Crítica de «Llenos de vida»: La comedia humana

Valoración de ABCPlay Bacri y Jaoui brillan a la hora de convertir esa fiesta triste en un modelo de relato descentrado y visual, que evoca el cine de renoir Antonio Weinrichter Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri son viejos conocidos del cinéfilo atento desde que los descubrimos, de la mano del gran Resnais, en «On connait la chanson». Pareja en la vida real que esa misma vida separó, siguen siendo cómplices en la pantalla como guionistas, actores y realizadora ella, las más de las veces. Su obra ocupa un espacio híbrido en el mapa del cine francés: no encaja en el riguroso modelo del cinema de autor pero tampoco en el de esas comedias o dramas «comerciales» que por algún motivo llegan con tanta frecuencia últimamente a nuestras salas. Entiéndase, Jaoui y Bacri hacen películas excelsamente accesibles pero el rigor con el que están escritas (el suyo no es un cine del cuerpo pero sí, desde luego, de la palabra reina) las eleva sobre esa medianía complaciente que tiene tanto miedo de que el espectador se aburra. Y lo mejor es que alcanzan la excelencia sin pretensiones, como en aquella época en que no existía esa dicotomía entre cine de arte y cine de un gran público… que ya no va a las salas. El tema de «Llenos de vida» (incomprensible título español) es uno y trino, lo que quiere decir que no hay un gran mensaje encriptado, solo un episodio de la gran comedia humana. Una fiesta en una «maison de campagne» reúne a famosos de diversas generaciones y diverso grado de (an)alfabetismo tecnológico: la camarera en perpetuo estado de alerta «selfie», los «influencers», la estrella decadente de un programa de tele en la era de las redes sociales… La edad es un tema asociado: la arrogancia de los jóvenes, maduritos otoñales con parejas primaverales, y el pavoroso paso del tiempo. En esa gran mansión, como en toda obra que observa la comedia humana en una noche de verano, hay enredos, enamoramientos y rupturas… Bacri repite su patentado e irresistible modo de ogro; Jaoui es aquí una idealista que quiere llevar una refugiada afgana a su programa de cotilleos… Pero, sobre todo, Bacri y Jaoui brillan a la hora de convertir esa fiesta triste en un modelo de relato descentrado, visual y dramáticamente, que evoca el gran cine de Altman o, un poco más lejos, de Renoir. Para mí, no cabe mejor elogio.
a entrada fue publicada en Cine Y Películas, Críticas De Cine, Play. Guarda el enlace permanente.