Augusto M. Torres, autor de este bodrio, tanto de la dirección como del guión, también es, paradójicamente, crítico cinematográfico; es de suponer que se habrá puesto, como tal, un cero patatero o media estrellita... Porque, ciertamente, la cosa que ha rodado se las trae, en lo que cuenta y en cómo lo cuenta: una chica que regresa de Italia tras terminar sus estudios universitarios descubre por una misteriosa carta que su padre, recientemente fallecido, era director de cine, desentrañando poco a poco la ambigua relación entre ambos, quasi incestuosa...
Con Karme Málaga como protagonista, la hija atormentada, con menos luces que el seiscientos de Antonio Alcántara y más tonterías que un mueble-bar, nos introduce el film en su mundo, desequilibrado y desasosegado, del que es mejor huir, aunque a ella parece que le gusta regodearse y revolcarse en sus miserias...
El tono lánguido, la superficialidad de las interpretaciones, el guión debilucho, y un tema que no es, precisamente, del interés del común de los cinespectadores, es preferible pasar de puntillas sobre las salas que proyectan esta obra, entrar en un videoclub y alquilarnos "Los caballeros las prefieren rubias", por ejemplo...

