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21 Febrero 2007

UN BOCADO ESPELUZNANTE

Solía ser territorio de vampiros esto del discreto encanto de la aristocracia y su metáfora del desquite contra la usurpación del vulgo. Not anymore. Ahora Hannibal Lecter viene a convertirse en el culto símbolo del corta cabezas de la vulgaridad par excellence.

Hannibal Rising presenta al niño Hannibal y los acontecimientos horribles que lo llevan a justificar su acción criminal y su gusto culinario por la carne humana. Tan espeluznante como suena, esta película logra ensalsar el repudio singular contra los horrores canibalísticos de cualquier guerra. En este caso, las fronteras inocentes de Lituania en el choque entre Nazis y Soviéticos durante la Segunda Guerra,

La puesta en escena logra suspender lo inverosimil del tema y hace cómplice al espectador de la monstruosidad del personaje. Desde un punto de vista ideológico, esta complicidad es curiosamente armada no en contra los que perpetran la Guerra sino contra los criminales oportunistas que se lucran de ella.

La película es voraz, vertiginosa, inclemente. Sobretodo en cómo logra poner a la audiencia en los zapatos del joven Hanibal.

La crítica estadounidense no ha sido generosa con el tema. En parte justificada por mínimas deficiencies dramatúrgicas en la resolución del film. El desenlace queda descuidado de un enganche emotivo que amplie el significado de la pieza. No queda claro si por descuido del guionista o por desinterés del director.

Por lo demás, Gong Li luce magnética y el joven actor Gaspard Uliell empuja bastante efectivamente su dimensión asesina. Faltó exaltación al carácter culto de Hanibal. Al menos el desenvolvimiento de un patrón convincente de envolvimiento en las artes como lo lograran las sutilezas interpretativas de Anthony Hopkins en las anteriores películas sobre Lecter. Gaspar manifestó la arrogancia pertinente al personaje, pero faltó algo más que la apreciación al culto samurai para darle multidimensionalidad a la misma. Tal vez un gusto caprichoso por la ópera, la música culta, o quizá el buen vino.

Lecter “asesina” al mal gusto, a la vulgaridad canibalista. En Hannibal Rising, el chico simplemente se venga sin que surga la artimaña mefistofélica que hubiera aportado la dimensión metafísica que realmente nos asusta. Aquella que hubiera convencido a la Bella de la película de prendarse de la Bestia y cuyo discreto encanto nos hubiera realmente puesto los pelos de punta.

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Ulisses Santiago

Puerto Rico

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