Hay personas extrañas sueltas en la calle, pero muy extrañas. Tal fue el caso que me tocó conocer en una conferencia que se dictaba en un centro cultural independiente donde además de la enseñaza de idiomas, se alquilaba el auditorio para una serie de conferencias con temas de todo tipo. Por lo general, la costumbre es que las charlas dictadas en el auditorio perteneciente a una institución, vayan de la mano con lo que profesa dicha entidad. Pues en este caso definitivamente no fue así. La charla en cuestión era acerca de la convivencia antes del matrimonio y participaban hasta cuatro conferencistas según pude comprobar. El primero de ellos, era un reconocido psicólogo de profesión. Su participación estuvo orientada hacia el tema de las concesiones que cada pareja debe hacer a favor del otro conviviente en aras de la búsqueda del nuevo punto de equilibrio del hogar en formación. El segundo conferencista, se presentó como un veterano de guerra, con cuatro matrimonios y más de una decena de convivencias a cuestas, con la suficiente autoridad para brindar toda clase de consejos merced a su dilatada experiencia. La tercera conferencista más o menos caía en el molde del segundo ponente, pero con la gran diferencia que sus aportes se hicieron desde el punto de vista femenino de la relación. Las anécdotas de ambos eran muchas, unas divertidas, otras tristes y otras intrascendentes a mi gusto. Hasta allí, se podía decir que la cosa iba normal, aunque para algunos ortodoxos, los currículos de los dos últimos conferencistas los descalificaban de saque. Pero el plato fuerte estaba por venir.
Se anunció la presencia del cuarto y último conferencista, dejado con muy buen tino para el final del día de conferencias. No recuerdo el nombre del ponente, sólo recuerdo que era de nacionalidad peruana y su apellido era Badani, o algo así. El hecho es que se presentó seguido de un séquito de mujeres, pude contar hasta seis, todas vestidas con túnicas largas o faldones por debajo de las rodillas. Los cabellos de todas iban sueltos y colgaban hasta más allá de la mitad de la espalda. Ocuparon casi toda la mesa de ponencia, pero ninguna de ellas habló sino hasta el final de la exposición del tal Badani. Según el propio conferencista, era el marido de las seis mujeres que lo acompañaban y aducía satisfacer a cada una de ellas en cada día de la semana, dejando un día libre para su descanso. Algunos escuchaban escépticos, otros no podía evitar sonreír y otros simplemente fruncían el ceño, sobre todo los hombres presentes entre el público. Al parecer el afortunado hombre, había formado su propia secta ideológica en la que el hombre podía darse el lujo de contar con varias esposas sin que esto represente que dominara el idioma árabe o que ostentara el título de algún califato.
La ponencia de Badani, fue la más extensa y las preguntas venían de todos los rincones del público, casi todas interesadas en las técnicas sexuales del gurú. Más de una de las esposas absolvió las preguntas del público. Incluso había dos esposas que no eran peruanas, una hablaba en idioma francés por lo que deduje que la había “importado” de aquel país o probablemente de Bélgica. La otra habló en un idioma no conocido por quien escribe, pero por sus rasgos físicos parecía ser de algún país del este de Europa, quizá Rumania o Bulgaria. En ambos casos, fue necesaria la colaboración de un intérprete que tradujera al castellano ambas participaciones. Fue justamente la “francesa” la que se encargó de dejar muy en alto la sexualidad del tal Badani, al decir que, con un solo día de intimidad, quedaba satisfecha durante toda la semana. El comentario me resultó muy gracioso pues la apariencia física del tal Badani distaba mucho de la de un semental. Quizá una técnica de control mental hacía presa de las esposas de este mequetrefe.

