La cara de sorpresa de una comensal de First Dates cuando su pareja le sugiere matrimonio

First dates A Carlos Sobera y los suyos se les acumula el trabajo. Decenas de solteros llaman a diario a las puertas de «First Dates» con la esperanza de que en «el restaurante del amor» también ellos tendrán suerte. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro. Y no hace falta que insista mucho. Cada día compadece ante las cámaras el personal más atrabiliario y peculiar que podamos imaginarnos. El primero en llegar fue Manuel, un hombre hecho y derecho de 25 años cuya mayor afición son los películas de Disney: «A veces hago quedadas con mis amigos para disfrazarnos y ver películas». Nadie diría, entonces, que es un «chico alocado» que necesita a alguien que le meta en vereda, como él mismo dijo. Si la cuestión era realmente disciplinar al macho, el equipo de «First Dates» no pudo haber estado mas acertado: le sentaron a cenar con Cristina, una joven aspirante a Guardia Civil. No parecían muy compatibles los emparejados, y Cristina no tenía cara de estar divirtiéndose demasiado hablando con Manuel de sus gustos frikis. La siguiente pareja fue algo mayor en edad. Por parte femenina estaba Sonia, una alicantina de 70 años, de espíritu joven y gustos jóvenes. «Me gusta mucho salir, tomarme mis vinos, estar con gente más joven», explicó la mujer, y siguió con un simpático error, «mi vida es un "aborigen" de muchas cosas"». También tenía muy claro sus gustos y preferencias: «Yo quiero un novio pero que se vaya a dormir a su casa, que no quiero lavar calzoncillos». Frente a ella se sentó Antonio, un elegantísimo empresario jubilado, también alicantino, que hacía gala de una perfecta educación y cortesía. Ambos estaban separados desde hacía años y habían llegado a ser felices en su soledad, pero con el tiempo acabaron echando en falta la compañía, y por eso acabaron sentados juntos en «First Dates». La conversación fue fluida y agrad able, de correctísimos modales y en la que los dos estaban divirtiéndose. Sin embargo, casi al final de la cena, él dejó caer la posibilidad de una hipotética boda con Sonia, algo que esta encajó un tanto pasmada. Su cara de desconcierto lo decía todo, y respondió con evasivas a la sugerencia. Finalmente, cuando llegó la hora decisiva, Sonia fue la primera en dar su veredicto, y emitió un «no» sin dudarlo. No fue la única, porque también Manuel, con la caballerosidad que le caracteriza, anunció que no quería tener una segunda cita con su pareja.
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