Un día de rodaje entre políticos catalanes (en su versión más cómica)

A mediodía, comienza en uno de los platós de Ciudad de la Imagen (Pozuelo) una jornada más de las grabaciones de "Bienvenido Mr. Wan-Da", el especial de Fin de Año de José Mota que analiza bajo la lupa del humor los hechos más relevantes del año. Yo nunca me había planteado que pudiera actuar, pero ahí estaba, dispuesta a ser una de las periodistas de los sketches sobre el conflicto catalán. Hacer de uno mismo no podía ser muy difícil. Los figurantes, que ya se conocían, me advirtieron: "Gran parte de nuestro trabajo es esperar", cuentan tras recibir el visto bueno del equipo de vestuario, mientras el equipo prepara las cámaras y José Mota se caracteriza como Inés Arrimadas, la primera de la larga lista de políticos que aparecen en la historia. Muchos de estos "actores sin palabras" van de serie en serie buscando una oportunidad para entrar en el mundo de la interpretación. Otros, se quedaron en paro con la crisis y han encontrado en la figuración una forma de ganarse la vida. "Yo soy informático, pero cuando tienes más de 40 o 50 es difícil que te contraten. Así ahorro para traer a mi familia de Venezuela", cuenta. Entre ellos me gané el apodo de "la periodista de verdad". Tras poco más de una hora, nos llaman para entrar en plató, que simula un pasillo del Parlament catalán. Mientras nos reparten las cámaras y micros de attrezo y nos colocamos como un corrillo de periodistas, yo repito mentalmente mi frase. José Mota, vestido como Arrimadas, saluda a todos y nos recomienda aparentar seriedad en la escena. Todo un reto mientras le vemos ensayar una escena delirante. Así que aprovechamos los ensayos para desahogarnos. "Preparados, motor...", dice el director. Y me lanzo a hablar antes de oír el acción. Me pudo la emoción. Empezamos de nuevo. "¿Ha quedado bien? ¿Divertido?", pregunta Mota, que entre escena y escena, como director, revisa que todo quede bien. "Es lo que nos hace falta", reflexiona. Incluso nos anima a improvisar. Él mismo lo hace con una soltura admirable. "Para mí el guion es una guía, pero también algo vivo", contó en una entrevista anterior con este diario. Mi diálogo con Albiol, por ejemplo, acaba cuando toca cortar tras un diálogo improvisado y un ataque de risa. Después, la escena se repite con Tardá, Junqueras, Rufián, Iceta, Albiol, Anna Gabriel... Convertirse en cada uno de ellos para la ficción supone más de una hora de maquillaje. Algunos los interpretan otros actores. Rufián, por ejemplo, es un técnico de sonido con un parecido sorprendente con el político. El final de la historia, ya sin periodistas-figurantes, se graba en un croma. Luego la posproducción los reúne a todos. Solo el milagro de la ficción puede conseguir algo así.
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