Un Eurovisión «low cost»

Estimulados por la sobriedad y contención de su ganador Salvador Sobral, la televisión pública portuguesa ha puesto en marcha su proyecto de Eurovisión 2018 con la meta de convertirla en la edición más barata del famoso concurso musical. Las administraciones del país luso, de acuerdo con la RTP, han fijado en 23 millones el techo de gasto, una inversión sensiblemente inferior a la de años anteriores. Según una información publicada por el periódico «Correio da Manhã», la televisión pública aportará casi la mitad del dinero necesario: 12 millones de euros para la producción y realización de las dos semifinales y la final. Por otra parte, Ayuntamiento, Turismo de Lisboa y Turismo de Portugal financiarán el evento con once millones. En esta partida se incluye el gasto por difusión, publicidad y montaje de otros escenarios clave en la organización como el Eurovillage (zona lúdica instalada en el centro de la ciudad abierta a todos los lisboetas), el Euroclub (discoteca del festival y punto de encuentro para disfrutar de la noche) y la Welcome Party (alfombra roja y presentación de candidatos). Pese al recorte en el presupuesto, los organizadores han prometido que el festival mantendrá el nivel de calidad del que todos los años hace ostentación. «Vamos a crear uno de los festivales más interesantes de toda la historia. Tenemos todas las condiciones necesarias para producir un gran evento televisivo que pueda promover nuestras industrias creativas y nuestras industrias de entretenimiento», señala el presidente del Consejo de Administración de RTP, Gonçalo Reis. Bakú 2012 costó más de cien millones de euros Aunque cumplan con el límite de gasto, Lisboa 2018 no será sin embargo la edición más barata del concurso de los últimos años. Malmö 2013 ostenta el record «low cost» con 14,5 millones de euros, una cifra muy alejada de los más de 100 millones que costó organizar el concurso el año anterior en Bakú. Las cifras de los últimos años también son algo superiores: Kiev 2017 costó 30 millones de euros, Viena 2015 situó la factura en 26 millones y Copenhague 2014 se disparó hasta los 46.
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