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31 Enero 2008

RAMBO, EL AMERICANO QUE DOMINA EL IDIOMA VIETNAMITA ADEMÁS DE LAS ARMAS

Desde Estados Unidos, llega la noticia de que la cuarta entrega de la saga de Rambo está arrasando en la taquilla y el propio Sylvester Stallone anda por territorio español promocionando la película que lo tiene a él como protagonista y además como director. En efecto, en esta cuarta entrega, Stallone ha dirigido su propio y añorado personaje. La trama gira en torno a un grupo de refugiados de Birmania que deben ser trasladados por Rambo dentro de una selva bastante agreste y peligrosa, plagada por enemigos. Allí, el inmortal héroe debe luchar contra todo tipo de enemigos, desde los molestos mosquitos y sanguijuelas hasta la amenaza de minas antipersonales, tigres de bengala sueltos, pasando incluso por la barrera idiomática. Aunque ya vimos a Rambo hablar en otros idiomas nativos del sur de Asia. Si no me equivoco fue durante la segunda entrega del film, cuando tuvo que regresar a Vietnam para rescatar prisioneros. En aquella oportunidad, algunas escenas transcurren con Rambo hablando el idioma oriundo de esa parte del continente que debe haber sido el vietnamita. Claro, no tengo maestría en idiomas, o sea que tranquilamente pudo tratarse de un dialecto de la zona y hasta de un lenguaje cifrado utilizado en la guerra plana que efectuaba el Viet Cong. Tantas películas de guerra en mi haber y series que ya manejo algunos términos como “Charlie” que era como los americanos llamaban en su propio idioma a los enemigos.

Esta segunda entrega de Rambo, a la que hago referencia, quizá haya sido la mejor lograda en cuanto a los escenarios planteados y el mero ritmo narrativo. Las situaciones eran las mismas por las que pasa cualquier personaje principal de una película de guerra ambientada en Vietnam, siendo la selva un crisol de oportunidades para ser explotadas por el director. Por ejemplo, recuerdo que en la película Prisionero de Guerra con el carismático y rudo Chuck Norris, las escenas que permitían la selva eran magníficas, sobre todo aquella en la que el coronel Braddock, debe quedarse quieto para no ser descubierto por un regimiento enemigo. El problema era que mientras esperaba a que los soldados pasen a menos de un metro de él, una serie de sanguijuelas y escorpiones de todo tamaño, desfilaban por todo su cuerpo. Fue una escena para poner los pelos de punta a cualquiera. En el caso de Rambo II, la escena que más recuerdo fue cuando era asediado por un regimiento de soldados rusos, que supuestamente apoyaban a los rebeldes de Vietnam en la post guerra –y quien sabe desde antes-. En esos momentos Rambo “desaparece” y reaparece casi al instante. Esto lo hizo mediante un ingenioso e improvisado camuflaje que logró al confundirse en una pared cubierta totalmente de lodo. Sólo cuando abrió los ojos se puedo distinguir su figura.

Luego vendría la tercera entrega de Rambo, esta vez con el héroe un poco más distendido, luchando en peleas clandestinas para sobrevivir. En esas circunstancias, su coronel, su creador, lo recluta para una misión en oriente, en el país de Afganistán donde supuestamente los rusos tratan de invadir el país a través de los enemigos de los afganos. La trama no nos trae nada nuevo, salvo el dato de que en 1990, este film ingresó en el libro de los records Guiness con la marca de ser la película más violenta jamás rodada. Por lo demás, quizá la escena más memorable sea el juego de aquellas tribus nómadas, corriendo todos a caballo y recogiendo un cerdo muerto del suelo para dejarlo en ciertas marcas y logrando anotaciones. De allí, el choque entre el helicóptero de vanguardia ruso y el tanque que manejaba Rambo es alucinante. Esta tercera parte está plagada de humor negro y mucho sarcasmo, algo impensado en la primera entrega de la película titulada First Blood, traducida al castellano como Primera Sangre, la mejor de todas sin duda.

Esa primera aparición de Rambo sí que marcó a toda una generación y lo digo con conocimiento de causa porque es de mi época. Era la primera vez que se veía aun loco de estos, un traumado de guerra que arremetía con todo y contra todos. En verdad, si nadie se metía con él, era pacífico, pero como los policías de pueblo no se pueden estar quietos y necesitan algo de acción, al alguacil se le ocurrió agarrársela con Rambo y a partir de allí se teje toda la historia que ya conocemos. Lo interesante es el monólogo final que se manda Rambo, con toda esa carga de frustración a cuestas y soportada en silencio por años. Le pintaron la gloria y regresó de la guerra marginado y casi como un proscrito y paria en su propio país. Evidentemente tenía que explotar y explotó. Ahora esperemos con ansias este fin de semana a ver qué sorpresa nos trae John Rambo.

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Lisette Prima

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