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3 Septiembre 2007

¿Existe el amor a los animales......en un departamento?

Hace un par de semanas un terremoto sacudió el departamento de Lima en Perú. Una amiga que vive en un condominio en la ciudad me contaba que entre la amplia lista de normas de su edificio está la prohibición de tener mascotas.

Bueno, dicha regla se fue a los suelos ese día fatídico, que afortunadamente solo fue un espantoso susto para mi amiga. El caso es que durante el sismo todas las personas del edificio se abalanzaron hacia los exteriores con sus familiares, hijos y además una buena retahíla de mascotas de todo tipo: perros, gallinas, conejos, cacatúas, serpientes y gatos de todos los tamaños, formas y nombres.

Lo siguiente fue un pacto silencioso entre los habitantes, después del terremoto nadie ha vuelto a hablar de las reglas pero tampoco nadie ha denunciado la tenencia de animales.

La pregunta a partir de esta extraña anécdota es precisamente el destino de las mascotas en los departamentos. Ayer fui a visitar el nuevo departamento que mi hermano y su prometida se han comprado. Lo primero que noté al subir las escaleras hacia el segundo piso fueron los aullidos profundos y perdidos de un perro en alguno de los departamentos del edificio. Afortunadamente mi hermano y mi futura cuñada tienen sueño profundo, pero este no es el caso de otras personas, entre las que me cuento yo.

Para estas épocas el crecimiento urbano está siendo planeado para simplificar la vida de los habitantes de las grandes urbes. Los departamentos se destinan, por ello, a cubrir las necesidades de una pareja o una familia pequeña de la forma más práctica y menos cara.

Lamentablemente, si lo pensamos bien, esta nueva vida urbana hace de lado la sana coexistencia que hasta hace diez o veinte años aún podía tener con perros, gatos y otros pequeños animales de compañía (en lo personal no sé que tanta compañía ofrece una serpiente pero bueno).

¿Quién no recuerda a esas dos populares rubias estadounidenses que andan exponiendo vidas y obras privadas por medio mundo y acompañadas de pequeños perritos de reducidas dimensiones refundidos en sus bolsos de diseñador?

Pues bueno, más allá de ser monumentos vivientes a la superficialidad humana, es de resaltar la forma en que las exigencias de la vida contemporánea reducen todo sin que nos demos cuenta. En este caso esos pequeños perritos chihuahua diseñados como accesorios para llevar en la mano o guardar en el bolsillo, son una muestra de que tan lejos puede llegar un ser humano para satisfacer los caprichos y exigencias actuales.

Tener una mascota no es simplemente lucirla de vez en cuando al salir a la calle o que sea fácil de guardar cuando estamos ocupados en otras cosas. Se necesita tiempo y dedicación para tener una mascota pues son como pequeños niños que nunca crecen y establecen un vínculo emocional muy fuerte con sus amos.

Por eso tener una mascota en un departamento no debe ser una decisión que se tome a la ligera. Quiéranlo o no debe planificarse seriamente porque implican una inversión económica y de tiempo. Claro está que los beneficios que nos dan personalmente son infinitos.

Hace algunos años se puso de moda la adopción de pequeñas mascotas virtuales que cabían en la palma de la mano. Debíamos alimentarlos, curarlos y asearlos como si se tratara de un animal real. Actualmente no es extraño ver en los noticieros matutinos notas curiosas dedicadas a cubrir la siguiente apuesta de mercados como Japón o USA con sus perros cibernéticos o sus robots multifuncionales.

La pregunta final es simple ¿podrán estos aparatos de avanzada superar la calidez de un gato o la ingenuidad y lealtad de un perro? La respuesta, personalmente, se me torna lúgubre cada que observo a los niños pequeños más inmersos en video juegos y mundos virtuales. Más aún, con la vida en edificios y departamentos, la idea de compartir ese espacio con un animal es pensada y repensada por padres y adultos en general.

Quizá piensen que sea más práctico tener una máquina que se prende y se apaga, que no necesita ser alimentada ni daña los muebles. Se ahorra, eso sí, en el ‘mantenimiento’, evitamos altercados con vecinos que detestan los aullidos nocturnos y los olores extraños en los ascensores. Sin embargo este es solo un paso en lo que significa la ‘simplificación de nuestras vidas’. Ya hace un par de días comenté sobre esos departamentos japoneses totalmente reducidos. Ahora están las mascotas.

Si con esto queda patente que nuestros hogares y animales pueden hacerse ‘prácticos’, ¿cuál será el siguiente paso en este proceso de simplificación de la vida del hombre?

servido por Lisette sin comentarios

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Lisette Prima

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