Me siento muchas veces impotente al escuchar noticias o comentarios sobre la extrema pobreza en África. Mucha gente avienta migajas, dinero que les sobra. O bien dinero que podría comprar un espacio inesperado; a los “magnates pecadores”, en el cotizado cielo gracias a su aporte con la humanidad. No mucha gente supuestamente consciente se da cuenta de que la pobreza no se exterminará con limosnas. Una de las herramientas más eficaces para escapar del lamentable estado paupérrimo es la educación de la población rural.
El analfabetismo esta vinculado estrechamente con la pobreza, el hambre, y la falta de desarrollo.
La ignorancia estanca la productividad, descuida los aspectos de la salud y limita las oportunidades que permiten mejorar los medios de subsistencia. Esto es lo que ha venido sucediendo en el África subsahariana, igual que en muchos países subdesarrollados.
La tajada más grande de población se dedica a la agricultura y sin embargo la gente muere de hambre cada día. Más que triste, suena ridículo. Sobretodo porque esta labor agraria es un factor clave .para el desarrollo y crecimiento económico, sólo que la productividad es escasa debido a la falta de conocimientos hacia lo que es la tecnología. Por eso el rendimiento no llega a ser viable aunque la mano de obra sea intensiva.
Este aspecto de mejora educacional propone también acabar con los problemas de desigualdad de géneros, ya que las mujeres en zonas rurales siguen siendo discriminadas y no pueden aportar lo necesario para obtener una mejor calidad de vida.
Por eso debería hacerse un llamado de atención a todos aquellos que buscan autodenominarse héroes sin tocar a fondo la verdadera necesidad de esta gente. Muchos famosos priorizan el figurar más que fomentar la ayuda requerida para que ésta gente tenga las mismas posibilidades que nosotros. Primero deben desarrollarse como personas dispuestas a asimilar conocimientos, para luego desenvolverse en el ámbito cultural y poder poner en práctica sus ideas obteniendo mejores resultados.
Lo difícil es empezar a educar a quién ha llevado una vida entera sumida en el “no saber”. Es cambiar una manera de pensar fortalecida por los años de amarga pobreza. Es incentivar a quien no tiene mucha esperanza. Es mucho más factible la educación infantil que inculcar valores y conocimientos a quien esta acostumbrado a sobrevivir sin tomar la instrucción como algo indispensable.
Los niños siempre son entusiastas en cuánto a recibir esta clase de ayuda, más que nada porque no han asimilado la ignorancia como estilo de vida, y pueden amoldarse a cualquier tipo de cambio de mejor manera.
Por ello, además de ayudar a dicha gente a encaminarse, primero se tendrá que lidiar con la aceptación de que la ignorancia los ha apartado a vivir en malas condiciones durante mucho tiempo. Es un trabajo muchísimo más generoso ayudar a alguien a encontrarse como persona culta para que pueda manejar su futuro como merece, que pasar por su costado y donarle un plato de manjares. ¿Qué comerá luego cuando tú no pases por su calle? No solo de pan vive el hombre y mucho menos de lástima.

