Jodie Foster: «Pensaba que tenía que decir “sí” a todo. Era una buena soldado con seis o siete años»

Han pasado cinco años desde la última vez que Jodie Foster apareció en la pantalla grande. Una ausencia larga para esta actriz, que lleva toda una vida dedicada al séptimo arte. El 3 de agosto regresa de su «retiro» con «Hotel Artemis», un thriller en el que interpreta a la encargada de un hospital para criminales muy peculiar, ubicado en un Los Ángeles futuro y conflictivo. Un filme que atrajo a Foster por «el amor por las películas» que desprende y en el que la acompañan Jeff Goldblum, Sofia Boutella, Sterling K. Brown y Zachary Quinto. El otro factor de peso para que eligiera este proyecto fue su director, Drew Pearce, responsable también del guion y que debuta en la realización de largos con esta cinta. «Es un cineasta primerizo extraordinario. Posiblemente uno de los mejores con los que he trabajado. El más prometedor», comentó Foster. Además, ambos son unos apasionados de Los Ángeles: «Crecí allí y tengo, como Pearce, una loca nostalgia de la ciudad, de sus edificios de los años 20, las palmeras, las referencias cinematográficas…». La actriz habló de este proyecto y de su trayectoria profesional en CinemaCon, la convención de la industria del cine más importante del mundo, celebrada en Las Vegas, donde recibió un premio en reconocimiento a toda su carrera. Un galardón con el que se manifestó encantada: «Siento que llevo en esto mucho tiempo. Empecé cuando tenía tres años. Es una carrera muy larga y de lo que estoy más orgullosa es de haber estado aquí en los 60, los 70, los 80, los 90… y ser testigo de muchas fases diferentes de la industria». Una industria que reconoció desde bien temprano el talento de Foster, que obtuvo su primera nominación al Oscar con tan solo 12 años por su papel en «Taxi Driver». «No gané y fue un momento muy importante para mí. No lo olvidaré nunca. Estar en el auditorio... Cuando dijeron mi nombre, en el momento en el que sonó el «Jo», mi cara se puso roja, me empezó a picar el cuerpo… Fue un alivio perder porque pensé: ”¿Cómo voy a hacer esto? Tengo ronchas por todos lados…”». Si pudiera dar un consejo a su yo de entonces sería decir que no de vez en cuando. «Pensaba que tenía que decir “sí” a todo. Era una buena soldado con seis o siete años. Cuando hacía un frío terrible y tenía congelaciones jamás me quejé de lo mucho que me dolían. Nunca supe que podía decir que no y no me di cuenta hasta mucho después. A los niños de ahora no les pasa eso. Poseen un sentido de sí mismos mucho más fuerte. Se les educa para saber que sus ideas y opiniones tienen impacto, algo que no ocurrió en mi caso y que me hubiera gustado». A lo largo de estos 52 años de profesión, Foster ha interpretado a numerosos personajes, algunos de los cuales han tenido una relevancia especial para ella. Eleanor Arroway, de «Contact», es al que más admira: «Es alguien en quien pienso mucho, alguien que me gustaría ser. Es una persona con una inteligencia feroz pero, al mismo tiempo, atormentada por sus emociones». Clarice Starling, de «El silencio de los corderos», por el que obtuvo su segundo Oscar, es aquél al que le gustaría volver: «Esa película fue una experiencia extraordinaria y ella, un personaje increíble. Sería estupendo saber cómo es de mayor». Y afirma que convertirse en Sarah Tobias en «Acusados», papel por el que obtuvo su primer Oscar, le cambió la vida de una manera que no entendió realmente en ese momento. «Tenía sólo 25 ó 26 años y no comprendía por qué me sentía tan atraída hacia ella ni de dónde salía mi interpretación. Mucho era inconsciente, vino del delegado de mi madre y de su madre. Estaba contando su historia, una historia de supervivencia, como herramienta para curar esa herida». Sobre el impacto social de esa cinta, que cumple 30 años, la actriz afirmó: «Resulta muy difícil valorar el efecto de nuestros propios filmes. Pero tienen esa capacidad. Las películas ofrecen a las personas la oportunidad de enfrentarse a cosas a las que en su vida normal quizás no pueden. A mí me ocurrió eso y espero que a otros también». Al reflexionar sobre los retos a los que se ha enfrentado en su carrera, la actriz destacó dos. El primero, el paso de niña prodigio a intérprete adulta. «No lo recuerdo muy bien, pero creo que tanto mi madre, que era mi representante, como mi agente, que sigue siendo la misma de entonces, pensaron mucho en cómo hacerlo, en cuáles eran los pasos correctos». El segundo fue la transición de actriz a directora, un proceso que recuerda difícil. Foster alterna desde entonces esas dos facetas, que exigen de ella cosas completamente distintas. «He trabajado con muchos directores, tanto primerizos como experimentados. Como actriz, intento servirles, estoy siempre tratando de averiguar qué quieren decir, cuál es su visión creativa y cómo puedo ayudarles a conseguirla», explicó. La realización la ve como una combinación de estructura, por un lado, y amor y libertad, por otro. «Los buenos directores son como los buenos padres. Estos te dicen que tienes que estar a las 9.30h en el coche y que a las 9.45h habréis llegado al destino, pero te dan libertad para construir cosas entre esos dos puntos». Aunque como espectadora se define como amante de las películas en general, a la hora de ponerse detrás de la cámara se siente especialmente atraída por las historias que «desprenden verdad, muy reales»: «Me atrapan completamente. Me olvido de dónde estoy y me involucro mucho en la interpretación de los actores. Creo que tienen la capacidad de ayudarte a que te descubras a ti mismo y convertirte en una persona mejor». Al repasar su filmografía, Foster lamenta que varios de sus filmes no despertaran la atención que a ella le hubiera gustado: «Hay algunos que significan mucho para mí, que quizás no son películas perfectas, pero me entristece que se olvidaran tan rápido. “El castor”, por ejemplo. Representó un momento importante de mi vida como directora. Es una cinta rara, no para todo el mundo, que además se vio afectada por circunstancias difíciles durante su estreno, pero es una historia en la que pienso mucho. “Nell” es otra que me cambió la vida, así como “La extraña que hay en ti”, pero la gente no habla mucho de ellas».
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