El infierno del español que sobrevivió agonizando en el mar con la cadera rota

Han no es el único Solo de la taquilla española. Por «casualidad», la película de Hugo Stuven llega a las salas tras la aventura espacial en solitario del gamberro contrabandista de Star Wars. Pero sin Halcón Milenario ni Chewbacca, sino mucha angustia y el vasto océano. «Solo» retrata la odisea real del español Álvaro Vizcaíno, que termina encontrándose a sí mismo tras precipitarse por un acantilado en Fuerteventura. Tras dos días perdido en el mar, con la cadera rota y sin nada a lo que aferrarse, el surfista terminó encontrando en sí mismo el empuje necesario para salir a flote y sobrevivir, al sufrimiento físico pero también al emocional. Pero primero se rindió, y a punto estuvo de dejarse arrastrar por las olas. «Hay un momento de la película en el que el protagonista decide que va a morir, lo asume, y esa determinación es suya, no de la isla. Siente una profunda tristeza y soledad. De ahí el título, que me pareció potente», reconoce en una entrevista con ABC Hugo Stuven, para quien trabajar con Alain Hernández en su segundo largometraje ha sido un regalo, porque es alguien «con una presencia increíble». «Siempre le digo que me recuerda a un actor antiguo, con esa mirada profunda, tiene algo», bromea. El actor catalán, protagonista absoluto del filme, deja la sotana del Padre Salvador de «Que baje Dios y lo vea» y se sujeta al invento de la tabla de surf, soportando las inclemencias del tiempo, la bravura del mar y la cámara, que persigue su sufrimiento, como un lastre, casi en cada plano de la película. «Alain hizo el 85% de las escenas de acción y te dabas cuenta de que si algo fallaba no se iba a hacer un esguince, se iba a matar», admite el director, para quien rodar a merced de la naturaleza fue todo un reto, superado al mantener «la elegancia en los planos pese a las difíciles condiciones». A veces tenían que repetir la escena porque el mar los desplazaba 25 metros; otras, aguardar a la recuperación del protagonista, que tuvo que ser atendido en un hospital por picaduras de medusa. «El mar va por su lado y tú vas por el tuyo», afirma Stuven. Y Alain, por todas partes. El mar lo corteja y empuja a su antojo, sin consideración ni clemencia. Y, frente a la acción trepidante, Stuven apunta a las emociones del personaje, «metido en la más oscura profundidad de su alma porque al final está solo para enfrentarse con sus miedos». Y en esa «tenebrosidad» surge la luz de Aura Garrido que, a su modo, le ayuda a salvarse. Atrapado no solo por la épica historia de Vizcaíno sino por la supervivencia emocional de su relato, con temas que le gustaban «como la pérdida, las segundas oportunidades o el sentimiento de culpabilidad», Stuven jugó con el thriller psicológico introduciendo pequeños homenajes en la película, como una angustiosa escena que honra al «Tiburón» de Steven Spielberg, «cosas frikis de directores». Y, aunque con «Solo» no pretende dar lecciones porque no es «quien para darlas», sí quiso retratar las consecuencias del viaje anímico del protagonista, mostrando, como la película «Náufrago», qué fue de él después de la hazaña survival. «Me gusta mucho una frase de la película, la de que "nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos", porque explica muy bien cómo ha cambiado el personaje, que al quedarse solo reflexiona sobre cómo ha tocado esas vidas. Una frase que resume la cinta: hay que saber tocar a la gente, porque se queda para siempre», concluye Hugo Stuven.
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