
Fdo.: Daniel Jándula Martín
Málaga, mi ciudad de nacimiento, rinde estos días un homenaje a la que es mi película española favorita, junto a "El espíritu de la colmena". Una historia sobre el amor a la imagen, el amor a lo perdido, y el amor desprendido del amor. Una película que hoy es de culto, y que dentro del debate sobre lo que hay que hacer en el cine español para que éste despierte y pueda competir con otras cinematografías, tiene la categoría de ejemplo.
Se estrenó el año de mi nacimiento, 1980, en el cine Azul de Madrid, y duró una semana en cartel. Un segundo estreno, al año siguiente en los cines Alphaville, la dejó impresa en la mente y espíritu de una juventud que acudió en masa a verla en los inicios de la movida. Esta segunda oportunidad duró más de un año, y muchachos con chaleco amarillo, pelo rebelde y pendiente alarmante, se agolparon para verla una y otra vez en sesión contínua. Fue la ópera prima del reportero Iván Zulueta, y no ha vuelto a dirigir otro largometraje desde entonces. "La película la habré visto seis veces - afirma -. Me duele demasiado". Algo así me pasa a mi con la ciudad que ahora la proyecta en su festival de cine español.
Fresca, vital, hipnótica, libre, desesperante, inquietante, rara, entretenida, barata, letal, vampírica, arriesgada... estos y otros mil epítetos le sientan bien, pero sobre todo, la palabra que la define es: imaginación. En estado puro. Os dejo un fragmento aquí abajo...

