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5 Diciembre 2007

EL HOMBRE DEL PERIÓDICO Y EL IMPERDIBLE LIBRO DE URANTIA

Hay algunas personas que tienen una imagen distorsionada de la educación. Es la frase que podría resumir la noticia que me comentaba mi amigo Freddy el pasado lunes que nos reunimos en horas de almuerzo. En efecto, me reuní con mi viejo amigo de la Facultad de Literatura en uno de los ratos libres que se nos presenta a la hora del refrigerio. A Freddy lo conocí mientras llevaba algunos cursos de Literatura, en mi caso de manera complementaria a mi carrera y en el caso de mi amigo, como currícula regular de su carrera. Ambos compartimos el gusto por la lectura y nos recreamos en temas de diversa índole. Freddy es un poco más rigorista y gusta de la narrativa que ofrece García Márquez por ejemplo. Disfruta también con la agudeza descriptiva de Vargas Llosa. Pero estaba contando que nos reunimos para almorzar aprovechando la hora de refrigerio de nuestros respectivos centros laborales. Durante el almuerzo, Freddy me comentó acerca de la noticia que había leído y que registraba el robo sistemático de libros durante la Feria Internacional del Libro que se celebró hasta el último fin de semana en México.

Así es. Al parecer los ladrones han cogido gusto por la lectura y se dedican a robar libros durante estas exposiciones. El caso de la Feria Internacional de Guadalajara resulta atractivo porque es mundialmente conocida, pero no creo que este fenómeno se dé solamente en tierras mexicanas. Estos robos, en su mayoría, son efectuados con el ruin propósito de luego vender el material sustraído. Que bueno fuera pensar románticamente como lo hacen muchos escritores e intelectuales, quienes piensan que se trata de robos nobles y que de algún modo sirven para fomentar la lectura. Lo cierto es que desde Guadalajara se han reportado la pérdida de miles de libros, no uno o dos, miles. Las distintas casas editoriales han sido víctimas por igual, sin distingo alguno, a no ser por el común denominador de estos robos: la valía del ejemplar robado. Pero también se podría pensar que se trata de ladrones que tienen un gusto compulsivo por la lectura, un afán que les ha llevado a ofuscar su conducta y hacerlos caer en la bajeza de un robo. Esto último se hace latente en la figura del “Tipo del Periódico”. Me explico. Trascendió que en la última feria celebrada en Guadalajara, hubo un sujeto que asistió cada uno de los nueve días que duró la feria con el exclusivo objetivo de sustraer libros. Los testigos lo identifican como un tipo alto que lleva consigo una bolsa grande y unos periódicos. Bueno, si van a juzgar así, yo también pasaría a la fila de sospechosos por mis características físicas y porque siempre cargo un periódico conmigo y, en más de una ocasión, también una bolsa.

Cuando Freddy me contó todo esto, recordé una anécdota que protagonicé sin proponérmelo. Hace algunos años, tuve la oportunidad de asistir a una de estas ferias de libros. En aquella ocasión había ido como un despreocupado lector en busca de alguna novedad que me llamara la atención en un solo vistazo pero en ese momento no me imaginé que me toparía con un hallazgo de tal magnitud. Estaba paseando por los distintos puestos de libros, cuando de pronto me topé con uno especializado en temas esotéricos, una de mis debilidades más latentes. Vi algún material de Osho, otros de Deepak Chopra, los infaltables best sellers de Brian Weiss, los inquietantes e imperdibles Caballos de Troya de Benítez y una colección clásica de segunda mano de la serie Ariel Esotérica. Fue esta última colección la que me hipnotizó, al menos en un primer momento. Me acerqué y cogí uno de las entregas para ojearla, el título era Universos Paralelos. La publicación databa de los años setenta, del 74 si mal no recuerdo y era por demás interesante. Cuando me interesé por el costo, la señorita que atendía me dijo que se vendía la colección completa. El precio estaba fuera de mi presupuesto y continué mirando. De pronto una carátula que nunca antes había visto ni remotamente me “guiñó el ojo”.

Me acerqué entonces y pude comprobar que se trataba de tres círculos concéntricos de color azul cielo. El título del libro decía Libro de Urantia. Cuando lo libere del estante que lo contenía pude ver que se trataba de un libro bastante voluminoso. Traerá bastantes fotos -pensé- pero al darle una ojeada me di con la sorpresa que no había ni una sola foto y, lo que es mejor, las hojas eran del tipo Biblia y sumaban más de 2000. Cuando leí el índice caí fulminado. Se trataba de una recopilación de escritos que eran firmados por autores con nombres muy extraños para mí en ese momento, Melquisedek, Lardondiek, Estrella Vespertina, etc. ¿Qué es esto, el maestro de Tolkien? –Pensé-. Cuando leí las generalidades pude enterarme de lo que se trataba. Al parecer se trataba de un libro que había sido entregado por un grupo de seres celestiales a un grupo de personas especialmente elegido en La Tierra. Al parecer la entrega se había efectuado entre los años 1928 y 1934 de nuestra era y traducida al inglés. ¿Cómo no me había enterado hasta entonces? Y como niño hipnotizado en una juguetería, me senté a leerlo en una de las bancas contiguas al puesto al que pertenecía.

La carga de información era demasiada, una cosmovisión totalmente distinta de la otorgada por la mustia Iglesia Católica. Sólo el primer capítulo contaba al detalle las distintas jerarquías celestiales que gobernaban el Universo y sus distintas funciones, la descripción era fulminante. ¿Trinidad? Mucho más que es eso. El segundo gran capítulo se refería al Universo Local, al que pertenece nuestro sistema solar. Para esto estamos hablando de siete superuniversos. Y cada capítulo tenía numerosos sub capítulos con sus respectivos acápites, todos al detalle. Y continué ojeando el libro como un poseso. No recuerdo a que hora regresé a casa ese día, pero si recuerdo que traía un periódico bajo el brazo y que sin querer, me había llevado el libro sin pagar. Ahora que lo veo en retrospectiva, creo que se trató de un obsequio divino. Les recomiendo que adquieran una copia de este libro, El Libro de Urantia. Allí encontrarán todas las respuestas y más.

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Lisette Prima

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