Hay que reunirse y encontrar los medios para que el hombre nuevo que vamos a crear, no siga sembrando el caos, nos sostenga y alimente, no cree más destrucción, y se acuerde de nosotros.
- Entrad, pues, en consulta, abuela, abuelo, nuestra abuela, nuestro abuelo, haced que aclare, que amanezca, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados por el hombre creado, por el hombre formado, por el hombre mortal, haced que así se haga.
- Dad a conocer vuestra naturaleza, madre, dos veces padre, el Señor de la esmeralda, el joyero, el escultor, el tallador, el Señor de los hermosos platos, el Señor de la verde jícara, el maestro de la resina, la abuela del sol, la abuela del alba, que así seréis llamados por nuestras obras y nuestras criaturas.
- Echad la suerte con vuestros granos de maíz Hágase así y se sabrá y resultará si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera-. Así les fue dicho a los adivinos.
A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz ¡Suerte! ¡Criatura!, les dijeron entonces una vieja y un viejo. Y este viejo era el de las suertes. Y la vieja era la adivina, la formadora.
Y comenzando la adivinación, dijeron así: - ¡Juntaos, acoplaos! ¡Hablad, que os oigamos, decid, declarad si conviene que se junte la materia que el hombre nos ha traído y que sea labrada por el Creador y el Formador, y si éste (el hombre) es el que nos ha de sustentar y alimentar cuando aclare, cuando amanezca!
Tú, maíz; tú, suerte; tú, criatura; ¡uníos!, les dijeron al maíz, a la suerte, a la criatura. ¡Ven aquí!, Corazón del Cielo.
Entonces hablaron y dijeron la verdad: - Buenos saldrán vuestros muñecos hechos de vuestros materiales; hablarán y conversarán vuestros muñecos, hablarán y conversarán sobre la faz de la tierra.
- ¡Así sea! - contestaron, cuando hablaron.
Y al instante fueron hechos los muñecos. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra.






