
Dicen los entendidos en cine que Julio Medem se muestra en sus películas como un poeta..., aunque para mí que mayormente podría calificársele como un proeta..., pero sobre gustos... Este último film suyo, esperado como agua de mayo por los eruditos del cine, siempre ansiosos de tragarse películas que no narren nada sino más bien nos intente comer el coco, es la prueba evidente de que el cine español es un gran fracaso...
La historia vital, tanto física como espiritual, de una tontuela jovencita, en sus primeros años de vida adulta, 18 a 22, su viaje mundano y mental por estos mundos de dioses de la nada, cual homenaje a la mujer que ha sido, es y será maltratada por el hombre, es de un pedante horripilante, de una alienación de cojón y de una horteridad que es barbaridad...
Nuevamente el cine patrio, que no patriota, nos planta en las narices un personaje mentiroso, muchachita en lucha consigo misma por autodescubrirse..., entre tanto nos abruma con su mente despierta y su preocupación por todo lo que le rodea: nunca he conocido a una veinteañera con tanta profundidad psicológica y emocional... En fin, ya podría haber ido a una discoteca, hacerse una pajilla, tomarse un par de tripis y no molestar al personal...
Medem es cursi, es baboso, es llorón, es aburrido, es pretencioso... ; es un fabricante de publirreportajes donde nos vende su ideologìa rancia a la par que peligrosa: enemigo de la libertad, amigo de lo ajeno. Y la chiquilla esta -la inédita Manuela Vellés -es, en el caso que nos ocupa, quien nos da el mitin, y la tabarra... O sea...

