¡ay va..., ay va..., ay va que vulgaridad! Así es la historia que cuenta Gerardo Herrero, con guión de la intelectual del género mínimo Belén Gopegui, y su ya clásico elenco de estrellitas galaicas acaparando los títulos de crédito: una cuarentona amargada que piensa que nadie la escucha, o sea, con la autoestima por los suelos, que ansía una polla como una olla donde pillar, pues su marido la dejó por otra más joven, y probablemente menos jartible que ella...
Encontrará al tipo, pero las circunstancias harán que también encuentre a la queridita del tipo... Y así asando, a los espectadores amargando, pues resulta que ella comprende a la chica, y la chica la comprende a ella; y el tipo las comprende a ambas, y todos nos comprendemos y ¡joé qué mamarrachada! Inaguantable...
No se busque más en esta película, pues no hay más... Personajes y ambientes estereotipados, los tópicos más típicos que podamos pensar; un final irrisorio, donde al parecer ella se convierte en visible, o sea, más inaguantable si cabe; y unos euritos que vuelan de nuestro bolsillo... Si viviésemos en un país serio, la ley habría actuado, hace tiempo, contra Gerardo Herrero: qué tío, no se cansa de parir filmes de destrucción masiva...

