas «Hellboy». De cuerpo abigarrado y altura muy por encima de la media, Doug empezó en el mundo de los mimos y gracias al cineasta mexicano ha hecho carrera en Hollywood, aunque pocas veces es su rostro el que expone, sino que prefiere esconderse bajo la piel de otras criaturas a las que denomina como «semidioses». Quizá todo se deba a su adolescencia dura, difícil, llena de soledad.

P – ¿Cómo es su relación con Guillermo del Toro?

R – Son muchos años trabajando juntos. Tenemos una gran relación y nos entendemos a la perfección. Una de las cosas que siempre me pide Guillermo de mis interpretaciones es añadir majestuosidad, porque son monstruos únicos, casi semi dioses. Es un tema habitual en los personajes que Guillermo me ofrece. En este caso me ayudó no saber nada de su historia para crear la inocencia de su amor por Elisa.

P – El lenguaje corporal es parte integral en los papeles que le ofrecen. ¿Cómo lo trabaja?

R – Empecé trabajando como mimo hace muchos años, en mi época universitaria. Diálogo visual y expresión corporal han formado parte de mi ecosistema desde hace tiempo, y se traducen bien a la hora de vestir disfraces de monstruos o máscaras de criaturas extrañas.

P – Todos los días antes de ir a trabajar, Elisa pone huevos para hervir, se mete en la bañera y se da placer a sí misma. ¿Es una rutina que responde a su soledad?

R – El aislamiento es la razón emocional de los personajes del filme, un sentimiento con el que me identifico, al haber sido un adolescente considerado raro. Yo combatía mi soledad viendo series de televisión con personajes que también se sentían excluidos por el gran grupo. Era, en esos momentos de soledad, cuando yo encontraba paz y consuelo. Con los años, me di cuenta de que mucha gente se siente así, que no era solo yo. Por eso este filme era tan personal para m&iacute
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El conocido actor que ha cambiado su nombre para parecer más catalán

Mientras algunas empresas abandonaron cataluña por la espiral independentista de la Generalitat, ahora, con Carles Puigdemont en el exilio en Bruselas y Oriol Junqueras en prisión, el actor y concejal de ERC Juanjo Puigcorbé ha decidio cambiar su nombre para parecer más catalán, como si el lugar de nacimiento no fuera suficiente.

Actor clásico de la comedia española de los noventa, que además interpretó a Juan Carlos I en la serie «Felipe y Letizia», ha decidido catalanizar su nombre, haciéndose llamar ahora Joan Josep Puigcorbé, tal y como se ha materializado ya en la página web de la Diputación Provincial de Barcelona.

La decisión, que también se ha concretado en su cuenta oficial de Twitter, despertando las burlas de algunos internautas, ha generado gran polémica en redes sociales, donde los usuarios no han dudado en criticar la medida, acusando al regidor de ERC en Barcelona de «odiar España» y de estar «obsesionado».

Juanjo Puigcorbé ha decidido que su nombre no es lo suficientemente catalán, así que lo ha cambiado a Joan Josep Puigcorbé. No, no os riáis, que no es coña, es una gilipollez, pero no es coña.
Para mí siempre serás Puigcorbé— Emilio Hidalgo (@EmilioHidalgoA)

16 de febrero de 2018juanjo puigcorbe como si se quiere cambiar el nombre a Michael. Seguirá siendo español.— šibenik (@ohsibenik)

16 de febrero de
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Robert Pattison, sin traumas, se lanza en brazos de la comedia-western

El corresponsal del «Boston Herald» que cubre la Berlinale formuló su pregunta sin rodeos, al más puro estilo americano. En la rueda de prensa de la película «Damsel», protagonizada por Robert Pattinson, le dijo al exvampiro que había visto una entrevista suya en televisión y que, al hablar de la saga «Crepúsculo», le había notado «traumatizado» por aquella experiencia. El periodista quería saber si Pattinson volverá a hacer alguna franquicia más en Hollywood. El actor miró a sus directores, sonrió y después bromeó con la palabra elegida: «¡No he tenido ningún accidente, no estoy traumatizado!», dijo entre carcajadas, como para espantar los fantasmas que acompañaban a la pregunta.

«¡Claro que haría otra fanquicia!», continuó. «Nunca he tenido una sola mala experiencia con ninguna película. Pero ahora intento encontrar papeles que me intriguen, que sean originales, como este», añadía, para regresar al «modo promocional». No hicieron falta grandes esfuerzos para convencer a los críticos de las bondades de la cinta, a competición Berlín, porque en general fue muy bien recibida. «Damsel», dirigida por los hermanos Nathan y David Zellner, es un western cómico que juega a dibujar un héroe patoso y obsesionado con el amor de una mujer -Mia Wasikowska- que tiene cosas mejores que hacer con su vida y con su pistola que atender a las flechas de Cupido.

Elecciones acertadas
«La única prevención que tengo con las franquicias -siguió Pattinson- es que no se hacen nunca para adultos, y que cuanto más presupuesto hay, más personas están encima de ti diciéndote que si no haces las cosas como a ellos les gusta… estás despedido». El circuito de los grandes festivales cuenta muy a menudo con el actor para sus alfombras rojas. Por su fama entre los adolescentes, sí, pero también por las decisiones artísticas que ha tomado durante el último lustro para alejarse de las historias vampíricas. Ha trabajado con David Cronenberg, con Werner Herzog, con James Gray, con los Hermanos Safdie, y siempre con el acierto suficiente como para acabar compitiendo en Cannes, en Venecia o en Berlín.

Además de contestar preguntas sobre el amor verdadero y sobre los fans berlineses que cada año le esperan a las puertas del hotel Hyatt, Pattinson se refirió al movimiento #MeToo como «algo increíble», y reflexionó sobre el panorama del cine independiente americano, del que ya forma parte de pleno derecho: «Hace unos años, mucha gente se asustó con la aparición de las plataformas de streaming, pero la realidad es que con ellas han surgido nuevos estudios, y que están regresando las producciones de presupuesto medio. Todo depende del público. Si vamos a las salas, esas películas se seguirán haciendo&raquo
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Bill Murray carga contra lo políticamente correcto y asegura que se utiliza «para dividirnos»

En esta ola de escándalos que sacude Hollywood, cualquier opinión parece llamar la atención de los medios estadounidenses. Bill Murray fue entrevistado hace unos días en la NBC para hablar de los casos de abuso sexual, aunque no tuviera más que aportar que unas simples y vacías declaraciones del enésimo actor valorando el tema. Sin embargo, el comediante se salió por la tangente y habló de otro asunto poco políticamente correcto.

«[Los políticos] no hablan para todos los ciudadanos al mismo tiempo. Dicen: “Representamos a los hispanos, representamos a los LGBT…” Hay casi un resentimiento por el hecho de que, de alguna manera, nos están separando los político», expresó el actor. Estas declaraciones llegaron al hilo de su interpretación como Steve Bannon , el asesor que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca, en el Saturday Night Live, y que le costó alguna que otra explicación posterior que el cómico se tomó con humor.

«¿Cómo puede la comediante Kristen Wiig [popular también por su trabajo en Saturday Night Live] hacer que todos nos riamos?, se pregunta Murray en la entrevista. «Lo hace porque no piensa en ser ser política, está pensando en lo que resuena y en lo que todos tenemos en la cabeza. Eso cada vez es más difícil porque todos intentamos que triunfe nuestro punto de vista en lugar de pensar qué pasaría si habláramos a todos como colectivo», dijo, y en este sentido volvió a referirse a los políticos: «No se dirigen a todos. Y es casi degradante decir: “Te elijo porque eres un grupo grupo minoritario”», sin embargo, según el actor, esto sucede: «Ellos dicen: “Eres mi gente. Yo te represento”. En lugar de pensar que cada ciudadano tiene el derecho de ser respetado como ciudadano según las leyes del país».

De esta manera, y tras estas declaraciones, el humorista lo tenía claro: «Cada día es más difícil hacer humor&raquo
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El director sirio de «Last Men in Aleppo» se plantea no ir a la gala de los Oscar

El cineasta sirio Feras Fayyad, director de «Last men in Aleppo», nominada al Oscar al Mejor Documental, podría no acudir a la gala de los premios en protesta por el veto de parte de su equipo al país, según recoge EP de una entrevista publicada en «IndieWire».

El director de esta cinta, la primera producción siria nominada a un Oscar, quiere protestar de esta forma por los impedimentos legales que están dificultando la entrada a Estados Unidos del productor de la película, Karem Abeed, y de uno de sus protagonistas, el miembro de los Cascos Blancos Mahmoud Al-Hattar.

Tras la aplicación de la Orden Ejecutiva 13780 del gobierno de Estados Unidos, que bloquea la tramitación de nuevos visados para ciudadanos nacidos varios países, entre ellos Siria, Abeed podría tener dificultades para obtener el visado. Por su parte, el régimen sirio le niega el pasaporte al activista Mahmoud Al-Attar, que no puede abandonar Siria. «Estamos intentando conseguir un pasaporte a Mahmoud, pero Kareem tiene uno y cuenta con todos los papeles necesarios, pero aún así el Gobierno no lo acepta», ha lamentado.

«Last men in Aleppo», que se estrena este jueves en la plataforma Filmin, compite con los títulos «Caras y lugares», de Agnès Varda; «Abacus: Small Enough to Jail», de Steve James; «Ícaro», de Bryan Fogel; y «Strong Island», de Yance Ford.

El pasado año, fue el cineasta iraní Asghar Farhadi quien no acudió a la gala de los Oscar en protesta por los planes de Trump de vetar la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, entre ellos Irán. Finalmente, Farhadi consiguió el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa por «El viajante&raquo
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Sally Hawkins: «Lo que impulsa a Elisa es el poder del amor»

Húmeda y enmudecia, «La forma del agua» es una historia romántica de suspense que habita en la imaginación del prolífico creador de monstruos y fábulas Guillermo del Toro. Cuesta no rendirse ante la actuación sin palabras de Sally Hawkins, una actriz capaz de transmitir sus salvajes fantasías con un huevo, agua y su poder de convicción. Su personaje, Elisa, se encuentra con un extraño personaje, un pez anfibio capturado en el Amazonas, mientras limpiaba el laboratorio de investigación donde trabaja. Y ahí explota toda la trama.

La principal inspiración del director mexicano Del Toro para la película fue el clásico de monstruos de 1954 «Criatura de la laguna negra», que recuerda haber visto cuando tenía siete años. «La criatura era el diseño más hermoso que había visto en mi vida. Lo vi nadando bajo Julie Adams y me encantó que el bicho estuviera enamorada de ella. Sentí un deseo casi existencial de que terminaran juntos», explicó el más poderos cineasta de México en un «cargo» en el que pugna con Alfonso Cuarón.

Con trece nominaciones a los Oscars, la película ya triunfó en el pasado Festival de Venecia, donde se alzó con el León de Oro, y en los últimos Globos de Oro, donde Guillermo del Toro se llevó el Oscar a mejor director. Y el cineasta recibe los premios emocionado porque lleva esperando 20 años el triunfo de una de sus fabulas mágicas. «Son veinte años esperando, luchando por mis monstruos», presume un hombre orgulloso de su personalidad mexicana.

Así es Del Toro, el realizador con más imaginación de la industria y el más generoso con su tiempo y sus conciudadanos, a un lado y otro del muro, y que nos obliga a cuestionar nuestra identidad y la búsqueda de las raíces.

Romanticismo enmudecido

«La forma del agua» es el amor imposible entre una mujer muda y un hombre anfibio que no conoce el lenguaje en los años de la Guerra Fría. Toda una metáfora llena de fuerza para estos tiempos políticos. «Lo que impulsa a Elisa hacia lo desconocido es el poder del amor», explicaba Sally Hawkins en la presentación del filme. «Curiosamente, la historia me resultaba familiar, sin embargo, no se parecía a nada con lo que me hubiera topado. Me pareció como si Elisa fuera una parte de mi yo más profundo, o como si la hubiera conocido en otra vida. También pensé que era el cuento de hadas romántico definitivo. Al principio, estaba convencida de que Guillermo había elegido a la persona equivocada para el papel», confesaba la actriz.

Entre el personaje de Sally Hawkins y el anfibio al que dota de alma Doug Jones se establece una fuerte conexión, pero el mundo real no es un lugar seguro para un amor de estas características. «Estoy asustado por la realidad que nos acecha. El cúmulo de atrocidades y la normalización de esas atrocidades lleva el discurso a un punto que me rebasa. De ese concepto nace la película. La idea de regresar a un tiempo en que los americanos tenían imaginación, cuando se les decía: “Vamos a hacer América Grande de nuevo”… Igual que ahora», dice sonriendo.

En Canadá, donde reside el cineasta, nos aseguró que siente la «descomposición» de EE.UU. «Trump es como un cáncer, tenemos un tumor que ha estado gestándose durante mucho tiempo. A nivel humano, sin divisiones territoriales, se armaría un desmadre los primeros diez años, pero el mundo sería mejor. Este filme es una consecuencia de los tiempos que vivimos. El nacionalismo está hecho de palabras que suenan muy bien, pero son inalcanzables, como la Tierra madre, la madre patria, el heroísmo… Se inventan para controlar&raquo
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Emily Mortimer: «Da miedo discutir de política hoy día»

Hace apenas dos semanas, Emily Mortimer estaba en España celebrando con Isabel Coixet el triunfo de «La librería» en los Goya. Hoy, la actriz británica está en Nueva York, donde reside, y estrena la película «The Party». Aficionada a los personajes radicales, Mortimer atribuye a la comodidad su tendencia a trabajar a las órdenes de mujeres cineastas.

«The Party» es una pieza teatral, satírica y brillante, que cuenta con un elenco de lujo: Kristin Scott Thomas, Patricia Clarkson, Timothy Spall, Bruno Ganz, Cherry Jones y Cillian Murphy. Un grupo de amigos se reúne para celebrar el éxito profesional de uno de ellos, pero todo acaba convirtiéndose en un completo caos. Un decadente espejo, cada uno de los amigos, de la progresía intelectual que radica en Europa.

P – ¿«The Party» retrata el espíritu político de nuestro tiempo?

R – Sin duda la película es una sátira, una crítica a la firmeza con que algunas personas establecen sus ideas políticas. Muchas personas parecen tener convicciones inflexibles, y me preocupa. No entiendo a los que están tan convencidos que no se permiten escuchar a los demás.

P – Parece tener mucho que decir desde su posición de actriz.

R – Prefiero hablar con mi trabajo porque, la verdad, da miedo discutir de política hoy en día. Si por algo me siento orgullosa de este filme es por la brillantez de su directora: sin apuntar a nadie, muestra hasta qué punto podemos ser ridículos. No importa que seas un brillante político, un chef, un banquero o un profesor de Harvard.

P – ¿Le gusta el humor negro del filme?

R – Considero importante que haya espacio para este tipo de humor. Se nos está olvidando que la vida no es en blanco o negro.

P – Sin embargo, la película sí es en blanco y negro…

R – Precisamente porque hacen falta más grises en nuestras conversaciones.

P – ¿Qué destacaría de la directora?

R – Es una mujer radical, con un gran ojo. Es un producto de su tiempo que entiende de política, de arte, de intelectualidad y que vive conectada a su medio, el cine. Es sensacional hablar con ella y descubrir a un autor real del siglo XXI. En la trama tenemos de todo: pasión, amor, política, traiciones, enfermedad… Creo que nunca en mi vida me he encontrado con una historia tan original.

P – Parece que le gusta trabajar con mujeres realizadoras: Isabel Coixet, Stacy Crochan, Sally Potter…

R – Me gusta trabajar con buenos guiones y grandes directores. No tengo establecida prioridad para las mujeres, aunque es cierto que mis próximos proyectos serán con mujeres.

P – ¿Qué le interesó más de este guión?

R – Me entusiasmó cuando lo leí por primera vez. Es bastante radical. De una manera sigilosa, te va golpeando. Comienza como una típica reunión de amigos para ir transformándose con cada escena.

P – El rodaje duró solo dos semanas. ¿Cómo se plantea una grabación tan intensa?

R – No se puede ni imaginar. Rodamos en dos semanas lo que normalmente requiere seis o siete. Fue intenso, muy intenso. Nunca había hecho una película que se rodara de principio a fin en doce días y, además, estando el elenco completo en pantalla todo el tiempo. Nadie tuvo un momento de descanso. Fue de locos. Entiendo que piense que un trabajo de dos semanas es una nimiedad, sin embargo, ha sido extenuante porque no paramos. Por fortuna, me encantaba el grupo de actores y adoraba a Sally. Creo que todo el equipo coincidimos en nuestra admiración por ella, en cómo ha manejado el tiempo, el espacio, la luz, las cámaras y la narración.

P – Dentro de poco, la veremos en el regreso de Mary Poppins junto con Emily Blunt. ¿Puede adelantarnos algo de ese proyecto?

R – Ella está sensacional, van a ver lo que ha hecho con el papel. Ha sido maravilloso participar en esa película. Rob Marshall ha cuidado mucho cada detalle, hasta conseguir la mejor película posible. Yo creo que no va a defraudar, porque es puro entretenimiento
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Wes Anderson ilumina el arranque de la Berlinale

Hay películas capaces de iluminar una tarde de domingo. Son películas que, a pesar de su fotografía oscura, o de lo tétrico que resulte el tema que tratan, pintan una sonrisa en la cara del espectador y le sirven para escapar a otros mundos y a otros tiempos. Escapar, en definitiva, de su cabeza. Ayer, en el arranque de la edición número 68 de la Berlinale, la «Isla de perros» de Wes Anderson funcionó como esos clásicos que alegran las largas horas de sofá y manta. Despejó los nubarrones del festival y generó una ola de buenas críticas y aplausos.

El festival de Berlín se había ido aproximando a su arranque en este 2018 entre declaraciones fuera de tono de su director artístico sobre el movimiento #MeToo y el caso Weinstein, y también entre manifiestos de cineastas que pedían repensar la muestra de clase A más gourmet del continente. Pero la cinta de Anderson lo cambió todo. Y la rueda de prensa posterior a la proyección lo subrayó aún más: el reparto cantó canciones ante la prensa y provocó carcajadas, y no recibió ni una sola pregunta con la palabras «Weinstein» o «abusos». Contra todo pronóstico.

Origen
En «Isla de perros», Wes Anderson mezcla dos ideas que venían rondando su cabeza desde hacía tiempo. El director de «Fantástico Sr. Fox» o «El Gran Hotel Budapest», la cinta que inauguró Berlín hace cuatro años, quería contar una historia de perros abandonados en un basurero y, a la vez, homenajear a los maestros japoneses del cine. Y el resultado de esa mezcla es la historia de Atari, un niño nipón que busca desesperadamente a su perro Spots en una ciudad imaginaria. La aventura le lleva hasta una isla llena de desperdicios, a varios kilómetros de la costa, en la que el alcalde de la ciudad está confinando a los perros, afectados por una extraña gripe.

«Tuvimos que inventarnos todo un entramado político para la película», dijo Anderson en un encuentro con la prensa. «Y lo que se ve en la pantalla –un mandatario déspota, que extorsiona y mata en su cruzada contra los canes– no se parece en nada a Japón, donde está ambientada la historia, sino más bien a Texas. Es todo inventado, pero el mundo ha cambiado mucho a medida que hacíamos la película, y todo lo que ha ocurrido a nuestro alrededor ha encontrado la manera de colarse en la historia». Como referencias citó a Kurosawa, al maestro japonés de la animación Miyazaki… y a «La dama y el vagabundo», de Disney. Ni rastro, curiosamente, de Cruella de Vil.

Figuras reales
Han sido años de trabajo para el equipo. De animar los personajes muy poco a poco mediante la técnica «stop-motion», que requería que muchos de los caracteres y los escenarios fueran construidos de verdad. «No hay nada en toda la película que se pueda clasificar como ‘efectos visuales’ puros, todo está basado en miniaturas, grandes y pequeñas. Aunque algunas tendrían que ser tan grandes que podrían ocupar toda esta sala, así que tuvimos que ingeniárnoslas para no salir de nuestras posibilidades», confesó el director durante la rueda de prensa en Berlín.

A su lado, el inmenso reparto de voces de la cinta, formado por muchos de sus colaboradores habituales. A la cabeza Bryan Cranston, el protagonista de la serie «Breaking Bad», que da vida al líder de la banda perruna que ayuda al niño, y a la que pertenecen Bill Murray –especialmente hilarante–, Edward Norton, Jeff Goldblum y el veterano Bob Balaban. Cuando el moderador le presentó, todos los actores comenzaron a corear su nombre al ritmo de la canción «Barbara Ann».

Además, el perro que busca el pequeño Atari está interpretado por Liev Schreiber, y Greta Gerwig, nominada a dos Oscar por «Lady Bird», presta su voz a la perra Tracy, clave para el desarrollo de la historia. Tan larga era la nómina de actores que algunos de los ilustres, como Tilda Swinton, tuvieron que sentarse entre el público. «He venido tantas veces a Berlín desde que traje la primera película que hice, que solo me falta ponerme a limpiar. Probablemente lo haga el año que viene», dijo la intérprete entre risas.

Con la película de Anderson, que compite por el Oso de Oro, arranca una Berlinale con una evidente falta de glamour pero con un sabor marcadamente europeo. Estarán aquí el exvampiro Robert Pattinson y el extodo Joaquin Phoenix, pero lucharán por robarles el protagonismo la sueca «The real estate», sobre una anciana que hereda un edificio de apartamentos, o la noruega «Utoya 22 de julio», sobre los atentados del año 2011. También dará que hablar la «Eva» de Benoit Jacquot, una nueva aproximación a la cinta de Jeanne Moreau de 1962… pero esta vez con Isabelle Huppert en el cartel.

Españoles
España tendrá una representación muy similar a la del año pasado: es decir, menor. Nada en la sección oficial. En Panorama, además de «La librería» de Isabel Coixet, muy querida por la Berlinale, participará «La enfermedad del domingo», del director Ramón Salazar. Es un drama muy frío sobre dos mujeres, Bárbara Lennie y Susi Sánchez, que se reencuentran tras una larga separación. Destaca también entre la oferta española un documental sobre las víctimas del franquismo producido por Pedro Almodóvar.

Ahora, el reto para quienes en el invernal Berlín ven las películas y hacen las entrevistas es que no se les congele la sonrisa que les ha pintado Wes Anderson en la cara.

Berlín no teñirá su alfombra de negro
El director artístico de la Berlinale, Dieter Kosslick, ha declinado una petición del movimiento #meToo [contra los abusos sexuales en el cine] para teñir de negro la alfombra roja del festival. La petición online, iniciada por una actriz alemana, ha sido rechazada por Kosslick con el argumento de que el festival no quiere «refugiarse en el simbolismo político para profundizar en el asunto de los abusos con su programación, más profundamente que lo que permitiría un cambio en la alfombra roja».

Este es solo el último episodio en el arranque tumultumoso de la Berlinale número 68. Hace unas semanas, Kosslick aseguró en un encuentro con la prensa que había rechazado varias películas porque algún miembro de su equipo artístico había sido relacionado con abusos sexuales; el pasado lunes, una actriz surcoreana, denunció la «hipocresía» del festival al invitar al surcoreano Kim Ki-duk, que también ha sido objeto de esas acusaciones.

Este año, el último de Kosslick al frente de la muestra, habrá una serie de conferencias acerca de la discriminación de la mujer y un stand en el que se aconsejará a los invitados sobre cómo reaccionar ante posibles casos de acoso
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Crítica de Cuando dejes de quererme: Intriga en tres tiempos

Valoración de ABCPlay

Le sobran muchos clichés de polis y de los vascos y las vascas

Oti Rodríguez Marchante

Película que se asoma a varios géneros (incluso, que casi lo es, el género hispano argentino), pero que se ve bien reflejado solo en uno: el de la intriga gracias a un ramillete de preguntas que propone el argumento: ¿qué pasó?, ¿quién fue?, ¿por qué lo hizo?… Es un melodrama familiar con los ropajes de un «thriller» y ligeros toques de maquillaje de película romántica. La estructura narrativa es compleja, de tiempo revuelto: arranca con un «flashback» que se olvida hasta prácticamente al final, cuando la historia vuelve a su presente (alguien muere en Buenos Aires, en una cama de hospital, y una joven mira el sobre cerrado que le deja); el relato retrocede hasta que esa misma joven viaja a España, al País Vasco, al pueblo vizcaíno de Durango, donde se revelaran asuntos que pertenecen a otro pasado, otra familia, lo cual exige y facilita un nuevo «flashback» años sesenta, pasiones, traiciones, apuntes de una ETA naciente…

Cuando dejes de quererme

El director, Igor Legarreta, dosifica las intrigas para envolver al espectador en el suspense de unos hechos pasados y de unos amores raros, y en la investigación que se funde con cierto tono de comedia (gran actor Eduardo Blanco) y con una historia casi romántica entre el agente de seguros Miki Esparbé y la sorprendente Flor Torrente. Y también aprovecha Legarreta la atmósfera y el «skyline» de la zona, con el imponente monte Amboto para darle carácter a una historia tristona de unas gentes muy poco alegres. Le sobran muchos clichés de polis y de los vascos y las vascas, pero dónde no
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Crítica de Deber cumplido: El tercer tiempo de la guerra

Tres soldados regresan de la guerra con los cuerpos y las mentes descosidos. Nada que no pasara hace siglos o que no contara hace más de setenta años William Wyler en «Los mejores años de nuestra vida», referencia esencial del cine posbélico que no esconde Jason Hall. El guionista de «El francotirador» adapta esta vez la novela de David Finkel y la ilustra con actores poco conocidos o sacados de contexto, como la cómica Amy Schumer. Su manejo del reparto es eficaz y aporta verosimilitud.

En la puesta en escena, el cineasta no hace alardes. Visto con buenos ojos: se busca los problemas justos, mientras una leve trama de intriga hace llevaderos los traumas de los protagonistas, por lo general abandonados a su suerte y recibidos con la conocida mezcla de indiferencia y menosprecio, aunque sin llegar a fabricar ningún Rambo. Quizá resulte excesivo que en una muestra tan pequeña se acumulen tantos traumas, interiores y exteriores, pero cada uno elige a los protagonistas que quiere y cuenta la historia que le sale del alma. Como innecesaria coartada, la historia está basada en hechos reales y el «tercer tiempo» es a veces el peor en cualquier contienda.

Deber cumplido

La película nos recuerda también –y quizá haga falta– lo mala que es la guerra, sin discursos ni exceso de consignas. Es un buen recordatorio de la paradójica evolución de la humanidad, torpe para resolver algunos problemas básicos pero con una capacidad asombrosa cuando se trata de perfeccionar «el arte de la guerra». Además de matar cada vez mejor, como especie hemos aprendido a dejar unas secuelas tan sofisticadas que no hay sistema sanitario (y menos el de algunos países) capaz de proporcionar alivio.

Valoración de ABCPlay

El cineasta no hace alardes

Federico Marín Bellón
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Crítica de The Party: Perfectos desconocidos

The Party

Esta es la quinta reseña en pocos meses de una película que si fuera un chiste empezaría, Van cinco amigos o familiares y se juntan para una velada que enseguida se convierte en una tormenta perfecta… Todo empieza en plan amable masterchef cocinando en alegre compañía pero el temporal arrecia pronto con una lluvia de acusaciones, revelaciones, adulterios, cambios de pareja y salidas del armario… Un formato que se antoja antiguo y, desde luego, teatral, este de concentrar conflictos larvados durante años en una unidad de tiempo y espacio perfectamente escénica.

Iba a decir que a lo que más se parecería esto ahora sería a un «reality» pero ya me he desahogado bastante y «The Party» no se lo merece. Es el título más asequible de Sally Potter, que empezó haciendo cine feminista de alta teoría, consiguió adaptar a la Woolf en un «Orlando» a mayor gloria de la androginia de Tilda Swinton y luego… se distinguió sobre todo por su oido para seleccionar la música de sus películas. Aquí su buen oido se amplía para escribir unos diálogos cortantes y brillantes que modulan la cascada de shocks. No vale la pena caer en el spoiler, sólo aventurar que tenemos, seguro, permiso de Potter para reirnos más de una vez de tanta desdicha junta hasta el maravilloso climax final, un gag perfecto: Oscar Wilde lo hacía mejor pero en esta era de «post-humor» aún sorprende la eficacia de la inteligencia para deconstruir un cierto grupo social. Y todavía no hemos empezado a hablar del reparto: en este aquelarre lo mejor son los invitados…

Valoración de ABCPlay

Tenemos permiso para reirnos más de una vez de tanta desdicha junta hasta el maravilloso climax final

ANTONIO
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Crítica de Black Panther: Un Marvel afroamericano

Black Panther

Película magnífica para respirarla como se respiraban, con una toalla en la cabeza, aquellas ollas de niño que humeaban eucaliptos, aunque aquí en vez de eucaliptos es eufemismos. Superhéroes, afroamericanos al completo, un Shangri La en África como el de Capra, pero en cómic Marvel, realeza, monarquía y tradición, potencia femenina, las drogas naturales, el gran avance tecnológico que no está donde creíamos, sino en el vibranium de la subafricana Wakanda, gran abundancia metafórica solo contrarrestada por el hecho de que aparezca la gran contrametáfora de Andy Serkis a cara descubierta, cosa que no suele hacer.

En fin, una aventura llena de vistosas imágenes, secuencias impactantes de un mundo como imaginado por Tarzán y el Doctor No, y con unos personajes más allá de lo exótico, como el rey T’Challa, su corte de poderosas mujeres (y actrices, Lupita Nyong’o, Angela Bassett, Danai Gurira, Letitia Wright) y ese brujo de la tribu que interpreta, con su ojillo disperso y su convicción habitual, Forest Whitaker. Pero lo mejor, sin duda, son sus villanos, el casi malo Winston Duke y el primo rencoroso Michael B. Jordan. Y que puede darse el caso de que a alguien no le interese el mundo de los superhéroes, ni negros ni blancos, y no le parezca suficiente la profundidad política, ideológica y social de este paseo de Marvel por Wakanda.

Valoración de ABCPlay

Un Shangri La en África como el de Capra, pero en cómic Marvel

Oti Rodríguez Marchante
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Crítica de La forma del agua: Compasión limpia y sexo turbio

Valoración de ABCPlay

La apasionada historia de amor está tejida con los mejores hilos del cuento romántico y fantástico

Oti Rodríguez Marchante

De esta película se sale absolutamente empapado, por su forma de gran alberca y por su contenido acuático. Pero, ¿cómo se entra?, desde luego no por las escalerillas de algún borde, sino en plancha, o en «bomba», por su arranque de fábula (voz en off), por su reconocible música de Alexander Desplat, por su estética de un futurismo de anteayer, por ese universo retro y fantástico propio de Guillermo del Toro tan propicio a que otros, como Jeunet, reclamen como «propio», y por esos personajes entre la ingenuidad de «Amélie», la delicadeza de Cocteau y la humedad de alcantarilla. La apasionada historia de amor entre una chica solitaria y muda con un ser anfibio de laboratorio está tejida con los mejores hilos del cuento romántico y fantástico, y con unos nudos de astucia que los atan tanto al cine de serie B de hace más de medio siglo (la atmósfera, el doctor enajenado, el villano extremo y caricaturizado…) como al trasfondo social y «correcto» de nuestro presente (de clase, de sexo alternativo, de respeto «al otro», de multicultura, multiespecie y politeísmo, de comprensión y perversión…).

La forma del agua

En la superficie de la película está la compasión y la relación de amor (y sexo encubierto) entre dos seres atascados en su prisión de monotonía y experimento, pero por debajo, en lo sumergido, en lo abisal, el cuento se adorna con dos personajes positivos excepcionales, su viejo vecino que interpreta Richard Jenkins y su compañera de limpieza, Octavia Spencer, que aporta –sin venir al cuento– los mejores diálogos de la función y una lucidez, gracia y malicia sobre la guerra de sexos que cruza precisamente las líneas rojas que son el fondo ideológico de la historia de Del Toro: compasión, sentimiento, sexo y milagro con «lo otro».

Y se sale absolutamente empapado de «La forma del agua» porque como cuento es adorable, confuso, ni infantil ni adulto. Pero, como realidad es rara y difícil de digerir
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El niño de Stuart Little acude a un reality para buscar pareja

Hace 19 años, un joven Jonathan Lipnicki saltaba a primera línea cinematográfica al interpretar al interpretar al pequeño George, el niño de «Stuart Little», la película sobre el divertido ratón protagonizada también por Hugh Laurie y Geena Davis.

El filme fue nominado al Oscar a los Mejores Efectos Visuales (galardón que finalmente fue para «Matrix») y fue la 11ª película más taquillera de 1999 (la primera fue «Star Wars: La amenaza fantasma»; la segunda, «El sexto sentido»). Recaudó 140 millones de dólares, superando en la lista a «La milla verde», «American Beauty» o «Wild Wild West».

Jonathan Lipnicki

El éxito de la película, producida por Sony, distribuida por Columbia y cuyo guión adaptó, de la novela homónima de E.B. White, nada menos que M. Night Shyamalan (director y guionista de «El sexto sentido», «Señales» y de la trilogía que conforman «El protegido», «Múltiple» y «Glass», que está próxima a estrenarse), traspasó fronteras. Su director, Rob Minkoff, artífice también del éxito de Disney «El rey león» y de «La mansión encantada», creó en 2003 una secuela de las aventuras del divertido ratón y una tercera parte: «Stuart Little 3: Aventura en el bosque», ya totalmente animada.

Uno de los personajes más icónicos de «Stuart Little» es, sin duda, el pequeño George. Hermano mayor del ratón Stuart (al que por cierto, pone voz en su versión original nada menos que Michael J. Fox), el niño al que da vida Lipnicki. Aunque lo cierto es que el éxito del joven actor, natural de California, no trascendió mucho más allá de «Stuart Little». De hecho, en la tercera película sobre el ratón, la secuela animada, Minkoff no le utilizó para dar voz a su personaje por ser «demasiado mayor».

Encasillado en el papel
Lipnicki, así las cosas, comenzó a caer en el olvido. Su encasillamiento como «el niño de Stuart Little», con sus características gafas grandes y su pelo hacia atrás, dinamitó la reticencia de los cineastas a la hora de darle papeles en sus proyectos. Poco a poco, fue desapareciendo del panorama, aunque trató de seguir vinculado al cine. En el último año, y ya con 27 años a sus espaldas, ha aparecido en películas menores, de serie B, como «Circus Kane», sobre un circo terrorífico; y «Altitude», un filme de acción protagonizado también por Denise Richards y Dolph Lundgren.

Sin embargo, sus apariciones en la pantalla no han quedado limitadas a las cintas de bajo presupuesto. En los últimos tiempos, ha sido noticia por aparecer en el reality británico «Celebs Go Dating», un programa de Channel 4 que, al más puro estilo «First Dates», se dedica a buscar pareja a personalidades reconocidas. Y en la cuarta temporada del formato, él es uno de los protagonistas, junto a la cantante Tallia Storm, la taekwondista olímpica Jade Jones o el televisivo Ollie Locke, a los que el programa trata de emparejar.

En los ocho episodios que van del formato, la suerte de Lipnicki en el amor parece proporcional a su fortuna como actor. Tuvo mucho «feeling» con Becca, una joven de 22 años, pero la cosa no terminó de fluir. En el último episodio, como cuenta «Metro», el intérprete, de hecho, se enfadó con su cita después de que la joven tampoco pudiera dejar de encasillarle como «el niño de Stuart Little&raquo
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«No es el típico villano que hace explotar todo. Killmonger va a intentar convencerte de que lleva razón»

«Black Panther» llega este viernes a las salas de cine para mostrarnos «El Dorado» del Universo Cinematográfico de Marvel: Wakanda. Junto a este país aparentemente pobre, la película de Ryan Coogler también se enfrenta a algo que no habíamos visto antes. Black Panther es el superhéroe que estaba esperando Hollywood, pero lo que no han contado es que también trae el villano que estábamos esperando. «Muchas veces las películas de superhéroes son tan buenas como sus villanos. Es el antagonista el que desafía al héroe, el que le pone al límite física y emocionalmente», cuenta Michael B. Jordan a ABC sentado en la moqueta de un hotel de cinco estrellas londinense.

[¡Cuidado! Esta entrevista contiene información sensible sobre «Black Panther»]

«Erik Killmonger no es el típico villano que hace explotar las cosas, él tiene mucho más detrás», añade. Tiene su historia. Tiene un pasado que le ha hecho ser quién es y cómo es. Realmente no cuenta con ningún poder más allá de su gran capacidad de combate –ha matado a más de dos mil personas en frentes como Afganistán o Irak– y una gran inteligencia, pero sus orígenes wakadianos le permitirán hacer cosas impensables (como poder lucir el collar de Black Panther). «Queríamos hacer un ‘chico malo’ con un punto de vista con el que la audiencia pudiese comprender y que pudiesen entender que él piense que es el ‘chico bueno’. Killmonger sabe que emocionalmente tiene razón, pero sus métodos no son los adecuados. Las cosas que quiere hacer tienen un valor y eso hace que el superhéroe piense “tengo que luchar con él no porque sea malo y quizá hay algo que pueda aprender de él”», asegura Nate Moore, productor de «Black Panther».

Gracias a la nueva apuesta de Marvel, el abanico de superhéroes (y el de sus características) crece. «Desde pequeño me han encantado los superhéroes», cuenta mientras recuerda las tardes que pasó imaginando ser un X-Men. «Leía todos los cómics que podía. Desde más tipo anime como Dragon Ball Z o Marvel Cómics, Metro Comics, Chocolate City Comics… Los leí todos, pero no había muchos personajes con los que podía identificarme», añade. Ahora es el turno de que un superhéroe africano: «Había que empezar en algún momento y este personaje, Black Panther, ha estado siempre ahí, en los cómics de Stan Lee. Pero este es solo el primero. Puede ser la oportunidad de que salgan más y que tengan que enfrentar a situaciones más ‘banales’ como Spiderman», dice Michael B. Jordan, mientras deja claro que «Black Panther» va más allá del entretenimiento.

Pero no solo pondrá en jaque al protector de Wakanda, también obligará a más de uno a hacer memoria con preguntas como «¿quién lo robó primero?» en pleno Museo de Historia Natural de Londres. «Hay veces que la gente se olvida de la historia, de lo que ha ocurrido. Por eso creo que va a apreciar ver la verdad en la pantalla. Es un ‘sí, eso es lo que pasó’. Ahora ¿qué?». «Black Panther» viene con un discurso totalmente nuevo: recordando épocas históricas delicadas de tratar, héroes negros y mujeres con mucho poder. «Pero esto no es la solución al problema. Esta es la excusa para empezar una conversación que tenemos pendiente y para eso tenemos que ver qué tenemos que tratar, de qué hay que hablar», añade.

¿Por qué aún no habíamos visto a un héroe negro? «Puede que hasta ahora los productores no se había sentidos seguros con la idea de llevar a un superhéroe negro a la pantalla, puede que no estuviesen seguros de si sería rentable o lo que sea. Pero lo importante es que la gente africana o con raíces africanas sabemos quiénes somos y sabemos cómo es nuestra cultura y creo que van a alucinar cuando la vean plasmada en la gran pantalla», responde. «Creo que no tenemos que diseccionar tanto la película con sus aspectos políticos o racionales. Hay que ver esto con una normalidad y saber apreciar que es una buena película», concluye.

Una rutina de infarto
Para convertirse en Killmonger, Michael B. Jordan tuvo que dejar todo de lado. Tres entrenamientos al día y seis comidas (más que medidas) le impedían hacer cualquier cosa. Por no hablar de los noventa minutos que necesitaba para colocar todas las cicatrices que Killmonger tiene repartidas entre su torso y sus brazos, una por cada persona que ha muerto en sus manos. «No voy a ir a un bar a decirle: ‘perdona, me calientas esto’ o a salirme del cine porque tengo que comer», cuenta entre risas. Sin duda, este villano –o antagonista como él prefiere decir– ha sido su segunda oportunidad con los superhéroes después del traspiés que supuso interpretar a la Antorcha Humana en «4 fantásticos», etapa que prefiere no comentar durante la entrevista.

Quien le iba a dejar a Michael B. Jordan que sacrificaría tanto por un oficio que no llegó realmente a elegir. «Nunca quise ser actor o, al menos, no me lo planteé», confiesa. Comenzó a ir a castings para campañas publicitarias para marcas como Toysrus con apenas once años: «Era dinero fácil». Hasta que comenzó en «The Wire». Allí, rodeado por un elenco de gran categoría –entre los que estaban Wood Harris o Larry Gilliard Jr–, fue cuando supo que podía hacer de eso una carrera. Y también fue en ese set de rodaje donde se enamoró del arte de la actuación: «Fue la primera vez que me perdí en mi personaje, en Wallace. Él empezó a tomar drogas y yo, que tenía 14 años, no tenía ni idea de cómo era eso. Pero Andre Royo, que interpretaba a Bubbles, me contó cómo es colocarse. Lo que sientes, lo que experimentas y recuerdo sentir durante 30 segundos, quizá 40, lo que Royo me contó. En ese momento, algo cambió. Pensé ‘quiero sentir eso otra vez, ¿cómo puedo volver a sentirlo?’. Quería poder meterme en el personaje de nuevo», relata. Puede que por eso se esfuerce por buscar siempre una conexión personal con el personaje
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La Berlinale busca una postura ante el #MeToo que no incomode

Los más abnegados fans de la Berlinale hacen largas colas ya para comprar las entradas de la 68 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, que venderá en total más de 300.000 pases para 400 películas. Algunos de ellos incluso han dormido ante las taquillas para asegurarse el asiento deseado en el que sigue siendo el primer festival europeo en términos de público. Pero mientras los cinéfilos se afanan por conseguir una entrada, las preocupaciones de la dirección del festival versan sobre la cuidadosa búsqueda de una posición de equilibrio y profundidad al movimiento #MeeToo.

El debate que Hollywood ha lanzado a escala global, no es precisamente una novedad en Alemania. Hace ya cinco años, la asesora de medios Anne Wizorek creó el hanstag #Aufschrei, algo así como #Grito, conmovida por la denuncia de una reportera de la revista Stern, Laura Himmelreich, que relató en un artículo cómo el político del Partido Liberal (FDP) Reiner Brüderle había osado decirle en la barra de un bar de hotel que «podría llenar Dirndl», en referencia al escotado vestido típico bávaro, antes de sugerirle que «aceptase su tarjeta de baile». Ya entonces quedó clara la compleja línea divisoria entre el flirteo del piropo y el acoso, que desaconseja los simplismos. Por eso, aunque nadie duda del compromiso de la Berlinale con los derechos de la mujer, su director Dieter Kosslick no llevará una rosa blanca en la solapa.

«Este debate va a dejar seguramente una gran impronta en el festival y nosotros también queremos profundizar en él. Tenemos previstos numerosos eventos sobre diversidad. No se trata solo de acoso sexual, se trata de la discriminación en general, queremos ocuparnos de ello de forma ofensiva. Además, celebramos iniciativas como Pro Quote Film, que buscan una mayor presencia femenina en el cine, y apoyamos también el proyecto «Speak Out», de Daniela Elstner, directora de una empresa francesa que ha puesto en marcha una web y una línea de atención telefónica para ofrecer ayuda contra el acoso sexual en el sector cinematográfico. Pero respecto a la rosa blanca, creo que los símbolos son buenos, pero nosotros lo que queremos es probar a iniciar un debate serio de contenidos. El tema es tan complicado y tiene tantas vertientes que debe ser abordado de manera diferenciada», ha justificado.

La directiva se enfrenta a presiones de seguidoras del movimiento #MeToo, como la actriz alemana Claudia Eisinger, que ha pedido a Kosslick y al presidente del jurado, Tom Tykwer, teñir de negro la alfombra roja en solidaridad con las mujeres víctimas de algún tipo de abuso, una petición respaldada por unas 1.600 firmas. «En Hollywood las actrices vistieron de negro. En Berlín queremos una alfombra negra», escribió Eisenger en la plataforma change.org, donde espera recolectar 2.500 firmas de apoyo y desde la que, en un juego de palabras con la popular serie de televisión «Orange Is The New Black» (el naranja es el nuevo negro), ha afirmado: «el negro es el nuevo rojo».

«En Hollywood las actrices vistieron de negro. En Berlín queremos una alfombra negra»

En el lado contrario, surgen voces de habla alemana que piden mesura, como la del cineasta austríaco Michael Haneke, que ha hablado de «caza de brujas», recordando que «se están destrozando carreras y familias» y que ha declarado al diario Kurier que «este nuevo puritanismo que odia a los hombres, que viene a raíz del movimiento #Metoo, me preocupa y me repugna». Kosslick, por su parte, trata de encontrar la butaca correcta presentando un programa paralelo al festival, en el que destaca la ronda de debate del 19 de febrero sobre acoso en televisión, cine y teatro y la iniciativa «Speak Up!», que contará con una web propia.

«Arte y cultura se ocupan desde siempre tanto de las cuestiones estéticas como también de las cuestiones de la sociedad. Esto es algo que se refleja cada año en el programa de la Berlinale. Por ello la Berlinale lucha ahora también contra cualquier tipo de abuso y a favor de la autodeterminación sexual», defienden sus organizadores. «El debate desatado por el escándalo Weinstein es importante y el movimiento #MeToo muestra una desconcertante dimensión de abusos, pero es importante abordarlo escuchando todas las voces».

Y este no es el único problema que sufre Kosslick en su penúltima edición como director. Otra fuente de presiones son las críticas por parte de casi 80 cineastas alemanes, entre ellos Volker Schlöndorff, Vatih Akin o Maren Ade, que le reprochan que el festival que este jueves abre el telón haya perdido brillo ante sus competidores, Cannes y Venecia. Este año, por la alfombra del Berlinale Palast desfilarán desde Robert Pattinson a Joaquin Phoenix, Isabelle Huppert, Bill Murray, Willem Dafoe (que será distinguido con Oso de Oro de honor por su trayectoria), el mexicano Gael García Bernal, el hispano-alemán Daniel Brühl y hasta el cantante y compositor británico Ed Sheeran, quien presentará un documental sobre su último disco, «÷» («Divide»).

Sin embargo, la lista parece menos rutilante que en otras ediciones, cuando asistieron George Clooney o Meryl Streep. La revuelta está sin duda relacionada con el final del reinado de Kosslick, que a sus 69 años está a punto de despedirse del cargo y cuya jubilación podría llevar a una división del puesto entre presidente y director artístico, según fuentes cercanas a la responsable, la ministra regional de cultura de Berlín, Monika Grütters. La Berlinale busca, además de butaca, una mejor hora para su función. El Festival de Venecia, a comienzos de septiembre, es junto al no competitivo Toronto la plataforma de lanzamiento para las candidatas a los Oscar. La Berlinale no recibe estas películas porque ya es demasiado tarde y los cineastas y estrellas se encuentran en plena promoción en Estados Unidos de cara a la gala de los Oscar. La Berlinale solo podría beneficiarse de la carrera por los Oscar si se celebrara en diciembre, pero entonces perjudicaría al mercado, ya que a finales de año las cuentas de los compradores de películas están vacías. Asimismo, el festival de Sundance, que se celebra a finales de enero y está dedicado al cine independiente, también le ha pasado factura, ya que muchas cintas se estrenan previamente all&iacute
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