La última vez que fui a la tienda de discos me recomendaron un lugar en el centro donde se podían encontrar discos raros. Sucede que me gusta coleccionar discos antiguos de vinilo. El sonido de estos discos me parece de mayor calidad que los que ofrecen los discos compactos, por más que sean remasterizaciones, no se puede competir contra una buena aguja de diamante y un potente amplificador. Había ido a la tienda en busca de grupos sudamericanos de rock de la década de los sesentas y setenta. Era un tanto difícil encontrar estos discos compactos ya que los recién editados “volaban” en cuestión de horas, sobre todo los pertenecientes a grupos latinos que cantaban rock en inglés, sin ser este su idioma materno. Muchos sellos independientes se estaban dedicando desde finales de los años noventa, a reeditar en discos compactos el material de estos grupos. Sin embargo, las obras no estaban completas en la mayoría de los casos sino que se trataban de discos recopilatorios que contenían uno o dos temas de cada grupo perteneciente a la colección. Al menos me contentaba con esos mientras conseguía los títulos completos ya que eran grupos de gran calidad pero que habían permanecido en el anonimato hasta que un grupo de coleccionistas, de la mano de la globalización, fueron más allá y decidieron compartir el material de sus vinilos de colección en formato digital.
En efecto, se trataba de buenos músicos que en su época habían tenido que enfrentar problemas sociales, económicos y hasta político-militares antes de que su obra pudiera salir a la luz pública. Demás está decir que la tecnología de la industria musical en estos países del tercer mundo no ofrecía las ventajas que pudieron tener los músicos británicos, norteamericanos y hasta australianos. Incluso regiones con idiomas poco comunes para el rock comercial tuvieron éxito en décadas anteriores como el caso de Alemania con grupos vanguardistas de gran calidad como Tangerine Dream o los mismos italianos y su contribución al rock progresivo con grupos como Premiata Forneria Marconi o Magna Carta. En este sentido, era doble el mérito de los latinos que lucharon contra todo con tal de dar a conocer su música que en muchos casos fue una excelente fusión de ritmos como el caso del alucinado grupo Wara de Bolivia. Este grupo fusionó ritmos andinos con rock, rodeándolo de una atmósfera ácida y sombría, con una propuesta muy parecida a lo que ofreció Uriah Heep en su momento. Wara llegó a editar un solo disco, llamado El Inca, en esta línea y luego volvió por su senda tradicional de folklore. Esto sucedió en 1973 y ahora es un disco muy buscado por coleccionistas que están dispuestos a pagar una buena cantidad de euros por el mismo.
Pero hubo otros casos de excelentes producciones de rock hecha por latinos. Por ejemplo, para seguir en los países andinos, existió un grupo de origen peruano llamado Los Saicos, a los que se les atribuye haber dado el chispazo inicial para el surgimiento del Punk. Lo increíble del caso es que este grupo data de los años 1964 a 1965, años en que el concepto de Punk ni siquiera estaba acuñado. Además el grupo en cuestión sólo llegó a grabar un puñado de discos de 45 revoluciones por minuto, los cuales fueron reeditados recientemente por un sello independiente español. Ahora es un disco algo difícil de conseguir. Incluso se llegó a reeditar una edición limitada de vinilos conteniendo todos los discos de 45 revoluciones por minuto, en un único disco de larga duración. Cuando me recomendaron la tienda de vinilos en el centro, nunca me imaginé que iba a encontrar estos materiales, en perfecto estado, pero, eso sí, a un precio que sólo pagaría un coleccionista.

