Isabelle Huppert reivindica su lucha por los papeles de mujeres fuertes en el cine

De una u otra manera, aunque el cine intente abrirse paso, el debate sobre la presencia de las mujeres en la industria audiovisual –y los abusos sexuales y de poder cometidos sobre muchas de ellas– está impregnando la edición número 68 de la Berlinale. Una muestra que en su sección oficial, curiosamente, ha dejado ya algunos iconos femeninos muy alejados de los roles tradicionales: es el caso de las protagonistas de la paraguaya «Las herederas», una pareja de lesbianas maduras que afrontan sus problemas financieros y la mirada acusadora de la sociedad, o de «Eva», el papel que trajo hasta la capital alemana a la actriz francesa Isabelle Huppert. Después de abrir los ojos como platos, como si no esperase la pregunta en la rueda de prensa, Huppert se aproximaba al micrófono para apoyar el movimiento #MeToo, pero también para introducir un matiz interesante. Una diferencia entre las palabras y los hechos. «Todo lo que surge de ese movimiento lo acojo con mucha simpatía y esperanza, hace mucho tiempo que todo esto que se ha dicho tenía que decirse», afirmaba la protagonista de «La pianista». «Pero tengo que decir que, desde que hago cine, lo hago para hablar de las mujeres de una cierta manera. Por eso estoy muy contenta de que ciertas cosas se hayan dicho... de manera definitiva, espero». Meses antes del «caso Weinstein», Huppert estuvo en el centro de un fuerte debate sobre el feminismo en el seno de la comunidad fílmica internacional. Su personaje en «Elle», que le valió hace un año una nominación al Oscar, hurde un maquiavélico plan para vengarse del hombre que ha abusado de ella, pero a la vez lo desea, y regresa una y otra vez a sus brazos. «Si pienso en similitudes entre ‘Elle’ y ‘Eva’, puedo encontrarlas», decía en Berlín. «Hay una cierta soledad en ambos personajes. Son muy inteligentes, nunca quieren que se las considere como víctimas, aparentemente tienen el control... Pero solo es eso, una apariencia. Detrás de la fachada hay algo más». «Eva» es una nueva aproximación a la novela de James Hadley Chase, que ya fue llevada al cine en 1962 por Joseph Losey. En aquella cinta, la protagonista era Jeanne Moreau; en 2018, Huppert se pone a las órdenes del galo Benoît Jacquot por sexta vez. Le da la réplica Gaspard Ulliel, un dramaturgo de turbio pasado que intenta desentrañar los misterios que esconde esa mujer de tan bíblico y pecaminoso nombre. Durante la comparecencia ante los periodistas, Huppert definió a su personaje como alguien nada arquetípico: «Me sorprendió, después de leer el libro, lo moderno que era. Era mucho más sutil y complejo que la imagen que tenemos de la ‘femme fatale’». El trabajo de los actores La intérprete aseguró que no habló con prositutas para preparar el papel, y al hacerlo expuso su teoría de cómo, a su juicio, deben trabajar los actores. «No, no hice eso ni me inspiré en otras películas. Con Benoît y con el diseñador de vestuario intenté establecer su aspecto visual... Así es como se prepara un papel. Creo que actuar se basa muchísimo en pensar. Simplemente hay que pensar en el personaje. No investigué ni me basé en ningún otro personaje. Es una mujer muy atípica, muy práctica, misteriosa... y eso la convierte en alguien muy ambiguo», decía, para luego añadir que quiso construirla como alguien dividido, capaz de sentir emociones contrarias a la vez. Benoît Jacquot, artífice de «Diario de una camarera» o «Adiós a la reina», confesó que el libro de Hadley fue, en el arranque de su adolescencia, el culpable de que se dedicara al cine. Que la historia se quedó con él durante décadas. Agradeció a Gaspard Ulliel y a Isabelle Huppert que quisieran hacer esta película, largamente acariciada por él, y que espera «que no sea la última, ya que fue la primera que quise hacer». Su actriz se dirigió a él con mucho cariño: «Benoît es un director que no filma mi cuerpo, filma mi alma».
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