La chocante forma en la que una comensal de «First Dates» descubrió su homosexualidad

First dates «First Dates» se acerca ya a las 700 noches emitiendo desde su restaurante del amor. A Carlos Sobera parece que no se le acaban nunca los solteros con ganas de enamorarse ante las cámaras, y Cuatro ha encontrado un auténtico filón de audiencia en este dating show tan peculiar. Sorprende que tras dos años sigan llegando al restaurante del amor los personajes más inimaginables que pueblan nuestro país. Empezó la noche «un chico complicado, la verdad...pero también cabezón», de nombre David, cordobés de 34 años y empleado en una compañía de seguros. A modo de pista le dejó a su pareja la foto de un caballo, que dice el andaluz que es la gran pasión que quiere compartir con su pareja, sea quien sea. A sentarse con él se sentó Ana, una malagueña de 33 años que asegura que «la gente cuando me conoce piensa que soy una borde y una "mala follá", pero eso no es cierto». Resultaba que también ella tiene un caballo y le gusta montarlo, por lo que la cena empezaba con un punto en común. «No tiene pelo, pero es guapo, me ha gustado», reconoció Ana. Cuando llegó el momento decisivo, y contra todo pronóstico, ninguno de los dos quiso tener una segunda cita, por lo que cada uno se marchó por su lado. La segunda pareja de la noche estuvo formada por dos jóvenes lesbianas barcelonesas. Raquel es una barbera de 25 años que busca una chica «de mi rollo, que sea activa, que tenga carácter y que me aguante...Por que yo soy Piscis y como tal soy muy visceral». A primera vista parecía que había tenido suerte con su pareja, Zahara. Esta chica de 28 viene de una familia gitana a la que le costó mucho aceptar que su hija era lesbiana. Al poco de sentarse a cenar Zahara le contó a Raquel la forma en la que descubrió su homosexualidad. «Me fui a Madrid a jugar un torneo y estuve cuatro días saliendo por Chueca. Allí estuve liándome con chicas todos los días», contó la barcelonesa, «cuando volví a mi casa le dije a mi novio que teníamos que hablar y él me dijo "¿es lo que yo pienso', ¿quieres que lo mate?" Y yo le dije "más bien tendrías que matarla", se quedó blanco...». La cita siguió por buen camino y fueron dándose cuenta que su carácter y su forma de entender la vida era muy semejante. No obstante, Raquel tuvo un gran dilema durante toda la cena, y es que no acababa de atraverse a contarle a Zahara que le había sido infiel a su anterior pareja. Tuvo que ir Sobera a meter baza para que la barcelonesa confesase. Pero eso no cambió nada, pues tal y como era de esperar ambas se quedaron con ganas de una segunda cita, y salieron del plató dándose besos.
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