TV3: Frontera kitsch

Pese a todo, lo más visto en Cataluña no es TV3, sino Telecinco. Esto tiene un enorme potencial y me hizo recordar un libro de hace unos años: «Ministeri d’incultura», del joven historiador Andreu Pujol. Señalaba una realidad: el kitsch que consume el catalán es español (o en español, mejor dicho, porque se hace en Madrid por catalanes). Según el autor, el estrato culturalmente más bajo de Cataluña está abandonado a un producto español. Esa es la tesis, y en consecuencia, el Estado catalán del futuro deberá crear su propio kitsch. Lo que leen: estatalizar el kitsch. ¿Creen que es fácil lograrlo? ¿Piensan que Belén Esteban es fácil de crear? Para empezar tienen que encontrar una, es decir, debe existir esa forma de libertad que es el casticismo. Después han de casarla con un torero que se llame Jesulín, hijo de su padre y de su madre, capaz de llenar de ropa interior femenina una plaza de toros y de tener por mascota a un tigre llamado Currupipi; y ha de haber antes un mito de referencia, el romance entre folclórica y torero. Un Paquirri y una Pantoja. No vale con colocar a una de la CUP con Joel Joan. Hay un mundo de resonancias detrás que quizás llegue al donjuanismo solar taurino, al sistema de viudedad castellano, o al romanticismo moro granadino. Hacen falta siglos para esto. Y después, para colmo, hará falta encontrar a una María José Campanario. Fácil no es. Piensan que un Estado lo podrá todo. ¿Pero qué creen que es un Estado? Volviendo al inicio. TV3 tiene un límite en su carácter «público». Sirve para «construir país», para hacer catalanes, no para entretenerlos. Se ha señalado la influencia sionista en Jordi Pujol, líder de un pueblo maltratado que aspira a un Estado como Israel. TV3 es el aparato audiovisual, pero lo pagan los del «pueblo elegido» y los que no. Mientras el separatismo se haga con dinero público y desde estructuras estatales, el asedio sociológico y político a esos «españoles de bajo nivel cultural» va a ser absoluto. Los desprecian y a la vez los temen porque son impermeables. Son como rednecks a merced de las bromas de barniz progre de todos los «Polònia»; y su vía de escape, quién lo iba a decir, es lo kitsch.
a entrada fue publicada en Criticas, Play y etiquetada . Guarda el enlace permanente.