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Encuentros en la Fase

Cine y Fe

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13 Junio 2007

La vanidad en el cine de Jim Jarmusch

Jim Jarmusch es uno de los cineastas más independientes e interesantes del cine norteamericano actual. Se le incluye en la generación de escritores y artistas como Raymond Carver, Robert Crumb y Eric Fischl; generación que a principios de los ochenta representaron una forma de hacer arte muy distinta y conscientemente opuesta a la administración Reagan y su cultura del “ojo por ojo” y “dispara antes de que te disparen”; situación ya definida con anterioridad por Francis Scott Fitgerald y William Burroughs, entre muchos otros. Con tan sólo diez films y cincuenta y pocos años, Jarmusch es considerado ya como “el director más influyente de los ochenta”, según la revista Rolling Stone; e incluso Quentin Tarantino ha dicho de él que es

“lo único de lo que la América de hoy puede sentirse orgullosa”
Para colmo, su influencia está presente en la obra de cineastas como Spike Lee o Kevin Smith. FNAC España ha editado algunas de sus películas en forma de retrospectiva, junto a otros directores influyentes y su última cinta, Flores rotas, ha sido objeto de entusiastas críticas por todo el mundo. Semejantes elogios nos dan una pequeña idea de lo que puede significar cualquier opinión que esta persona exprese; basta cualquier palabra, cualquier reflexión suya, para que el mundo del celuloide, y por extensión el arte de la vida, parezcan detenerse y prestar atención. En realidad, casi ninguno de los nuevos talentos independientes, puede rechazar su deuda con el cine que Jarmusch expone.

Coffee and Cigarrettes, quizá su película más comercial a la vez que característica, no es algo a lo que estamos acostumbrados, en el sentido convencional que todos tenemos en cuanto a una intriga lineal. Tampoco hace mucho por jugar con la historia, enseñándonos el final al principio, o yendo hacia atrás. Simplemente es una serie de cuadros en los que la gente se sienta con un cigarrillo y un café y habla de ciertos temas. Es una película que habla de lo que ocurre “en el medio”, como le gusta llamar Jarmusch a su forma de contar historias y preocuparse de los pequeños detalles, para él lo más importante. Para que entendamos mejor qué significa escuchémosle un momento:

“Hago películas sobre las pequeñas cosas que ocurren entre los seres humanos. En la mayoría de las películas, si un chico recibe una llamada de teléfono de su novia que le dice <>, el siguiente plano que se insertará en la sala de montaje será el del chico llegando a la puerta de la casa de su novia. Sin embargo, yo estoy más interesado en lo que le ocurre de camino a casa que en las otras dos secuencias. ¿Qué vio el chico en el tren? ¿Qué comió? A mí me interesa lo que ocurre en el medio”
Y esta película está hecha a base de cosas que suceden “en el medio”. Cuando oímos las conversaciones, nos vamos dando cuenta al mismo tiempo de que pasó algo antes de esa situación, y hay una puerta abierta a pensar qué ocurrirá con los personajes dentro de un rato o al día siguiente.

Hablo de esta película a modo de introducción, porque ha tardado más de una década en realizarse, con lo cual una parte importante de la vida y la sensibilidad del director está también contenida en la cinta. La evolución que ha seguido el pensamiento de Jarmusch se refleja en la pantalla. Ciertos rasgos, manías y guiños adquieren matices distintos (como ocurre en la primera y en una de las últimas historias, en las que aparece una frase similar:

“la música y la medicina son mis dos pasiones, y trato de compaginarlas.”)
Notamos una cierta diferencia en ambas situaciones, que al mismo tiempo son muy similares.

La historia de la película empieza en 1986. Jarmusch escribió el guión de un largometraje titulado Coffee and cigarrettes, y lo dividió en cinco capítulos en los que un par de actores o tres hablaban de lo malo que era la combinación de café y cigarrillos para la salud. Se rodaron todos los capítulos entre el año 86 y el 93, estrenándose dos de ellos como cortometrajes en algunos festivales; el primero de ellos, protagonizado por Roberto Benigni, obtuvo algunos galardones en importantes eventos independientes. En el año 2003, Jarmusch los recogió todos y añadió algunas historias más, aportándoles unas dosis mayores de atmósfera relajante y restándole ambigüedad a las conversaciones, logrando un notable resultado. Las historias están rodadas en blanco (cigarrillos) y negro (café); alrededor de una mesa y en siete u ocho minutos, por medio de conversaciones de toda clase y temática (desde música a la fama, pasando por la creatividad, la ambición, el rencor, la hipocresía...); conocemos la condición de los personajes, su contexto, dé dónde vienen y hacia dónde se dirigirán después (“en el medio”). Tenemos pues, al contemplar este film, la excusa perfecta para hablar de un cineasta poco corriente, cuyas películas son consideradas “de culto” por los cinéfilos.

Jim Jarmusch nace en 1953 en Ohio, en una gris ciudad industrial, cuya única diversión consistía en el paso periódico de un zepelín que surcaba extrañamente su cielo nublado. En 1972 decide por fin salir de la ciudad y estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Columbia. Durante unos años entabla amistad con William Blake, Whitman, Michaux... su pasión por la poesía se hace más notoria. En el 76 viaja por un año a París, y allí empieza, en sus ratos en la Cinémathèque, a interesarse de verdad por el cine, donde ve películas de Rivette, Vigo, Fuller y el que sería su “mentor”, Nicholas Ray. Lo de mentor es relativo, porque según el mismo Ray, Jarmusch hacía justo lo contrario de lo que Ray le decía que era mejor para sus primeros trabajos. Se enamora también del cine japonés (de Ozu en particular) y a finales del año siguiente se matricula en la escuela de cine de Nueva York, donde conoce personalmente a Ray, que ya empezaba a distanciarse de Hollywood y a trabajar con Wim Wenders. A cambio de quedarse para finalizar la carrera, el director de la escuela de cine le propone trabajar con Ray como ayudante de dirección, y la relación profesor – alumno se convierte en amistad. La muerte de Ray meses después inicia la carrera de Jarmusch como director. Otras influencias en su cine pueden hallarse en las personas de Samuel Fuller y también de John Cassavettes, de quien aprende que ser independiente significa “

no dejar que tu trabajo sea dictado o configurado por las normas del mercado, lo cual no quiere decir que no dejes que la película entre a formar parte de él [...] Para mí el dinero sirve a la película, y no la película al dinero”
Aquí Jarmusch se adelanta unos cuantos años al concepto real de cine independiente. Su primera película habla sobre la angustia creciente de angustia por las relaciones humanas. No es una película excesivamente sorprendente, pero ya apunta al aspecto minimalista que le caracteriza y al querer hablar de las pequeñas cosas, los pequeños detalles que forman al ser humano.

En 1982, rueda Strangers than paradise, donde mostraba al mundo como un territorio abandonado que de repente es consciente de la diversidad de idiomas, culturas y símbolos que lo pueblan. Comienza a experimentar con el sonido, cuyo uso es un rasgo característico de su cine. En Coffee and cigarrettes, hay una gran variedad de sonidos y detalles que te introducen de lleno en la historia: el tintineo de las tazas, el golpeteo de los pies en el suelo, una cucharilla... hay un gran cuidado y mimo puesto en estos elementos. Strangers... inicia una especie de trilogía sobre la soledad, que cierra con Bajo el peso de la ley y Mistery Train. Strangers... es una película única en la historia del cine, debido a que no hay un solo contraplano. Abundan también en estas películas esos momentos “muertos”, en los que parece que no pasa nada, que en Coffe and... forman el hilo conductor. Rueda poco después el primer episodio de Coffee and cigarrettes y Noche en la tierra, que cuenta la historia de una agente de Hollywood que viaja en un taxi con una conductora interpretada por Winona Rider, que da al espectador el lujo de ver a un famoso cumpliendo una función tan corriente y libre de pretensiones como conducir un taxi.

Para un servidor, la mejor película de Jarmusch es su siguiente film, Dead man, que fue un rotundo fracaso de taquilla. Muestra a un William Blake que viaja hacia la muerte. Con esta película Jarmusch quería decirnos que

“la muerte es lo único cierto en la vida y, a la vez, su gran misterio”
La muerte en este film conduce a un caos aún mayor; el gesto del asesinato le parece patético y desprovisto de heroísmo, algo a lo que últimamente Tarantino o Robert Rodríguez nos acostumbran. Jarmusch desprecia la violencia y en su siguiente film, Ghost Dog plantea el uso de la violencia contra la violencia.

Otro aspecto en Jarmusch digno de resaltar es su uso de la música y su relación con músicos como Tom Waits, Iggy Pop o Neil Young. Hasta tal punto es importante la música (el rock y el jazz sobre todo) en su filmografía que rueda también un documental sobre el encuentro de Neil Young con su banda Crazy Horse. Flores rotas, su última realización, nos habla de un hombre que se intenta reconciliar con su pasado… y las cinco amantes más importantes de su vida, para intentar encontrarse a sí mismo. Y esto es, de forma muy escueta, la filmografía que ha ocupado más de veinte años la vida de este director.

¿Y qué decir del aspecto espiritual en su cine? La cual es la parte más importante de todas. Pues decir que él no comparte esta opinión. El centro de su pensamiento es lo que hace el hombre. A diferencia de Schrader, o Dreyer, o Kiarostami, Jarmusch es un director secular, que habla para el hombre. A propósito de Dead man, declaró: no es una película sobre la salvación o la gracia, sino sobre la destrucción y la muerte. Es una película descarnada sobre el destino miserable de todo ser humano: su extinción. El ser humano, como el humo que sale de los cigarrillos o las tazas de café hirviendo en su último film, es algo que, según él, acaba por desaparecer. La muerte para algunas personas, marca un fin tras el que no hay nada. Entonces, ¿no resulta contradictorio el que Jarmusch diga que no le interesa la teología, pero al mismo tiempo le parece miserable la idea de ser humano como un algo que se extingue sin remedio? Hay, aunque Jarmusch lo niegue, cierto componente de búsqueda de algo más en la vida, si vemos bien sus películas. Y en el mismo director, que dijo:

La mayoría de las películas no exigen nada del público, porque no confían en él
Hay un humanismo notable en su pensamiento, y al mismo tiempo tiene la certeza de que la vida y el arte no se limitan a algo tan simple como existir, sin más. Esto es algo que, aunque da dolor de cabeza, resulta muy interesante. En Ghost Dog, las palomas muertas representan sueños de libertad aniquilados. Sin lugar a dudas, a pesar de que combate contra una visión teológica de sus películas, no puede evitar entrar en la metafísica, en buscar respuestas a sus inquietudes. Una vez más, queda demostrado que la fe es algo que el ser humano necesita definir. Es posible que el estilo austero de sus películas pretenda quitarles su lectura moral. También explica esa forma de construir sus historias a partir de simples detalles y no al revés, como suele hacerse.

Jarmusch pretende mostrar la realidad tal cual es, porque cree que no hace falta Dios para explicar la vida; no quiere ser considerado un cineasta trascendental. Pero sigo insistiendo en que es contradictorio y se equivoca al tomar esta tendencia (lo cual no resta necesariamente calidad y originalidad a su cine). En Mistery Train, presenta magistralmente un conflicto como es la falta de afecto entre las personas, algo completamente inseparable de la parte espiritual del hombre. Strangers than paradise habla sobre la soledad ante un mundo sombrío. ¿No es acaso este sentimiento de soledad el que los profetas sienten en sus entrañas? Los presos de Bajo el peso de la ley tienen que decidir qué hace con sus vidas constantemente... ¿no es esto una expresión de nuestra moral, de nuestra espiritualidad? En este mismo film, aparece el orgullo como camino a la perdición, y vemos a sus personajes sucumbir y mostrarse patéticos, cediendo a su orgullo, pidiendo un helado a gritos. De nuevo, aunque no se habla del pecado, se le define de forma acertada en sus consecuencias y en su origen: consecuencias = el caos y el descontrol; origen = apartar a Dios a un lado. Jarmusch es irónico y quiere aunar hastío con humor. Es un autor paradójico y contradictorio, aunque muy consciente de ello.

Es curioso que como cristiano hable de un director tan pagano como lo es Jim Jarmusch. Pero tras estudiarlo un poco, me doy cuenta de que es inevitable e inútil escapar a la gran pregunta: ¿Qué haré con mi vida? Pregunta que Zack y Jack se hacen en Bajo el peso..., mientras vagan por los bosques, sin rumbo. Y aunque es cierto que “todo es vanidad” (Ecl. 1:2) como el humo y las conversaciones de Coffee and cigarrettes, “aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos”(Ecl. 9:4). En este texto, hasta el William Blake de Dead man puede hallar esperanza.

NOTA: para documentarme, me ha sido muy útil el libro "Jarmusch, el sueño de los justos", de Breixo Viejo (ediciones JC), el cual recomiendo encarecidamente.

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Daniel Jándula Martín

España

Sobre mi: Una noche de verano, mi madre me despertó, a eso de las once y media de la noche. Yo tendría siete años. Recuerdo perfectamente mi incierto y zigzagueante paseo hasta la pequeña sala de estar. Mi padre roncaba en una esquina. Ella me iba diciendo que tenía que ver algo, que no debía perderme. En la tele de catorce pulgadas, un hombre despertaba a su vez a sus hijos, y les decía que fueran con él para ver algo. Ellos tampoco debían perderse esa experiencia. La película era Encuentros en la Tercera Fase, de Steven Spielberg, y su tesis principal era la siguiente: no estamos solos en este mundo. Fue una experiencia que nunca olvidaré, pues marcó mi afición al cine, y sobre todo, fue la primera piedra para mi conversión al cristianismo, y para mi aceptación de que Dios nunca dejará que me encuentre solo. Todo un encuentro. Siempre he pensado que muchos directores de cine, desde Scorsese a Wim Wenders, desde Ozu a Abel Ferrara, pasando por Kieslowski, Werner Herzog, Paul Schrader o Bergman, entre otros cientos, han sabido imprimir a su obra un punto de vista espiritual (y en algunos casos hasta religioso) de la vida, dando un sentido mucho más amplio a este arte, yendo más allá de los 24 fotogramas por segundo. La pretensión de este blog es, desde la humildad de un simple aficionado, hablar de eso: de cine y fe. De las certezas impregnadas en historias que remueven nuestras conciencias, y buscar una aplicación para nuestro crecimiento espiritual. Apartando las críticas inaccesibles y las referencias inútiles para mirarnos el ombligo, queremos aprender de las películas en aspectos que normalmente se suelen despreciar, pues se cree a menudo que lo espiritual no es intelectual, y al revés... lo cual es una gran estupidez. Que tú, lector, creyente o no, disfrutes de estos contenidos... pues tu vida vale más de lo que piensas...

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