Su idioma natal es el alemán pero poco importa que el discurso haya sido pronunciado en idioma italiano o el universal inglés, el hecho es que el Papa Benedicto reconoció que existen sacerdotes violadores al interior de la Iglesia Católica. Sin duda es un gran avance en este profundo cáncer que afecta a la milenaria institución. Todo problema debe ser reconocido antes de combatirse, es inútil tratar de enmascarar o maquillar una situación que a todas luces es conocida. En el modismo americano, traducido al idioma castellano, eso es “barrer la basura y colocarla debajo del refrigerador”. En efecto, este es un caso típico de ego que puede ser aplicado tranquilamente a una institución tan grande como la Iglesia Católica. Erróneamente, se cree que uno será menos si reconoce sus errores, cuando en verdad lo más probable es que se ennoblezca. Una actitud honesta siempre será aplaudida y si el destino de la Iglesia Católica es desparecer pues al menos quedará en la historia que antes de disolverse, lavó todos sus trapos sucios.
Si nos fijamos en el antecedente más próximo, encontraremos que el Papa peregrino, Juan Pablo II pidió disculpas públicas a todas las víctimas de la Santa Inquisición, probablemente el brazo más sangriento en la historia de la Iglesia Católica. En efecto, el Santo Oficio como se le conocía, buscaba que “extirpar idolatrías” con métodos bastante crueles, mediante tortura y persecución sistemática. Uno de los continentes que más padeció este pesado yugo fue América, tierra que recién había sido descubierta y que, por supuesto, profesaba otras religiones, siendo sus habitantes básicamente politeístas. Cuando los primeros descubridores llegaron al Nuevo Continente tuvieron que lidiar con muchos problemas. Para empezar, ya venían de un periplo por demás accidentado en que pocos de los que partieron pudieron arribar a tierra firme. Tras de eso, se toparon con tribus salvajes que se resistían a ser domesticados por el invasor. Ya en este propósito, uno de los principales obstáculos fue la barrera idiomática. Era virtualmente imposible pensar en un traductor que pudiera transmitir fielmente los pensamientos de uno y otro bando, en retrospectiva, aún es un misterio para mí cómo se las arreglaron los conquistadores para entender las lenguas aborígenes de los pueblos americanos. Quizá hayan tenido que pasar varios meses y quizás años hasta que una traducción más o menos fiel pudiese ser alcanzada.
Ahora bien, mientras esta situación se daba, los conquistadores no ayudaban mucho al proceso que digamos pues una serie de excesos eran cometidos en el camino. En efecto, robos, saqueos, profanaciones y violaciones señalaban un doble discurso de los europeos. No era de extrañar, pues lo que llegó a continente americano fue lo más bajo de la civilización europea, muchos presidiarios vieron en este viaje una oportunidad de obtener el indulto y una vez en continente americano, sus bajos instintos no tardaron en aflorar al ver que era una especie de paraíso virgen en que imperaba la ley del más fuerte. Digamos que se estableció el nirvana de la delincuencia. Cada vez la situación se fue poniendo más tensa y finalmente los conquistadores sometieron a los pueblos americanos que de mala gana tuvieron que aceptar a la cultura “superior”. Como es sabido, el mercantilismo dominaba la economía de aquel entonces y los metales preciosos eran muy cotizados mundialmente y los europeos no se cansaron de llevar galeones y galeones repletos de oro y plata de las indias mientras que a su vez los piratas andaban al acecho para llevársela fácil, alentados por la frase “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”.
Pero allí no quedó la cosa y vino la etapa en que también debía imponerse la religión dominante, La Católica. Toda otra forma de culto o adoración debía ser erradicada y qué mejor manera de hacerlo que mediante tortura en caso de negativa. Si bien el Santo oficio ya actuaba en Europa, fue en América donde encontró mayor eco pues prácticamente se consideraba a los nativos como bestias salvajes y no había mucho escrúpulo a la hora de aplicar las mil y una modalidades de tortura. Fue un tiempo muy cruento donde muchos murieron y otros se convirtieron por dolor más que nada. Esa mezquina y sedienta forma de ganar adeptos fue y es bastante cuestionable hoy en día y la gente se da cada vez más cuenta de las formas de opresión y técnicas psicológicas que utiliza no sólo la religión Católica sino casi todas las religiones que profesan alguna forma de doctrina servil. Efectivamente, se pregona libre albedrío pero siempre con la figura del pecado-castigo como método de sujeción y coacción. Creo que el hombre es fundamentalmente bueno y sabe muy bien lo que está bien y lo que está mal, sin embargo sus decisiones no siempre son las más acertadas. Quizá si se quita la presión que se ejerce sobre él mediante las instituciones actuales, se logre un efecto beneficioso orientado al bien común. Por lo pronto, la Iglesia Católica está avanzando poco a poco al reconocer sus faltas. El gran paso lo dará cuando imite a Jesús al 100% y no trate de jalar correligionarios mediante figuras coactivas, ni siquiera tratando de convencer ya que Jesús simplemente vino a aclararnos las cosas y nunca se preocupó en que lo siguieran una, dos o millones de personas. Como él mismo dijo: “El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga”.

