Según leí hace algún tiempo en un artículo, los días de Diciembre transcurren más rápido y no porque sea el mes de celebraciones por excelencia sino por alguna razón científica que el artículo en cuestión nunca detalló. Es por esta razón, al parecer, que percibimos que el mes de Diciembre se nos va volando. Pero, al margen de esto, uno tiene diversas actividades como las reuniones de fin de año de la oficina, el encuentro con algunas antiguas amistades, las ceremonias de fin de año de las escuelas de nuestros hijos y, por supuesto, la decoración de nuestro propio inmobiliario al compás de las fiestas. Fuera de estas actividades, existe otra actividad que probablemente nos ocupe más tiempo que la sumatoria de la anteriores. Me refiero a la búsqueda y compra de los artículos de Navidad, incluyendo regalos para las distintas personas que tenemos en agenda, adornos para el árbol de navidad y, por supuesto, los personajes que adornaran el nacimiento y sus alrededores.
Recuerdo que el año pasado nos sucedió un hecho muy particular y que ahora evocamos con cariño. Por aquellas fechas, toda la familia andaba muy atareada pues uno de nuestros familiares tuvo que ser internado en el hospital para ser operado de urgencia por un problema a nivel digestivo. El problema se debió a los llamados divertículos por los cuales el intestino queda bloqueado en su tránsito regular y hay que cortar esa sección del mismo para luego volver a unir las otras dos partes. En el papel, simple, pero una operación bastante delicada y que requiere mucha precisión. El hecho fue que, el problema se suscitó de la noche a la mañana cuando llegábamos a la quincena de diciembre que es cuando mi familia arranca con la decoración navideña del inmobiliario. Fue allí que empezó el trajín y en lugar de tener como foco el inmueble, éste se trasladó al hospital. En efecto, había que movilizarse en una serie de trámites con el seguro, coordinar con el hospital, gestionar pases de visita, buscar donantes de sangre, coordinar los turnos familiares y todo lo que implica estos angustiantes momentos. Comprenderán que árbol de navidad y nacimiento fueron desalojados de la mente en un abrir y cerrar de ojos. Pasó cerca de una semana y mi pariente se fue recuperando de la operación, ya había salido de cuidados intensivos y el panorama familiar se clarificaba. Sin embargo, recién iba a ser dada de alta pasada noche buena. Era el 23 de Diciembre cuando nos dimos cuenta que no habíamos avanzado nada con respecto a la decoración del inmueble.
El 24 de Diciembre en la mañana, decidimos desempolvar los adornos navideños y armar tanto árbol como nacimiento en tiempo récord. La familia es muy católica y no se iba a perdonar una falta en estas fechas, mucho menos ahora que mi pariente había salido airosa de la delicada cirugía. Fue así que, las cajas conteniendo la parafernalia navideña iban saliendo del desván una a una. Primero nos dedicamos a armar el arbolito, insertando las ramas en el tronco y colocando las bombillas en todo el perímetro. Por encima las luces de navidad y por último la estrella brillante en la copa del árbol. La pared de la sala fue decorada con algunas cadenetas de papel oropel y otro batallón de luces intermitentes de color blanco. Pero el pánico y el desconcierto arribaron cuando abrimos la caja correspondiente a los adornos del nacimiento. Nos dimos con la sorpresa que el año anterior, por alguna razón perdida en el tiempo, no habíamos envuelto los delicados personajes en papel periódico y ahora casi todos aparecían quebrados, unos mancos, otros cojos y otros decapitados. Ni uno se salvó. Igual suerte corrió la cabañita en miniatura en cuyo interior iba el pesebre, se había desmoronado completamente y parecía zona de desastre. El Destino nos ajustaba. Eran las cinco de la tarde y quedaban pocas horas para el nacimiento del niño Jesús. Inmediatamente salí en busca del reemplazo para los personajes caídos en acción. Me dirigí al centro de la ciudad y, por supuesto encontré una batería de personajes de toda índole, me hice con dos docenas de los mismos y regresé a casa no sin antes entretenerme en comprar regalos y tarjetas para los miembros de la familia. Incluso me di tiempo de comer algo y de llevar comida rápida para la cena pues difícilmente íbamos a tener tiempo o fuerzas para cocinar algo.
Llegué como a las diez de la noche, justo a tiempo –pensé- pero cuando desempaqué las compras me di cuenta del error garrafal que cometí. Había comprado todo menos la cabañita. Lo que pasó fue que pensé en dejarla para el final, luego de comer y comprar los regalos y al final me salí olvidando. Ya no había tiempo para volver al centro y entonces mi mente se iluminó opacando las luces navideñas. Inmediatamente me dirigí a los estantes donde reposan mis vinilos y frenéticamente ubiqué los correspondientes a la letra “P”. Pat Metheny Group, Pink Floyd, Pat Benatar, Paco de Lucía, por aquí tiene que estar –pensaba-, Pérez Prado, Pato de Goma, y al fin, Parchis. No era que pensaba reemplazar la cabañita con villancicos del recordado grupo de comienzos de los ochenta, sino que recordé que el álbum de navidad de este grupo traía en su interior un nacimiento en tercera dimensión. No tuve más que abrir el álbum y la cabañita se desplegó mostrando un hermoso nacimiento, completo. Nunca pensé que un vinilo de Parchis fuera a ser tan relevante.

