Lo que no se ve de «Maestros de la costura»

Justo al lado del plató de «MasterChef», situado en la localidad madrileña de Fuente el Saz de Jarama, se oye un traqueteo de máquinas de coser. Allí se graba también «Maestros de la costura», el concurso de TVE producido por Shine Iberia (hoy, 22.30) y presentado por Raquel Sánchez Silva en el que el jurado formado por Lorenzo Caprile, María Escoté y Palomo Spain buscan al mejor costurero español. El taller de estos aprendices (no aspirantes, como en «MasterChef») es colorido y acogedor. La mayor parte la ocupan los puestos de los concursantes, que incluyen una máquina de coser, un costurero que recogen cuando dejan el programa y algún objeto importante para ellos. Al fondo están las bordadoras, y en un lateral la sala de espera, donde guardan sus primeros patrones y prendas, y la mercería, tan bien surtida que es la fantasía de cualquier amante de la costura. «Hay gente que lo hace bien técnicamente. Y luego alguno es más loco, o tiene que perfilar su estilo y sus ideas», reflexiona Palomo Spain sobre los concursantes, «muy bien elegidos» según Caprile, el que más «guerrea» con ellos, lo que le ha convertido en todo un descubrimiento televisivo. «Hay muchos perfiles diferentes y eso es lo bueno, que no todo es gente joven que estudia moda», puntualiza Escoté. Hoy, sin embargo, les toca aparcar su vena creativa. El reto es confeccionar un hábito (túnica, escapulario, esclavina y toca) para las monjas de la Venerable Hermandad del Refugio y la Caridad, que se fundó en Granada en el siglo XVI. La madre superiora Rosa de las dominicas de nuestra Señora de Nazareth es la encargada de mostrarle su austera prenda todoterreno. Las seis mejores las donarán a la hermandad. «Nos llamaron porque uno de los redactores nos conocía, porque es de allí de Granada, y tras varias conversaciones acordamos que sí. Ellos querían que fuese para algo benéfico, y nosotros vimos que no era un programa de ridículo. Las hermanas no conocían a los diseñadores, solo habían oído hablar de Caprile», cuenta la secretaria de la hermandad de monjas de clausura dedicada al cuidado de ancianos. Al grito de «¡A coser!», comienzan a trabajar. A Mahi, por ejemplo, le toca bajarse de los tacones para manejar los pedales de la máquina de coser. Aunque no paran, en el plató reina el silencio. «Su peor pesadilla es el estrés es el tiempo. Están muy nerviosos. Luego la moda tiene ese componente icónico y de fantasía que hace que le impresionen mucho los invitados», apunta Sánchez Silva. Además del jurado, tras las cámaras (steady-cam y una grúa) hay redactores y expertos en moda vigilándoles. Maestros de la Costura Aunque Lorenzo Caprile, María Escoté y Palomo Spain no estaban acostumbrados a grabar casi a diario, aseguran que están disfrutando mucho la experiencia. «Hay días que te ves mejor que otros, pero yo creo que lo principal es que ha habido mucha química entre nosotros», explica Caprile. «Y eso que no nos conocíamos, yo soy un dinosaurio», bromea el más veterano del trío, empeñado en evitar el uso de la palabra «modisto». «Aquí se ponen en valor un montón de procesos que no se ven. Solo vemos la parte bonita y mediática de la moda», añade. «Ojalá los diseñadores se conviertan en las nuevas estrellas del rock, sería un sueño», plantea Escoté. Vestir a los expertos Y es que «Maestros de la costura» se ha propuesto también ser un escaparate de la moda española. Palomo Spain, Alvarno, Roberto Verino, Minueto, Intropia, Kling, Pull&Bear, Victoria by Vicky Martín Berrocal y María Escoté son algunas de las decenas de marcas que desfilarán por el programa con Raquel Sánchez Silva y los jueces como maniquíes. Elena de Lorenzo y su equipo han elegido los más de treinta estilismos que lucirá cada uno. «Queríamos trabajar al máximo con moda española, y hemos podido hacerlo porque todos los diseñadores han apostado por el formato», comenta la experta. «Hicimos un trabajo previo con Raquel y a ella le encantó participar en el diseño de los looks. Prácticamente hemos confeccionado un desfile de todas las tendencias de primavera-verano. A partir de ahí nos poníamos en contacto con las marcas y negociábamos la colaboración y cesión», añade. «No estábamos cerrados a nada y también hemos usado marcas de la gran industria, aunque nos hemos centrado en las firmas», concluye De Lorenzo.
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