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educacion

17 Enero 2008

EVOLUCIÓN DE LA EDUCACIÓN SEXUAL POR DISTINTOS CAMINOS

Recuerdo que no hace mucho tiempo, aún existía cierta vergüenza, pudor y hasta temor por acercarse a una farmacia a comprar preservativos. Ustedes deben recordar esos años en que dábamos mil y una vueltas antes de acercarnos al mostrador de la farmacia y solicitar un condón con mucha vergüenza. Bueno, pues así nos educaron, con muchos temas tabú y que eran impensados de ser utilizados como tema de conversación regular. En ese sentido, la educación ha cambiado radicalmente, o deberíamos decir que ha evolucionado tremendamente pues ahora los jóvenes piden con total naturalidad que se toquen estos temas y ni qué decir del momento en que están en la farmacia solicitando un preservativo. He visto que no dudan ni un instante y con decisión se acercan hasta el mostrador de la botica y piden lo que necesitan. En verdad es mejor así pues de esta manera tenemos una juventud responsable que se cuida de tanta enfermedad de transmisión sexual que existe y sobre todo, no traen hijos no deseados al mundo. Creo que en este sentido, los colegios laicos han hecho un gran aporte pues al carecer del influjo y el velo religioso, pueden tratar estos temas con total libertad haciendo que sea algo tan natural como las matemáticas o el inglés para los jóvenes educandos. Incluso ya desde los primeros años de la primaria, estos temas son tratados, si bien es cierto no en profundidad, pero ya el niño es familiarizado con estos temas.

Siguiendo con el tema de las escuelas, podemos decir que los colegios mixtos también han tenido su aporte, pues los niños interactúan con el sexo opuesto desde temprana edad, acrecentando su acervo de conocimientos acerca de la sexualidad y todo lo que esta implica. En efecto, ya no sólo se habla entre hombres o sólo entre mujeres sino que ambos recaban información entre sí. Al principio, como es natural, simplemente habrá tímidas miradas y uno que otro juego en los recreos pero con el tiempo esto va en aumento y la sexualidad va aflorando. La curiosidad es fuerte y no es raro encontrar niños espiando a las niñas en los baños de la escuela e incluso viceversa, pues con la liberación de los temas de índole sexual, la mujer ha aprovechado el pánico y reclama iguales derechos a la hora de enfocar estos temas. Como digo, a medida que van pasando los años, ya se ven grupos mixtos en los patios de la escuela, jugando o simplemente conversando unos con otros, ya las primeras parejas se forman y hay muchos planteamientos y cuestiones, casi nada se guarda y todo se conversa. Es más, cuando se da un embarazo no deseado, los primeros en enterarse son los amigos de la pareja involucrada y de ellos nace el consejo acerca de la postura que se debe tomar ante tal hecho.

Por su parte, la globalización también ha hecho su trabajo y gracias a sus tecnologías de intercambio ha podido satisfacer las miles de preguntas y dudas que tienen los jóvenes que despiertan al sexo. En este sentido, los foros han sido el centro de reuniones ideal con todos los ingredientes que se requerían y que todos siempre soñamos. Lo primero es el anonimato tanto del que pregunta como del que responde. Por ejemplo, para un joven debe ser bastante difícil encarar el tema de la masturbación y pregunta en un foro con total tranquilidad de que nadie sabe quién es. Comenta que se masturba varias veces al día, quizá dos o tres veces y otro forista le responde que es normal y que él lo llegó a hacer hasta 5 veces. Evidentemente hay sorpresas, ciertas o no, ese ya es otro tema pero de que se gana confianza, se gana confianza. Pero sin duda, la más beneficiada con todo esto ha sido la mujer pues aun en muchas esferas hay cierta segregación hacia ellas cuando se tratan los temas sexuales. En la mente del hombre está la idea de que si la mujer está interesada en saber del sexo, pues es una ninfómana o una mujer fácil cuando menos. Con esas ideas, qué mujer querría preguntar algo acerca del sexo en público o en una reunión de amigos. Ni hablar. Indudablemente los foros de Internet se convirtieron en grandes aliados e incluso se crearon sitios donde las participantes eran exclusivamente mujeres. Y no sólo en Internet pues en Latinoamérica proliferan los programas de televisión con contenido sexual dirigido hacia el sexo femenino.

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15 Enero 2008

LA DIETA QUE NO FALLA

Desde hace aproximadamente cuatro semanas vengo siguiendo una dieta rigurosa puesto que en los últimos tres años había aumentado varios kilos y casi sin darme cuenta. En retrospectiva, creo que un gran coadyuvante de esta situación fueron las múltiples reuniones y compromisos laborales a los que tuve que asistir. En efecto, muchas de estas celebraciones son llevadas a cabo bajo la modalidad de un almuerzo o de una cena y por supuesto, es difícil hacer coincidir la educación con los buenos hábitos alimenticios. Al menos a mí se me hace muy difícil desairar a un cliente o un compañero de trabajo que se ha tomado la molestia de hacer las reservaciones en un costoso restaurante y ha elegido la mejor cava de vinos. Además, muchos contratos y alianzas estratégicas entre empresas se “sellan” con una noche de copas a la que es muy improbable escapar. El resultado es la acumulación sistemática de grasa corporal en el cuerpo y sobre todo en zonas problemáticas y por demás vistosas como la cintura y el abdomen. Y he leído y estudiado muchos libros y artículos de nutrición que, al respecto, coinciden en señalar que los lugares de depósito de la grasa varían según las razas. Por ejemplo, los caucásicos estamos condenados a la acumulación de grasa en plena panza, los asiáticos tienden a acumular dichas reservas en la zona de la espalada y sin duda, la raza más afortunada es la raza negra, pues ellos acumulan lípidos en glúteos y piernas. Pero la peor parte la llevan las mujeres que al problema de la acumulación de triglicéridos, deben ver como se suma inexorablemente la celulitis. Bueno, cada quien con su tema, pero en lo que a mi respecta, no estaba dispuesto a seguir engordando, así que me enfrasqué en una rigurosa dieta que yo mismo calibré y programé. La misma tenía comienzo pero no tenía final, salvo sentencia del espejo. Ni siquiera pensaba guiarme por la ropa, no iba a parar hasta quedar como quería verme.

Fue así que preparé todo de la mejor forma, mi alacena literalmente fue vaciada de todo lo “inservible”. Conservas de paté y demás embutidos, fueron reemplazadas por latas de atún al agua, la leche entera fue exiliada del refrigerador y reemplazada por quesos frescos bajos en sal y yogurts descremados. Sólo el pan integral tenía orden de ingreso en mi hogar y por un tiempo limite de dos semanas, luego de lo cual los únicos carbohidratos de mi dieta provendrían de la ingesta de patatas sancochadas. Las grasas quedaban descartadas de plano y fueron evitadas como si de una plaga se tratase. Una buena fórmula conteniendo vitaminas y minerales se sumó al régimen para poyar la ingesta de verduras y frutas. La otra parte del éxito del programa, recaía en un minucioso planeamiento de ejercicios, sobre todo del tipo aeróbico. En cuatro semanas perdí cerca de diez kilos y aún pensaba continuar perdiendo unos cinco kilos más, según mis cálculos. Pero a veces la gente del entorno no colaboraba y cumplían con invitarte o mejor dicho ofrecerte algunos alimentos, seguramente no con mala intención sino por mera educación con una gran dosis de inercia. Mi madre me ofrecía galletas, mi hermano pan y los amigos, por supuesto, cerveza. Me mantuve y me mantengo incólume ante tanta tentación. Hasta personas extrañas me tratan de sabotear la dieta sin darse cuenta. Lo más gracioso me ocurrió el otro día que esperaba un taxi en la calle. Una señora se vino a parar justo al lado mío, teniendo todo el resto de la vereda para hacerlo. El hecho es que saboreaba cada mordisco que le daba a un postre con relleno de manzana. El colmo, pero si superé eso, creo que nada más podrá detenerme.

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11 Enero 2008

OBSERVANDO MÁS ALLÁ DE LO EVIDENTE

A veces una escena puede representar la falta de educación de una persona o una mala actitud, una suerte de desconsideración hacia la otra persona. Pero a veces esta impresión puede ser sólo la punta del iceberg que no permite discernir en primera instancia lo que se está tejiendo detrás. Esta situación describe a la perfección lo que sucedió en el gimnasio al que asisto, hace menos de tres meses. En efecto, todo comenzó a raíz de un problema postural que repercutía en un fuerte dolor en la zona correspondiente a mi espalada baja. Mi trabajo es estar sentado frente al ordenador un promedio de diez horas diarias y, al parecer, esta fue la razón principal de la inoportuna lesión. Sin embargo mis teorías apuntaban hacia otro lado. Hacía aproximadamente tres años que había dejado de entrenar en un gimnasio, justamente por este nuevo trabajo. Había estado cerca de seis años entrenando duro y parejo en el gimnasio, sin ninguna lesión de consideración y, hablando con un entrenador, me comentó que cuando se ha entrenado duro por un período de tiempo más o menos considerable y luego se deja, en seguida empiezan a aparecer muchos dolores que eventualmente se pueden volver crónicos y traducirse en lesiones, generalmente en las articulaciones como las rodillas o los codos y en la espalada baja, dependiendo del grado de actividad diaria o, mejor dicho, de inactividad diaria. Confío bastante en este entrenador pues no solamente tiene estudios en Educación Física, sino también en medicina deportiva y biomecánica, además de algunos cursos de psicología deportiva. Al menos de la gente relacionada al deporte, es el más capacitado que conozco. Fue él quine me sugirió que volviera de inmediato a los entrenamientos y que los dolores desaparecerían como por arte de magia. La idea me entusiasmo pero aún había un par de cosas por resolver. Lo primero era, recibir una segunda opinión, la opinión de un médico tradicional, especialista en Traumatología y la segunda era acomodar mis horarios en el trabajo si pensaba retornar en serio al entrenamiento con pesas.

Entonces pedí cita con el traumatólogo para esa misma semana y me revisaron. El doctor me dijo que tenía un pinzamiento del nervio ciático y que ese dolor se irradiaba a la zona de la espalada baja y que si no recibía tratamiento, el dolor se empezaría a irradiar, bajando por una o por las dos piernas, en su cara posterior. El tratamiento consistía en varias sesiones de quiro praxis o tracción en la espina dorsal, masajes localizados y utilización de técnicas de calor e incluso rayos láser. Paralelamente a esto debía bajar unos cinco kilos para restar presión a la zona lumbar. El tratamiento prometía extenderse por unos tres meses amén del elevado costo que representaba pues mi seguro no cubría este tipo de terapias, increíblemente consideradas como estéticas. Fue así que decidí optar por la salvación que me ofrecía mi entrenador. Bien, sólo restaba ver la mejor forma de acomodar mis horarios en el trabajo para poder avocarme de lleno a los entrenamientos, a recuperar mi antiguo nivel y sobretodo a erradicar esa molestia en la zona lumbar. Afortunadamente tuve la anuencia de mi jefe quien me permitía cierta tolerancia en la hora de ingreso, siempre y cuando terminara mi trabajo correspondiente a la jornada laboral diaria. De esta forma, me programé para entrenar en las mañanas, muy temprano. Debía estar ya comenzando a entrenar a más tardar a las 6:30 de la mañana, eso me daría tiempo para terminar sin más prisas que las que exige un entrenamiento a cabalidad, podría ducharme y vestirme con calma e incluso tomar desayuno antes de partir para el trabajo.

Tenía gran entusiasmo pues no solamente volvería a tener la exquisita sensación del dolor post entrenamiento, sino que me reencontraría con gente que no veía hacía mucho tiempo entre personal del gimnasio y alumnos fieles. El lunes de la semana siguiente arrancaba mi nueva etapa en el gimnasio. Legué un poco más temprano para no perder tiempo en la toma de medidas y el pesaje en la balanza. El entrenador me hizo varias preguntas y confeccionó mi rutina, tomando en cuenta la lesión que me aquejaba. Con cierta timidez comencé el plan de trabajo, esa semana casi no podía moverme por el dolor producido por el entrenamiento luego de mucho tiempo de para. Sin embargo todo marchaba bien pues era un dolor benéfico, sinónimo de un buen entreno. Y fue pasando el tiempo y cuando menos me di cuenta, el dolor en mi espalada baja había desaparecido por completo. Efectivamente necesitaba regresar al gimnasio para recuperar la postura y la fuerza en ciertas zonas del cuerpo. Y en todo este tiempo en el gimnasio me di cuenta de un detalle que justamente consigné en las primeras líneas de este artículo. Sucedió que uno de los ejercicios de mi programa debía ser efectuado en una máquina especial para el trabajo de piernas. De estas máquinas sólo había una en el gimnasio al que asistía pero daba la casualidad que siempre estaba ocupada, algo que me llamó la atención pues era muy temprano en la mañana. La máquina en cuestión, quedaba exactamente enfrente del vestuario de damas. Luego, advertí que la máquina estaba ocupada casi siempre por la misma persona, un tipo que prácticamente no justificaba su desarrollo en las piernas merced a todos los minutos que permanecía sentado en la mencionada máquina.

En efecto, el tipo llegaba casi a la misma hora que yo y aún seguía merodeando por la zona dos horas después cuando quien escribe procedía a retirarse. Al poco tiempo me enteré que no le habían renovado la matrícula a aquel tipo porque varias chicas se habían quejado de él. Al parecer era un mirón que se sentaba en esa máquina ya que, desde esa posición, podía otear el vestuario de las mujeres cada vez que la puerta de este se abría. Y yo que creí que simplemente se trataba de un disipado alumno o de una persona desconsiderada y sin educación en el peor de los casos.

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10 Enero 2008

¿QUÉ LE HAN HECHO A LA PRINCESA LETICIA?

A veces la educación está ligada a las leyes de la apariencia personal y supone, por ejemplo, vestirse de acuerdo a la ocasión para asistir a un compromiso. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de educación es sin duda la princesa Leticia que saltó en poco tiempo del mundo del periodismo a la casa real de España. En efecto, todos fuimos testigos del paulatino y sostenido cambio de esta bella mujer de comportamientos bastante sueltos y carismáticos. Poco a poco se fue volviendo más protocolar y más dura si se quiere, se notaba que medía cada una de sus palabras y sus pasos, hasta cambió su forma de caminar y de vestir, la forma de posicionar el cuerpo al momento de sentarse y en general todo lo que rezan los siempre sibaritas manuales de urbanidad. De la joven, bella y natural iba quedando nada. Pero hace poco vi una imagen que se convirtió en la gota que rebalsó el vaso por decirlo de alguna manera. En efecto, se pudo ver el cambio de imagen que le han practicado a la princesa Leticia y digo “le han” porque me resisto a creer que en su afán de refinamiento y estandarización con las costumbres reales, haya perdido el sentido del buen gusto y sobre todo la “distancia” que separa lo juvenil y fresco de lo anticuado y desfasado.

Con pena, desolación y hasta rabia, pude ver como le han echado al menos 20 años encima a la pobre Leticia y me quedo corto. Le han recortado el cabello al mejor –o debería decir peor- estilo de Greta Garbo o de Sarah Bernhardt. Estos ridículos bucles que ni a la niña prodigo Shirley le quedaron bien en su momento, sumados a una indumentaria negra, propio de una viuda de principios del siglo pasado, han terminado por enterrar a la original Leticia, esa joven llena de vida y de ilusiones de la cual se enamoró Felipe. Ahora luce contemporánea al rey Juan Carlos y compañía, quizá ese era su destino al hacer su ingreso en la Casa de los Borbón. Lo fatal del caso es que le hicieron ese look con motivo del setenta aniversario del rey Juan Carlos. Sólo espero que las cosas no se queden como están y Leticia vuelva al cabello lacio que tan bien le sienta.

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8 Enero 2008

LA EDUCACIÓN EN LA DEFERENCIA HACIA LOS DEMÁS

Esto de la Navidad también trae sus complicaciones. Cierto es que se trata de una fecha ideal para establecer contacto muy especial con las personas en general, no sólo familiares y amigos cercanos, sino también compañeros de trabajo o incluso gente desconocida como puede ser un taxista o el tendero de una tienda que no frecuentamos. Unos lo hacen por educación y otros por convencimiento propio, pero el hecho es que nunca falta un “Feliz navidad” para el extraño. Es bonito tener este gesto y creo que debería mantenerse a lo largo del año, mostrar esa especial deferencia hacia el resto y no sólo portarnos dócilmente cuando buscamos un favor. Recuerdo que de niños, la gente siempre elogiaba nuestra buena educación porque nos afanábamos en tener este gesto con las personas durante los días previos a la navidad. Con el tiempo esto se va perdiendo y la rebeldía propia de la adolescencia va eclipsando las muestras de educación y el egoísmo toma posesión de nuestro ser. Luego vienen las obligaciones propias del avance en la edad, y uno es absorbido por el sistema, andamos corriendo y apenas y saludamos por compromiso. Nos volvemos autómatas y cuando menos nos damos cuenta ya somos unos ancianos, inservibles para la sociedad y estorbo para los menores. No tenemos acceso a trabajos y tenemos que hacer malabares con nuestra pensión si es que tenemos la suerte de “gozar” de una. Sistema muy cruel que va aniquilando la inocencia del niño. Bien decía Jesús: “Sed como niños y entraréis en el reino de los cielos”, no es una frase muy difícil de entender para mí. A eso se refería exactamente, la vocación de servicio. ¿Alguna vez le han pedido un favor a un niño y este se ha negado o ha buscado alguna excusa para no hacerlo? A mi no me ha sucedido en ninguna ocasión, por el contrario, dejan de hacer lo que están haciendo y se concentran en ayudarte. Ese es el espíritu que debemos de tener todos. Y estaba repasando todos estos planteamientos filosóficos a raíz de las fiestas y por un hecho muy particular.

En efecto, hay gente que cumple años el mismo día de nochebuena o un día antes o un día después y, generalmente, son los olvidados. Pocos nos acordamos de saludarlos por su onomástico y resulta hasta paradójico ya que nos afanamos en celebrar la navidad y compartir con todos pero algunos se nos olvidan. En mi caso, tengo hasta tres personas en cartera. El primero de ellos es el menor de mis primos, el popular Renato, quien cumple años el día 23 de Diciembre. En algunos años, poco a faltado para que se me pase el saludarlo y no me gusta tener los cumpleaños apuntados en agenda pues no es un buen indicador del compromiso de uno para con la gente, así lo veo yo. Pienso que debe ser un acto natural que debe fluir sinceramente, recordar las fechas importantes por convicción y no por obligación. Este año no se me fue y lo saludé haciéndome presente en su casa, de paso veía a mis tíos que hace mucho no veía por nuestras respectivas y múltiples obligaciones. Fue ideal este año porque la fecha en cuestión cayó en día domingo y prácticamente no había pretexto para pasar por alto esta fecha. Renato cumplió 17 años y seguramente este año hará una fiesta a lo grande para recibir sus 18 años.

La siguiente persona que tengo en cartera es mi amigo Percy. Es un viejo y querido amigo de la época que estudiamos juntos en la Facultad de Comunicaciones y Periodismo. Un tipo bastante raro por decirlo menos, pero bastante instruido y con amplia cultura general y sobre todo bastante conocimiento de la escuela de la “calle”. En efecto, era difícil pensar que alguien pudiera sorprender o estafar a Percy. Siempre andaba atento a todas las modalidades de estafa o timo para saber defenderse. Confieso que aprendí mucho de él, a desconfiar de la gente y a ver un timo donde no lo había. Quizá sea un poco mezquino pero créanme que ayuda y mucho. Ultimadamente no se hace daño a nadie y se camina seguro. Tampoco me olvidé de llamarlo el día 25 de Diciembre, día en que cumplió 33 años. Estuvimos conversando bastante tiempo por el hilo telefónico acerca de las últimas zonas que había descubierto. Sucede que a Percy le gusta pasearse por las ciudades en busca de lugares donde venden cosas de segunda mano. Es un coleccionista empedernido de baratijas antiguas y cosas en desuso. Ya tendré tiempo de visitar estas zonas. Y la última persona que tengo en cartera es mi tía, la hermana de mi madre quien tuvo la genial idea de venir al mundo el día 24 de Diciembre.

En más de una ocasión había olvidado saludarla, lo cual resultaba por demás aparatoso pues vive bajo mi propio techo. Tenían que hacerme acordar para saludarla pues evidentemente ese día la mente anda puesta en la navidad. Sin embargo desde hace unos tres años me concentro bastante y se que esa fecha nacieron dos personas importantes en mi vida.

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20 Diciembre 2007

EL ACOSO SEXUAL ES UN HECHO TAN COTIDIANO COMO ASISTIR A LA UNIVERSIDAD

Por más que se trate de tapar el sol con un dedo para así ocultar la realidad en nombre de las apariencias y las buenas costumbres, el acoso sexual es un problema tangible en el sector educación. Diariamente una gran cantidad de estudiantes se ven sometidas a hostigamientos por parte de profesores y alumnos, situación que afecta directamente a su desenvolvimiento académico y personal. Por lo general estos actos inapropiados no son denunciados ya que, en muchas oportunidades, las universidades llegan a un acuerdo con las víctimas para que el nombre de la institución no quede mancillado. De esta forma el problema no se soluciona, por el contrario, se mantiene latente y se va a acumulando hasta que llegue el día en que saldrá a la luz y, cuando eso ocurra, la educación superior no volverá a ser vista con los mismos ojos por la sociedad.

Una de las principales causas de esta situación tan recurrente es la desinformación en torno al tema. La Ley define como acosador al que solicita favores sexuales en el ámbito de una relación interpersonal continua, generando en la víctima sentimientos de miedo y humillación, entre otros. Un profesor que coquetea con una alumna, la invita a salir o le hace una broma no es visto como una amenaza si es que los hechos han ocurrido de manera aislada, sin embargo, la continuidad y la reacción hostil por parte del docente ante la negativa de la alumna le dan a los hechos un matiz de acoso y es razón suficiente para proceder con una denuncia.

Las víctimas más comunes son aquellas señoritas que rondan los 22 años y que no tienen pareja. El rendimiento académico no es inconveniente para que los agresores escojan a una alumna en especial, así tengan altas o bajas notas, los docentes siempre tienen “la sartén por el mango” y pueden chantajear a las estudiantes amenazándolas con reprobarlas si es que no acceden a sus peticiones. En muchos casos la presión generada sobre las jóvenes es tan grande que altera sus emociones generando cuadros de depresión grave y estrés. Hace un par de años una alumna intentó suicidarse al no poder soportar la situación. Antes de llegar a este punto, su estabilidad mental se vio muy afectada ya que desarrolló angustia severa, pánico y pesadillas recurrentes.

La ley educativa española posee muchos vacíos en lo que se refiere a este tema. Por otro lado, países como Venezuela han reforzado la política educativa en torno a este problema mediante reformas a favor de las víctimas, por ejemplo: aquellos que cometan acoso sexual podrán ser castigados con prisión (entre tres y doce meses) en el peor de los casos, o han de pagar una multa que asciende hasta las 100 Unidades Impositivas Tributarias. Es recomendable que España siga el ejemplo de este país latinoamericano.

El problema del acoso sexual al interior de los centros educativos aumenta con el paso del tiempo y no sólo afecta a las mujeres, en algunos casos también se han registrado denuncias por parte de varones acosados por profesores de su mismo género. La manera más eficaz de solucionar este problema es con la intervención de las autoridades ya que velar por el bienestar de la población es la función principal del Estado. Tiene que actuar, es su responsabilidad.

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14 Diciembre 2007

ARRANCÓ EL JUICIO A EX PRESIDENTE ALBERTO FUJIMORI

Y esta semana comenzó el esperado juicio al ex presidente peruano Alberto Fujimori Fujimori. En efecto, el pueblo peruano esperó esta fecha por más de siete años, luego que el polémico personaje renunciara a su cargo desde el Japón, país donde se asiló en el año 2000. Como recordamos, Alberto Fujimori fue detenido apenas pisó suelo chileno, en una temeraria maniobra que hasta ahora nadie se explica. Luego de eso, el Perú esperó pacientemente por varios meses antes de que el expediente de extradición del ex presidente fuera aprobado por las autoridades chilenas. Esto se logró y ahora Fujimori entró en la recta final de su destino.

Sin embargo, las primeras imágenes que nos trajo la televisión mostraron un Fujimori manejando la situación y respondiendo a casi todas las preguntas con sobriedad e incluso, por momentos, burlonamente. Fue tanto el tono sarcástico de Fujimori que en un momento el fiscal que lo interrogaba le indicó que era él quien mandaba allí y que se limitara a responder las preguntas. Lo dijo en una forma educada pero Fujimori pareció perder el aplomo cuando se le hicieron algunas preguntas sobre los casos de violación de derechos humanos por los que viene siendo juzgado. Al parecer se trató de una maniobra preparada, pues minutos después se anunció la postergación de la sesión de la tarde aduciendo que el ex presidente se sentía mal porque le había subido la presión luego de sus encendidos gritos y llamados de atención acerca de la labor pacificadora que realizó. Creo que Fujimori se desubicó y creyó que durante el juicio lo iban a felicitar por su acción antiterrorista. Lamentablemente toda la buena historia que escribió con la mano, la terminó borrando con el codo al cometer excesos con muchas muertes de inocentes durante su régimen.

La opinión pública por su parte, se mostró disconforme con el accionar del fiscal que interroga a Fujimori. En efecto, parece que el fiscal fue demasiado condescendiente con Fujimori y no tenía la mordacidad y la agudeza que requiere el puesto de la fiscalía suprema de un estado de derecho. El juicio continuó y se mostró a un Fujimori más moderado pero igualmente sarcástico que en más de una ocasión se amparó en el derecho al silencio que tienen los acusados, probablemente alentado por la actitud que mostró su ex asesor, también enjuiciado, Vladimiro Montesinos. Ya las primeras noticias que llegan hoy desde Perú, anuncian que habrá un cambio de fiscal para la sesión de hoy. Seguramente la prensa y la opinión pública presionaron para que esto suceda y se espera que el nuevo fiscal haga su labor de manera más enérgica y haga caer en contradicciones al ex presidente. Por su parte, Fujimori ha perdido la memoria convenientemente y no recuerda muchas cosas que sucedieron en su régimen y además su estrategia se basa en decir que el no tenía conocimiento de muchos hechos que se dieron durante su gobierno y, lo que es peor, que firmaba una serie de documentos sin leerlos. Se podría pensar entonces, en acusarlo de negligencia durante el uso de sus funciones pero entonces, la fiscalía se enfrentaría a que el juicio sólo se puede hacer por cargos establecidos durante el proceso de extradición. Parece que este juicio tiene para largo.

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13 Diciembre 2007

UNA EDUCACIÓN A PRUEBA DE BALAS

Hay veces que uno, sin proponérselo, se ve sometido a una acusación. Son momentos difíciles en que muchas cosas están en juego, como el prestigio, el honor, la credibilidad y por supuesto la educación que recibimos de nuestros padres. Quizá sea este último punto el que más nos preocupe al final. En efecto, no se puede tirar por la borda todo el esfuerzo que pusieron nuestros padres para que recibamos una educación de primer nivel. Es una forma de honrar y respetar su memoria y lucharemos hasta la última instancia para que esta no se vea mancillada. Digo esto porque me tocó vivir una amarga experiencia en que se me acusó de un robo que por supuesto no cometí. Los acontecimientos sucedieron cuando trabajaba en una tienda, hace muchos años. Quisiera compartir la anécdota con ustedes.

La historia tiene lugar hace más de diez años. Era un tiempo en que aún cursaba mis estudios de Educación Inicial en la universidad y paralelamente trabajaba en lo que podía, habiendo pasado por heladerías, autoservicios, estaciones de gasolina y hasta librerías. En el caso al que me refiero, me encontraba trabajando en una tienda de ropa. Había llegado a este trabajo gracias al aviso de una compañera de la facultad de Educación quien me indicó que su madre tenía una amiga que solicitaba dos personas para cubrir los puestos de caja y de ventas en su recientemente inaugurado local. Sin pensarlo dos veces, me presente a la dirección consignada y solicité una entrevista. Siempre me gustó ser frontal con los trabajos y hablar directamente con el propietario del negocio. En esta ocasión no fue diferente y fue la propia señora quien me atendió. Se interesó mucho por mi carrera de Educación Inicial indicándome que ella tenía un nieto un tanto problemático y que quizá habría la oportunidad de que le diera algunas clases particulares a manera de refuerzo de su escuela. El trabajo parecía sonreírme, si no lo conseguía en la tienda como era la idea original, seguramente sí lo haría dictando clases a un mocoso rebelde. Probablemente hasta fuera mejor, ya que el trabajo era por horas y podría acomodar mejor mis horarios en la universidad. Finalmente la señora, dueña de la tienda, me tomó para el puesto de ventas en su local, luego me confesaría que la facilidad de palabra inclinó la balanza en mi favor.

A la semana siguiente de la entrevista, ya estaba trabajando en el área de ventas de la tienda. Era un local relativamente pequeño, no tan chico como para ser regentado por una sola persona ni lo suficientemente grande como para que trabajaran más de dos personas. En efecto, en el local había una persona además de quien escribe. Se trataba de la chica que hacía la función de cajera. Ella era estudiante también y se encontraba cursando el segundo año de su carrera de Contabilidad. En poco tiempo congeniamos y logramos una buena química en el trabajo lo que nos permitió elevar los ingresos de la tienda y ganarnos un aumento en nuestras comisiones. Paralelamente a esto, la tienda quedó prácticamente a nuestro cuidado y la dueña sólo se presentaba los fines de semana para supervisar como iba todo, por lo demás, era nuestro menester pagar las cuentas del local, depositar el dinero en el banco llegado un tope y aplicar criterios en la compra de nueva mercadería y pago a proveedores. Pero no todo fue color de rosa y un problema se presentó.

Llegó un día en que la caja no cuadraba el fin de semana. Faltaban unos treinta dólares. Habíamos trabajado tan mecánicamente que no guardábamos memoria exacta de los ingresos y egresos, sin embargo llevábamos un cuaderno de control en donde todas las ocurrencias eran consignadas, pero allí tampoco había registro de esos treinta dólares, más bien confirmaba que faltaba esa cantidad. La dueña en esos momentos no pudo pensar otra cosa excepto que nosotros habíamos tomado el dinero “prestado” y fuimos acusados injustamente de robo. Esa noche me sentí muy mal y no logré conciliar el sueño pese a que mi conciencia estaba tranquila, pero a la mañana siguiente mi mente se iluminó y recordé que la cuenta del teléfono de la tienda fue justamente de treinta dólares y que fue pagada por la cajera. Esa misma mañana interrogué a la cajera al respecto y confirmó mis sospechas. No faltaba nada de dinero, más bien sucedió que ella no consignó el pago del teléfono en el libro de ocurrencias pues ese día no regresó al trabajo.

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12 Diciembre 2007

A VECES ES MEJOR NO SER EDUCADO

Siempre ando por la vida sin prisas, me gusta observar situaciones, analizarlas profundamente desde varios ángulos y encontrar soluciones prácticas. Sin embargo este ritmo puede traer problemas. Por ejemplo, hay gente que anda por el camino opuesto, a un ritmo frenético en que hacen varias cosas al mismo tiempo para optimizar y aprovechar mejor su tiempo. Se les reconoce porque pierden la paciencia con facilidad y andan apurando al resto dejando de lado la educación y la tolerancia. Por ejemplo, esto es algo muy notorio a la hora que se forma el tráfico en las calles. Fíjense bien lo que sucede cuando los carros están detenidos por una luz roja en el semáforo. Apenas la luz cambia a verde cediendo el pase, varios conductores hacen sonar sus bocinas sin importar la posición en la que se encuentren al momento del cambio de luz del semáforo. Es obvio y natural que el primero del cortejo de autos en espera arranque, en seguida el segundo, el tercero y así sucesivamente. Evidentemente el décimo en la fila arrancará con cierto retraso respecto a la visualización del cambio de luz. Pues bien, los “apuraditos” que se encuentran más allá de la décima posición se desesperan tocando la bocina de sus autos, incluso ya están viendo que la luz correspondiente a la calle contigua ya esté en color ámbar para empezar a “ajustar” a los de delante de la fila. Otra situación se ve en los estacionamientos, cuando alguien que busca sitio apresura al que está por salir sin siquiera darle tiempo a acomodarse el cinturón de seguridad o a calentar el automóvil.

Hemos nombrado un par de casos que suceden a bordo de un auto, pero veamos ahora lo que sucede cuando uno es peatón. En este caso es difícil que lo apuren a uno pues esto representaría un claro desafío y una falta de educación como mínimo, cosa que no sucede cuando las personas se escudan dentro de sus autos. A nivel peatón se da más bien la situación contraria y justamente quiero contar un caso en el que participé para mi mala fortuna. Como dije me gusta ir lento y sin prisas. Lo que me sucedió tuvo lugar en un supermercado mientras hacía algunas compras para los días sucesivos. Recuerdo que era bastante tarde y el establecimiento comercial estaba a punto de cerrar. Decidí priorizar entonces lo que cenaría esa noche y de inmediato me dirigí hacia la zona de las carnes. Al llegar me topé con una señora que tuvo la misma idea que yo y prácticamente estiramos el brazo al mismo tiempo para alcanzar las pinzas que nos permitirían recoger una pieza de carne. Mi educación me hizo abdicar el turno en favor de la mujer que se hizo con una de las dos piezas de carne que quedaban. Esperé y tomé la pieza de carne que quedó solitaria en la bandeja. A tiempo –pensé-, pero el Destino me tenía reservada una broma muy pesada.

Ya sin tiempo para adornarme, decidí comprar tomates y mostaza para complementar el trozo de bife que había adquirido, me dirigí a al caja y cancelé el importe de mis compras. Sin prisas, fiel a mi estilo, me dirigí a casa para cocinar la suculenta carne. La sazoné con poca sal y enseguida corté los tomates en rodajas grandes. No hubo tiempo para cocinar arroz, así que incrementé la ración de mostaza sobre la carne. Grave error. Esa noche me fui a dormir pensando en que había tenido suerte de encontrar ese último filete de carne. A las pocas horas empecé a sentirme mal, indigestado. Lo atribuí a los tomates, quizá no los había lavado bien o quien sabe le puse demasiada mostaza a la carne. Si y no. Al poco empecé a sudar frío y tuve nauseas, las arcadas eran muy violentas, más de lo normal, a continuación me subió al fiebre y empecé a tener temblores en manos y piernas. Paralelamente a esto, se me soltó el estómago pasando a convertirme en una coladera. Ahora sí debía correr al baño. Me dolía mucho la zona media del abdomen. A duras penas llamé al servicio de médicos de mi seguro que llegaron a los treinta minutos. Me encontraron sin color y con la presión muy baja, el cuadro de deshidratación era bastante severo y tuvieron que trasladarme al hospital de emergencia. El parte médico arrojó intoxicación por consumo de carne en mal estado, una de las peores y más mortales intoxicaciones a las que puede ser sometido un ser humano. Seguramente no advertí el mal sabor por el exceso de mostaza que le apliqué antes de consumirla. Estuve más de una semana en el hospital, mientras la infección remitía. Afortunadamente mis defensas eran buenas y logré sobrevivir. Por paciente y educado, me tocó un filete en mal estado, el último de la charola, aunque quizá la otra mujer también corriera la misma suerte por apresurada.

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11 Diciembre 2007

EL ABANDONO DE LA EDUCACIÓN EN UNA SITUACIÓN EXTREMA

De vez en cuando se dan situaciones en que uno pierde totalmente la educación y hasta el autocontrol que rige su vida. La verdad es que son momentos en que se tiene que alzar la voz para defender los derechos. Sin embargo, ya cuando las cosas han pasado y se analiza la situación en frío, uno no puede dejar de sentir cierta vergüenza. Lo que me sucedió fue algo inesperado y ante lo cual, repito, no pude dominarme. Los hechos transcurrieron mientras me encontraba compartiendo una amena reunión con mis compañeros de trabajo. Sucedió que aquel día, tocaba la reunión mensual de nuestro equipo de trabajo. Estas reuniones siempre tienen el mismo tenor amical y de integración, más que el de una reunión tensa y formal. En esta ocasión, la reunión había sido programada con dos semanas de anticipación para un día viernes en horas de la tarde en un local que siempre alquilábamos para este propósito. Uno a uno fuimos llegando al punto de encuentro conforme íbamos terminando nuestras labores del día y finalmente, cuando completamos la nómina, dio inicio la reunión. Como digo, más que una reunión formal de trabajo, se trataba de una amical conversación acerca de ciertos detalles del trabajo susceptibles de mejora. Todos aportábamos con sugerencias y recomendaciones para un mejor desempeño laboral tanto en tiempo como en rendimiento. Por ejemplo, se habló de la posibilidad de que los redactores creativos trabajaran desde la comodidad de su hogar como lo venían haciendo, pues estaba visto que sus mentes trabajaban mejor en un ambiente aislado y familiar como el que ofrecían sus propias casas. Más bien iba a resultar un grave error circunscribirlos al tráfico y la desconcentración propias de un ambiente común como una oficina, sin mencionar los gastos de transporte y refrigerio. En efecto, la creatividad está más allá de cualquier trabajo y debe ser apuntalada de la mejor manera, brindándole todas las facilidades para su desempeño ya que en ella reposa el éxito de toda empresa. Si esos cimientos fallan, la solidez de la estructura empresarial quedaría en alas del azar. Hubo consenso en este punto y se acordó elevar la propuesta a la jefatura.

La reunión continuó y se trataron otros puntos menores pero de igual importancia. Al cabo de una hora, se daba por terminada la reunión y por allí surgió la propuesta de irnos a comer. La idea fue bien recibida pues recién nos habían abonado el sueldo y era fin de semana, una combinación bastante peligrosa para los bolsillos. La decisión fue unánime y enseguida, pusimos manos a la obra. Muchas propuestas surgieron a propósito del lugar que elegiríamos para merendar, sin embargo pensamos que lo mejor era elegir un restaurante cercano para evitar que alguien se desanimara en el camino. No conocíamos ningún restaurante por la zona así que decidimos entrar al primero que vimos en el camino. Fue un error. Siempre me gusta comer en sitios recomendados o sugeridos y en este caso me tocó a mí comprobar porque es tan importante esta recomendación. Al llegar a la esquina, luego de haber abandonado nuestro lugar de reunión, nos topamos con un restaurante que ofrecía todo tipo de comidas rápidas y bebidas preparadas al instante. Paramos allí mismo y el pleno del grupo ingresó. Nos ubicamos en una de las mesas del fondo ya que fue necesario juntar tres de ellas para hacer una sola gran mesa donde cupiéramos todos. Una vez instalados, procedimos a ordenar. Uno a uno fuimos ordenando y, en mi caso ordené un sándwich de pollo extra grande y un jugo de piña. Las bromas entre los miembros del equipo se encargaron de hacer la antesala a la comida que la verdad, demoró un poco. Lo atribuimos a los casi quince pedidos distintos y esperamos.

Al fin llegó la comida, uno a uno fuimos atendidos y cada uno se desentendió de la conversación, estábamos hambrientos. El silencio se hizo en la mesa y cada uno apuró su platillo. En mi caso, devoré el sándwich en poco menos de cinco minutos y en seguida recordé que tenía un exquisito jugo de piña al costado. El vaso se veía rebosante, con la espuma que se forma tras el licuado coronando la parte alta del vaso. Un sorbete me ayudó a dosificar el jugo y debería decir, a salvarme de la desgracia que estaba por aparecer. En efecto, casi al finalizar el jugo, noté que el flujo de líquido se bloqueó. Eso haría indicar que el contenido del vaso había sido terminado, en cuyo caso un sonido característico aparecería al sorber el aire. Esto no fue así. Como digo, simplemente sentí como si la parte baja del sorbete hubiese sido bloqueada. En menos de dos segundos bajé la mirada para ver que sucedía, quizá un trozo de piña no licuada estaba taponando la entrada del sorbete. La piña no es de color marrón, además no tiene patas ni antenas. De un salto me puse en pie y pateé la silla tras de mí, al mejor estilo de Jerry Lee Lewis cuando entraba en catarsis. Había una cucaracha en el fondo de mi vaso. Empecé a dar gritos, producto de la adrenalina y a proferir una serie de insultos al aire. Como digo, la educación y el buen talante quedan abolidos en esos momentos. Como habrá sido de intensa la escena que mis compañeros no se rieron, lo cual era lo más lógico ante el jocoso incidente. En fin, tanto grito que al final la comida salió gratis, para todos. Me calmé cuando comprobé que el número de patas y de antenas del insecto en mi vaso, estaba completo.

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10 Diciembre 2007

LOS ACOMPAÑANTES SE OLVIDAN DE LA EDUCACIÓN EN LA PELUQUERÍA

En estos días el tiempo es oro y conviene administrarlo de la mejor manera para que el día nos alcance para todas las actividades que hemos programado. En efecto, la rutina del mundo globalizado exige que seamos disciplinados y muy acuciosos a la hora de distribuir nuestros tiempos, máxime si dentro de nuestro día están presentes actividades de diversa índole como el trabajo, la crianza de los hijos, un negocio propio, actividades físicas, actividades culturales o simplemente un tiempo libre para meditar y reflexionar. Este tema se me vino a la mente en una visita que hice a la peluquería donde calculé el tiempo que la mujer se demora en promedio para atenderse, el cronómetro marcó cerca de dos horas de ritual y francamente me pareció un exceso. Claro que está el otro punto de vista, el que señala que la rutina en la peluquería no pertenece al día a día, sino que se realiza una vez por semana o cada quince días y que además representa una forma de relajación para la mujer. Correcto, pero no olvidemos que muchas veces hay terceros implicados en el asunto, por ejemplo, abnegados maridos que acompañan a su mujer para cuidar al hijo mientras ella se atiende o, simplemente, el niño que se ve obligado a acompañar a su madre en caso ésta sea madre soltera o sea separada.

Como digo, la última vez que asistí a uno de estos centros, además de tomar tiempos, pude recrearme con unas escenas que fueron motivo de análisis. La principal fue la que protagonizó un niño que, a primera vista, podría ser acusado de haber recibido una mala educación. Quien escribe, estuvo observando la escena desde un principio y puedo dar fe de que el niño se comportó bien pero alcanzó su límite pasada la hora de espera. Yo había ido en plan de acompañante, no tenía anda que hacer en esas horas y pensé que era una buena oportunidad para revisar algunas revistas con las últimas tendencias en peinados mientras analizaba algunos comportamientos. Mientras esperaba, ingresó una mujer de aproximadamente 35 años de edad, muy guapa. Era alta, vestía un pantalón negro apretado y una camisa blanca parcialmente abierta, bajo la cual llevaba un sujetador que dejaba entrever un prominente busto. Sin embargo su cabello no iba a la par con su porte y ciertamente necesitaba una revitalización. Supongo que para eso fue a la peluquería. La mujer iba acompañada de un niño de aproximadamente ocho años de edad, deduje que se trataba de su hijo por la forma en que ambos se comportaban. Luego de su ingreso, la guapa mujer tuvo que esperar turno como todos, y el hijo fue arrastrado en ese mismo destino. Sin embargo, el niño empezó a comportarse muy educadamente, en los primeros momentos ni siquiera se movió de su asiento y simplemente le preguntaba a su madre acerca de algunas cosas nuevas que iba observando.

El tiempo corría y bordeaba la media hora desde que la mujer había ingresado en la peluquería. El niño ya se había bajado de su asiento y empezó a recorrer los distintos ambientes de la peluquería y a observar los cortes que las personas se realizaban, quedaba maravillado con los instrumentos de alisado y con los sprays que algunos peluqueros aplicaban. Pero eso duró poco y al rato el niño ya empezaba a coger varias cosas sin permiso, llegó a derramar un frasco de shampoo al apretarlo entre sus manos. Para esto, su madre ya había empezado a atenderse, pero, contrariamente a lo que yo había calculado, la mujer se mandó a hacer un tratamiento completo de cabello además de una manicura y pedicura completas, sin mencionar la depilación de algunas de sus zonas. El tiempo seguía corriendo y el niño preguntaba a su madre a que hora se iban a retirar. La madre respondía a esa pregunta cada cinco minutos y evidentemente también alcanzó su umbral de paciencia. El ánimo se caldeó y las relaciones se cortaron, el niño rompió en llanto y practicó un agudo y pesado berrinche y la madre se endureció. Pero era lógico que una conducta así se diera, era demasiado tiempo transcurrido, poco más de dos horas y sabe Dios si se llegó a completar el proceso.

Creo que es un exceso de tiempo, pasar tanto tiempo en la peluquería, al menos para un solo día. Quizá conviene distribuir los tratamientos a lo largo de una semana o aprender a realizarlos de forma personal. Si aún así no se pueden rebajar los tiempos, pues al menos hay que liberar a inocentes de semejante maratón.

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7 Diciembre 2007

EDUCÁNDOSE PARA COMBATIR LA INTOLERANCIA

¿Les enseñamos a nuestro hijos a ser tolerantes? Una pregunta bastante difícil de responder. Primero habría que reflexionar acerca de nuestra propia tolerancia que se ve absorbida por el vértigo de la rutina diaria. En efecto, si nos ponemos a pensar un poco en el tema, caeremos en la cuenta que casi ya no “tenemos tiempo” ni siquiera para las cuestiones más simples de la vida. Por ejemplo me ha pasado que al ir caminando por la calle, un auto se detiene y el chofer me pregunta si conozco la calle tal. Mi respuesta es casi refleja y digo que no la conozco, pasan unos cuantos segundos y caigo en la cuenta de que sí conozco la calle mencionada. De igual forma me pasa cuando alguien s eme acerca y me pide que por favor le cambié una determinada cantidad de dinero (muy pequeña) en unidades menores para poder dar un cambio a otra persona seguramente y, mi respuesta es igualmente apresurada y casi refleja. “No tengo” le respondo. A los pocos instantes me siento mal por mi reacción porque se que pude haber complacido el favor solicitado. Esa es la idea de tolerancia que tengo, no me refería a explotar ante cualquier pregunta o comentario mal puesto o mal entendido.

Lamentablemente he notado que esta situación se ha trasladado al seno del hogar. Por ejemplo hay veces en que uno le dirige la palabra a algún miembro de la familia y éste a penas te responde con monosílabos, en otras ocasiones hay que sacudirlos para sacarlos de su trance. Pueden estar sentados frente al ordenador, viendo televisión o leyendo un libro pero la situación es más o menos similar. La ecuación exigiría que se la persona detenga unos instantes la actividad que se encuentra realizando no para dedicarle su tiempo a la persona que solicita su ayuda sino para siquiera mostrar un poco de consideración y respeto. Nadie está diciendo que una persona no pueda concentrarse en algo pero en todo caso, puede hacérselo saber a la otra persona de una manera respetuosa y saludable para todos. Recuerdo que está situación de intolerancia no se daba en los ochentas, en más de una ocasión mis familiares o yo mismo paraba mis actividades para atender algún llamado, quizá el mundo no estaba tan globalizado ni tan acelerado como ahora. En la actualidad me eh dado cuenta que a veces ni contesto el teléfono y lo dejo sonando por varios minutos hasta que se cansan de llamar, incluso he llegado a hacer lo mismo con el timbre de la casa y, cómo no, con los servicios de Chat mientras estoy en el ordenador.

No sé cómo se presentará la historia en la escuela, pero me imagino que allí tampoco han caído en la cuenta del problema que planteo. Veo que los menores de la casa están igual de intolerantes hacia otras personas, más aún con el Internet y ni que decir de los video juegos que los envuelven por horas. Ahora los niños ya no son tan bienaventurados como rezaba la frase del maestro Jesús. Pienso que las escuelas y los padres deberían tomar acción conjunta para la resolución de este problema que se está convirtiendo en un peligroso pilar del egoísmo que es justamente de donde parten todos los problemas y las miserias del hombre. ¿Y usted, ha tomado cartas en el asunto?

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