
Soy buena persona, por eso entré en la sala donde proyectaban esta película, me senté en la butaca al lado de dos devoradoras de palomitas (¡qué horror, deberían estar prohibidas!), y me tragué, a palo seco, sin ningún cubatita en el hígado, toda la cinta... Es mala, muy mala... Sinceramente, es malísima...
Adaptación de la mediocre novela homónima de la juntaletras Grandes, nos presenta la filosofía sentimental de cuatro compañeras de trabajo de una editorial barcelonesa. Aquí el primer problemilla, de los gordos, parece que las actrices han sido dobladas del catalán, o si no, que están comiendo polvorones mientras hablan...
Mujeres, las cuatros, a las que parece que se les ha pasado el arroz de vivir con plenitud de sus propias vidas y, por esto, pululan cual almas en pena autoflagelándose por su vida vacía, esforzadas en arriesgarse a su última oportunidad de cambiar su existencia, oportunidad que la reflejan en una aventura amorosa, en otro hombre para un nuevo momento...
Al final, esa rebeldía contra la norma se circunscribe, obviando un mayor calado de sentimientos, y sólo es una manera de reflejar la dependencia de estas mujeres por la sombra, y el calor, de un machote... ¡Feminismo al puro estilo feminista! No hay más que eso, y no se intente buscar más profundidad pseudofilosófica, que no la hay...
Narración inconexa, diálogos exasperantes, personajes superficiales, en esta producción mezcla de culebrón venezolano y serial progrechic neoyorquino, o algo así... La directora, Azucena Rodríguez, llevaba diez años sin ponerse tras de la cámara; por el bien del séptimo arte, espero fervientemente que pasen otros diez sin que vuelva a hacerlo...

