1.
La troupe de “El orfanato” no estará en los Oscars; se ha quedado fuera. No es ningún drama. Pretender que cada año los americanos nos tengan presentes en sus nominaciones es ambicioso y legítimo, pero poco realista. Hay una larga lista de otras cinematografías que producen hermosas películas en lengua no inglesa y que merecen su porción de gloria. Así que aceptémoslo, que tampoco es para tanto. Además: tenemos a Javier.
La decepción –si la ha habido- nos la hemos buscado solitos. Aquí tenemos la costumbre temeraria de sobredimensionar las cosas con tanto frenesí como ligereza. Si algo nos gusta nos dejamos poseer por el arrebato y lo elevamos a la categoría de excelso. Y va un joven director con meritoria experiencia en el cortometraje, hace su primera película y le adjudicamos el rótulo de genio y a su película el de obra maestra. Pero hay que ser más rigurosos.
“El orfanato” está bien. Y como diría aquel:“hasta aquí puedo leer.” ¿Se merece un Oscar? Pues eso.
Por fortuna, aún hay margen para que los académicos españoles no se sientan obligados a dar solidariamente su voto a la película de Belén Rueda con la falsa presunción de que esto le haría ganar prestigio de cara a los Oscars. Esta vez podrán votar sin presión y con ecuanimidad para evitar que se repita el lamentable (y excesivo, otra vez) aluvión de Goyas que se llevó “Mar adentro”.

Esta generación de realizadores jóvenes (Plaza, Balagueró, Cerdá, Bayona, Fresnadillo…) son gente muy preparada; sobre todo técnicamente. Además de conocer su oficio dan muestras de controlar muy bien los mecanismos de la industria: preventas internacionales, desarrollos multiplataforma, marketing viral… y toda esa cara del negocio del cine que antes era patrimonio de los gestores de contenidos (productoras-estudios) y no de los proveedores de los mismos (guionistas-directores). Estos chicos saben hacer películas, pero sobre todo son unos fuera de serie vendiéndolas.
Todo el cine que producen genera una expectativa inusitada. ¡Les salen fans a las películas antes de que se estrenen! Es un fenómeno muy interesante. Pero como en todo, hay un reverso de la moneda…
2.
Hablamos de “El orfanato”, “[• Rec]”, “Frágiles”, “La monja”… y de esta horda de jóvenes realizadores que las han perpetrado metiéndose al público en el bolsillo y enriqueciendo a las productoras que les financiaron sus proyectos.
Cada generación se expresa a través de un género dominante. Los carrozones de la Transición usaron la Comedia: era un tiempo de alegría, libertad, esperanza y desahogo. Estos de ahora prefieren el Terror. Y resulta esclarecedor que hayan elegido el miedo como elemento vertebrador de sus historias ergo sus discursos personales, pues el miedo se está adueñando de esta sociedad y los que la conformamos.
Las suyas son películas sobre la muerte, habitadas por seres amenazadores, espectrales, malignos, con apariencia humana pero que no son humanos; entes sombríos, sin alma, que existen pero no están vivos. A mi juicio, sus películas son así también. Es cine (o lo parece), pero le falta algo. Son “cools” y dan mucho miedo. Pero ¿qué más? ¿De qué hablan? ¿De monstruos, zombies, fantasmas y vampiros…?
“La mosca”, “El increíble hombre menguante”, “La invasión de los ladrones de cuerpos” eran films cuya lectura iba más allá de la peripecia de los personajes.
La sociedad norteamericana de entonces se sentía angustiada por la amenaza alienígena, atómica y comunista, y aquellas películas de terror clásicas lo reflejaban en un segundo nivel de interpretación.
Cuando hablo de que a esta hornada de películas españolas les falta algo me refiero a esto.
En los films de Jaume Balagueró y compañía la gente normal se muestra torpe, pusilánime, temblorosa, atormentada por la idea de la muerte y de morir. En cambio, los muertos son seres agresivos, que gritan, corren, persiguen, atacan, muerden, devoran… ¡Es como si estuvieran más vivos que los vivos! Qué paradoja: los que ya no viven anhelan sentirse vivos mientras los que lo están deambulan por la película a merced de los acontecimientos, sin ningún control sobre lo que ocurre. Lo encuentro sugestivo. Y si quiero creer que, además de hacernos pasar miedo, estos chicos quieren decirnos algo la pregunta es: si la mayoría podemos identificarnos con esos vivos que no saben vivir… ¿quiénes son “los otros”?

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Trailer de El Orfanato.

