Octubre de 2003. En el Parque-Reserva Natural de Katmai (Alaska), son hallados los restos de Timothy Treadwell, fundador de Grizzly People, junto con los de su novia Amie Huguenard, cerca de su campamento. Un oso grizzly les había atacado y devorado. Fueron las primeras personas en ser víctimas del ataque de un oso en toda la historia del Parque. El siempre sorprendente e inquietante cineasta Werner Herzog utilizó para su última película, Grizzly Man, las imágenes rodadas por el mismo Treadwell durante los últimos cinco años de su vida, con el fin de indagar en este personaje tan complejo, y llamarnos la atención sobre el difícil problema del hombre y su sitio en la naturaleza.
La historia del documental empezó cuando Herzog perdió sus gafas en las oficinas de la productora Creative Differences, propiedad de Erik Nelson, cineasta que produce documentales para unos diez canales de televisión. Herzog andaba buscando por la mesa de Nelson y posó la mano en un artículo que narraba la historia de Treadwell, en la que Nelson estaba trabajando. Cuando Herzog leyó lo ocurrido, dice que “supe que era una película para mí. No importaba nada, sólo que tenía que hacerla. Tenía la sensación de que había algo mucho más grande en la historia. Y probablemente no solo fuera una mirada a la naturaleza salvaje sino una mirada a la naturaleza humana: el lado oscuro, los demonios y también los regocijos y éxtasis”. Era, pues, un proyecto que encajaba a la perfección con la temática del cine de Herzog: el individuo aislado e incomprensible por la sociedad, que deciden arriesgarse por sus propias metas. Treadwell era un personaje más que sumar a la filmografía hipnotizante y estremecedora de este director, que cuenta con personajes como Lope de Aguirre, Steiner, o el actor Klaus Kinski… todos ellos seres tan atrayentes como turbadores, tan repulsivos como diferentes, complejos y fascinantes.
Timothy Treadwell fue un amante del surf que quiso ser actor, y una gran estrella. Al no irle demasiado bien fue de viaje a Alaska en el verano del 89. Allí tuvo el primer contacto con los osos grizzly. Entonces decidió dedicar su vida a la protección de estos osos y de su hábitat. En 1992 se instaló en Katmai con su tienda de campaña, viviendo entre los enormes osos que se acercaban al río para cazar salmones. Los diez primeros años, plasmó sus impresiones en diarios y fotografías, y fundó la organización Grizzly People junto a su amiga Jewel Palovak. A los siete años de su estancia en Alaska, la compañía Minolta le prestó videocámaras con las que capturar sus momentos con los osos. El resultado son más de cien horas de material, sin ningún desperdicio, donde también quedó inmortalizado el brutal ataque del oso que acabó con la vida de este personaje y su novia. Herzog tuvo la sensibilidad de no incluir esta parte en la selección para el montaje del documental.
En la hora y tres cuartos del reportaje, podemos ver a un ser humano, de aspecto y actitud infantiles, jugueteando con osos de tres metros y evidente peligro, como si de gatitos de seis meses se tratasen. Las autoridades del Parque ya habían alertado a Treadwell de lo inadecuado de acercarse tanto a los osos, porque son imprevisibles y rápidos, aunque no nos lo creamos, y tienen sus propias reglas. De hecho, hay una distancia de seguridad de más de 100 metros, límite que Treadwell se saltó constantemente, llegando a tocar a los osos y darles toques como una madre a sus hijos. En el cartel del film podemos leer que esta historia trata sobre un hombre “que se pasó trece años cruzando todos los límites de la naturaleza”. Pero el mayor límite que se saltó fue que realmente creía que podía convertirse en un oso. Amaba, o creía amar, tanto a estos animales, que pensaba que era el único ser humano capaz de entenderlos y protegerlos. No sabemos lo que hizo para enfadar a un oso hasta el punto de ser atacado y morir bajo sus garras. El hombre que llevaba a Treadwell en avioneta hasta el campamento cree que “es como si los osos hubieran sabido todo el tiempo que Timothy era un estúpido y le dejaban que hiciera sus locuras… hasta que un día a uno de ellos, algo más agresivo que los demás, se le agotó la paciencia”. Hay momentos en la película en la que nos parece una persona rara, otros en los que nos compadecemos de su locura, y otras en las que nos hierve la sangre, como cuando pide enfadado a Dios, a Jesús, a Alá y “al dios que vuela y tiene un montón de brazos”, como él lo llama, que llueva. Su lado infantil y patético es tan grande que cuando llueve da gracias a Dios, a Jesús, a Alá y “al dios que vuela y tiene un montón de brazos”, de un modo tan dramático que nos asusta. Herzog dice conmovido que “a veces era muy sorprendente que se permitiera mirar tan profundo dentro del abismo que es el alma de todo lo que el ser humano es”.
¿Qué podemos aprender de un film tan complejo y escalofriante? Billy Campbell, creador del canal de documentales Discovery Docs, recuerda que “me intrigaba el hecho de que alguien pasara más de la mitad de su vida adulta viviendo entre los osos grizzly. Todos tenemos pasiones, causas o hemos creído en cosas de manera fundamental. Pero realmente no sé cuántos de nosotros estaríamos deseando ‘entregar nuestras vidas’ o arriesgar nuestras vidas día a día durante trece años.” Y además aparentemente indefensos, podríamos añadir a esto, ya que él no se llevó arma ni protección alguna. Vivió de un modo salvaje, y esa vida salvaje se volvió contra él. Hay un paralelismo total entre la personalidad de Treadwell y la naturaleza salvaje. Erik Nelson dice que “no sabemos si a propósito o sin él, estaba grabando una épica al estilo de Joseph Conrad, en el que aparecía un hombre bajo presión y en medio de la naturaleza. Era ese personaje extraordinario el que hizo esto tan maravilloso, siempre sabía donde estaba la cámara y adónde tenía que apuntar. Realmente trabajó en hacer una buena película”. Hizo una buena película de una vida desordenada, podríamos añadir, en la que sin embargo tuvo algún momento de lucidez: “si muero, si algo me pasa, haced esa película. Hacedla y enseñadla”.
Treadwell prefería vivir en su elemento, cerca de los osos, porque el mundo ‘real’ le parecía una locura. Podemos hablar de este hombre como ese ‘hombre natural’ que quería ser un oso, porque quizá así la vida resultaba más fácil. En parte es cierto que este mundo está como del revés, pero somos seres humanos; no podemos aislarnos, ni pretender amoldar brutalmente el ambiente que nos rodea. Lo que sí podemos es discernir las cosas espiritualmente, y actuar con unas vidas llenas de sentido, transformadas desde lo más hondo… <

Dirección y guión: Werner Herzog.
País: USA.
Año: 2005.
Duración: 104 min.
Género: Documental.
Producción: Erik Nelson.
Música: Richard Thompson.
Fotografía: Peter Zeitlinger.
Montaje: Joe Bini.
Estreno en USA: 12 Agosto 2005.
Estreno en España: 16 Junio 2006.

