Crítica de «Misión imposible: Fallout»: Un cóctel agitado, batido e imbatible

Valoración de ABCPlay No sólo es la mejor película, sino también la que ofrece ya un frutero lleno de emociones maduras y relaciones más complejas y dignas Oti Rodríguez Marchante A las películas de Ethan Hunt y su equipo de agentes especiales se sabe a lo que se entra y cómo se sale: se entra a pasar el rato y a ver cómo el cine apura hasta la última gota de sus posibilidades de espectáculo mayúsculo, y se sale completamente despeinado. Esta es la sexta película de la serie y no sólo es la mejor, sino también la que ofrece ya un frutero lleno de emociones maduras y relaciones más complejas y dignas de no pasar inadvertidas entre el ruido, la furia y la espectacularidad… El personaje que interpreta Tom Cruise y la relación única e inimitable con el que encarna Michelle Monaghan (su amor, su esposa, su talón de Aquiles y su renuncia absoluta) adquiere tonalidades mayúsculas, que aún se rizan más con la consolidación de Rebecca Ferguson en el paisaje de las escenas de acción del grupo y en el elemento romántico de Ethan Hunt. La mezcla de fragilidad y fortaleza que ambos personajes femeninos le proporcionan a la personalidad de Hunt, lo equilibran fabulosamente entre la lírica y la épica. Luego está la aventura, la misión imposible, el ritmo y la tensión insoportables, todo ello a cargo otra vez del director Christopher McQuarrie, con el que Tom Hanks también mantiene un peculiar entendimiento sobre la física y la química del héroe (ambos lo tratan igualmente en Jack Reacher, personaje por el que Cruise tiene debilidad). Pero Ethan Hunt es insuperable, como Bond o Bourne, y aquí se le ve «crecido», «mayor», en todos los sentidos. Aunque repetidos película tras película, los momentos rociados con adrenalina aparecen aquí como nunca vistos, y las persecuciones y números de riesgo son absolutamente magistrales: motos, coches, helicópteros…, y una constante, persistente y machacante cuenta a atrás que le exprime hasta la última gota de adrenalina a la trama. Como es natural, en esa trama se enredan diversos hilos narrativos y nudos de espionaje, aunque todo es un gran macguffin para disfrutar la esencia de la función: llegar hasta donde no se puede llegar, y jugarse la vida en ello, tanto el personaje como el actor, que ambos comparten un algo de «suicida»: Cruise es Hunt hasta casi sus últimas consecuencias, incluidas roturas y accidentes de rodaje. En fin, que lo que ofrece esta última “Misión imposible” es ni un gramo menos de todo.
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