Y no es por falta de estrenos, sino porque los que hay no me convencen en absoluto. Llevamos, creo que desde el 11-s, con una sequía muy lamentable de películas que sólo se salva por el hecho de que algunas de ellas, son del género de terror (o de risa, que viene a ser casi que lo mismo).
En fin, de terror, del género tonto, o de risa tía Felisa, el caso es que para ver una película que te llegue al alma, lo que te tienes que tragar (y perdón por tan grosera expresión) es una serie de tontadas que apenas dejan una ligera huella en tu bolsillo.
El estreno tan seguido de United 93 y World Trade Center no hace sino hacernos recordar que la tremenda huella que dejó en nuestro subconsciente colectivo unas imágenes que el cine jamás podrá reproducir. Oliver Stone lo sabe y no nos las ha vuelto a mostrar en su última obra. Ciertamente, lo mejor de ella ha sido, como en el caso de Spielberg y sus tiburones de cartón, no mostrarnos al monstruo.

Es decir, que vamos al cine para dejar de ver el morbo que no se nos muestra, pero no es por eso por lo que ya no me apetece ir al cine, sino más bien por la falta de calidad, de talento y de ideas.

