Hay inmobiliarios que se prestan muy bien para las reuniones de amigos. Mi propia casa es uno de ellos. Cada vez que hay oportunidad, no dudo en convocar a mis amigos para una reunión. Diciembre es un mes bastante difícil como para organizar estas reuniones puesto que todo el mundo anda ocupado y corriendo como loco, buscando y comprando los regalos que hará ese día, también se suele decir que ese día hay muchas reuniones y que no se tiene tiempo. Pero si es precisamente la causa de invitación. El espíritu navideño desborda al parecer. Por eso este mes decidí hacer una de estas reuniones en el primer fin de semana que se presentó. Era una excelente oportunidad puesto que uno de mis mejores amigos retornaba al país para pasar el mes de fiestas con su familia, antes de regresar a su actual lugar de residencia en Atenas, donde se encuentra ejerciendo su carrera de Ingeniería Civil en la construcción de grupos habitacionales financiados por el gobierno de turno en Grecia.
Para que todo salga bien, decidí hacer un reacomodo de algunas zonas al interior de mi inmobiliario. Para empezar, llamé al jardinero y le ordené que embellezca el jardín como si de un palacio de Oriente se tratase, me interesaba que todo el perímetro del mismo fuese flanqueado con ejércitos de geranios y pinos enanos separados cada cinco metros. Al fondo del mismo le sugerí que hiciera un arreglo en torno a la piedra gigantesca que conservo en uno de los rincones, quizá unas hojas gigantes le dieran una buena sombra a aquella zona para aprovecharla como centro óptico del jardín. El jardinero sin duda tenía una vena artística bastante enraizada y me captó la idea a ala perfección, no tuve que supervisar la obra, puesto que siempre me salía con sorpresas. En efecto, en la mañana del día siguiente, el sol me permitió ver lo increíble del arreglo que había practicado. Mis dos sugerencias iniciales fueron coronadas con girasoles estratégicamente ubicados al pie de unos helechos jóvenes y las paredes habían sido decoradas con algunas masetas incrustadas entre las hiedras que trepaban por las paredes. Evidentemente el costo no era muy barato pero me pareció justo tomando en cuenta la proximidad de las navidades.
El resto del inmobiliario corría por mi cuenta y me dispuse a distribuirlo de la mejor forma. Empecé por la sala y vi que la podía “ampliar” con un par de movimientos simples. En efecto, el juego de sillones estaba al centro de la sala y un aparador cubría una de las paredes. Lo que hice fue mover el aparador hacia uno de los costados, casi al rincón de sala y trasladé el sofá más largo hacia la pared que antes ocupaba el aparador. También corrí la mesa de centro de sala para que quedara en el centro geométrico de la sala. La visión cambió notablemente y ahora la sala parecía más grande. Igualmente los muebles accesorios fueron extendidos sobre las paredes contiguas. La idea era, además de darle ilusión óptica de amplitud a la sala, crear corredores naturales pues tenía pensado invitar a una media docena de amigos con sus respectivas paredes y no quería quedarme sin espacio o con la sala tugurizada. Sólo falta el pequeño jardín interior. Ese afortunadamente estaba bien arreglado con antelación y sólo puse una pequeña mesa en el centro, donde pensaba colocar los bocaditos y algunas bebidas para toda la noche. Todo quedó listo.
Mi amigo Matías había llegado a Madrid la madrugada del primero de Diciembre y fue advertido con anticipación de que descansara bien puesto que esa misma noche debía reunirse con nosotros. Así lo hizo y fue de los primeros en llegar, la reunión se completó con mis amigos Oscar, Alexander, Roberto y Miguel, todos con sus respectivas parejas. Todos pertenecíamos a la generación de los ochenta por lo que el tema de la música fue coincidente, la música bailable estaba totalmente prohibida en esta noche especial. La pasamos muy bien y la mayor revelación de la noche vino de boca de “el griego”. En efecto, Matías nos contó que había tenido la oportunidad de conocer a Anthony Hopkins cuando el actor estuvo de vacaciones por Atenas. Allí le contó que planeaba hacer una gira mundial promocional. Esta revelación no hubiese tenido nada de raro si es que el recordado Hannibal Lecter no se hubiese referido a que piensa promover material musical compuesto e interpretado musicalmente por él mismo. Un sueño, que según Hopkins, venía postergando desde hacia dos décadas.


