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11 Febrero 2008

MODAS, INGLÉS Y ANOREXIA

Arrancó la 47º edición de la Moda Cibeles en España, un certamen que cuenta año con año con bastante expectativa y que supone el punto de encuentro de la moda para diseñadores, modelos y público consumidor de estos actos. Recordemos que en 2006 se impuso una valla para poder ingresar a participar en este certamen como modelo. En efecto, por aquel año, el tema de la anorexia en las modelos estaba en su punto más álgido y se tomaron medidas para tratar de frenar esta peligrosa práctica realizada por muchas jovencitas, aspirantes a modelo, en todo el mundo. En aquella ocasión, se estableció un mínimo en el índice de masa corporal que cada modelo debía tener antes de poder presentarse a desfilar los últimos modelos del evento. Este índice mínimo era de 18 por ciento y a partir de la fecha es rigurosamente controlado por los organizadores del evento. Esta gran medida se ha hecho en coordinación con el propio gobierno español, que ha puesto al frente de esta iniciativa a la doctora Susana Moreneo. Moreneo ha destacado que desde que se adoptó la medida, los casos de anorexia, al menos en desfiles de este tipo, se han reducido año con año y ahora, en 2008, sólo tres jovencitas se han quedado fuera de las pasarelas por no haber alcanzado el mínimo de 18 por ciento en su índice de masa corporal. Tal ha sido el caso de tres jovencitas británicas que al enterarse de la noticia, rompieron en llanto por las inmediaciones del Parque Ferial Juan Carlos I, lugar donde se realiza el evento este año. Una de ellas incluso se puso a refunfuñar y a gritar histéricamente, en un inglés con el acento británico bastante marcado, casi sonaba a idioma alemán por momentos. Sin duda bastante penoso pero algo necesario de cara a combatir esta terrible enfermedad o desorden metabólico.

Esta noticia me hizo recordar que una antigua amiga mía pasó por algo parecido en sus ansias de convertirse en modelo. Como toda jovencita, Michelle estuvo rodeada de sueños y aspiraciones, alentadas por sus tempraneros juegos con las muñecas Barbie y con tantos concursos y novelas juveniles que, de un tiempo a esta parte, se han posicionado fuertemente en el mercado del consumidor televisivo. Evidentemente habían ciertas cosas o requisitos que los modelos debían cumplir, siendo uno de ellos la belleza física, algo que puede malinterpretarse. En el caso de Michelle no había porque malinterpretar nada, pues era una jovencita bastante agraciada, bien proporcionada. A los quince años ya pasaba el metro y setenta y centímetros, lo que la perfilaba para ser modelo, uno de sus sueños. Tenía buena presencia, era de contextura delgada y fue entonces que sus amigos la alentaron a ser modelo. Pero había que perfeccionarse si se quería destacar en este mundo. Lo primero que había que hacer era aprender los secretos de la pasarela, aprender a caminar como modelo en buena cuenta, con esas zancadas levantando la rodilla casi al nivel de la cintura y lanzando las piernas hacia el frente como hacen los caballos de paso, al tiempo que se iban balanceando las caderas con una mezcla de garbo y abierta provocación sexual. De la misma manera los hombros debían acompañar el compás del recorrido y así, una serie de detalles que Michelle debía ir dominando.

El tiempo avanzaba y Michelle se convertía en mujer y en modelo por añadidura. Aprendió a caminar como lo hacen las modelos, conseguía buenos contratos pero ella quería más, quería ser una top model. En este sentido, era inteligente y sabía que era básico el dominio del inglés. Entonces, se decidió a aprender idiomas de la mejor manera, primero en un instituto superior que ofreciera esta carrera, allí pasó tres años hasta dominar la lengua extranjera que le abriría las últimas puertas que le faltaban por conquistar. Una vez que se graduó de idiomas, viajó al extranjero a tentar suerte, marchó a Londres, una de las capitales de la moda. Su idea era hacer algunos trabajos como modelo, darse a conocer, al tiempo que iba perfeccionando su inglés por el mero roce social que tenía. Todo iba saliendo bien, hasta que conoció la mala influencia. Otras modelos obsesionadas con su cuerpo y que hicieron entrar en ese círculo a Michelle. Pronto su físico empezó a decaer y sus huesos empezaron a surgir, primero las clavículas y luego las costillas, la anorexia había llegado. Le costó un año entero recuperarse, con la ayuda de sus padres y amigos verdaderos. Por ahora Michelle no quiere saber nada del modelaje y se gana la vida como profesora de inglés.

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