Hablando para el mundo
Siempre me gustó el portugués pero nunca aprendí a pronunciarlo correctamente. Con el inglés me llevo bien, tengo un certificado proveniente de Inglaterra que lo prueba. El italiano es parecido al español por lo que no se me hizo tan difícil. El chino mandarín fue por pura locura. Esto de aprender idiomas era nada más un pasatiempo para mi, algo productivo en que invertir el tiempo libre. Pero ahora, que me entrevistaron y contrataron en el trabajo de mis sueños, doy gracias por haber elegido sabiamente y haber prestado atención a cada una de las clases extracurriculares.
Yo soy cheff de profesión y aunque parece que no hubiera más ligadura entre la cocina y el aprendizaje de idiomas que la traducción de algunas recetas en su idioma original, les comentaré que para trabajar como Jefa de cocina en un crucero internacional este punto es muy importante a la hora de evaluar y seleccionar al personal. Por ello creo salí victoriosa, gracias a mi trayectoria de estudio de idiomas extranjeros hoy tengo un puesto considerable, un sueldo majestuoso y puedo disfrutar de viajar en uno de los cruceros de lujo con mayor fama del planeta.
Estoy encargada de mandar y asignar a varios cocineros de distintas partes del mundo, por lo que la comunicación debe ser fluida constantemente. Tengo que supervisar a chinitos, negros, jaladitos, criollos, gringos, cara-pálidas, dominicanos, milaneses, entre otros. Llevaré mis distintos libros y diccionarios para no perder la práctica ni marearme con tanto enredo verbal.
Ya me dijeron que compartiré habitación con una holandesa que supervisará al grupo “B”. Por lo que puedo pedirle me enseñe unas cuantas palabras básicas de su lengua materna ofreciéndole a cambio mis conocimientos en español, que es en lo único que podría considerarme “experta”.
Nunca imaginé trabajar en un lugar así, a comienzos de mi carrera pensaba terminar como ayudante en la panadería de la hermana de mi madre a unas cuadras de casa; donde se hornean los mejores pasteles de naranja de la ciudad. Es un lugar humilde en cuanto a estructura, poco ambicioso para alguien que se ha esforzado tanto como yo. En una época para poder pagar la escuela culinaria, además de las clases de idiomas, tenía que despertar a las seis de la mañana y correr a mi primer trabajo. Luego la rutina de estudios y a las diez de la noche correr al segundo trabajo temporal. Puedo decir ahora que valió la pena repartirme en tantas cosas y estresarme al borde del llanto en ocasiones.
Durante las tardes nos dan tiempo libre debido a la rotación de horarios y yo como toda una reina me doro al sol junto a una piscina adormeciendo mi cuerpo con la música caribeña de fondo, tomando piñas coladas y saboreando postres exóticos que corren por cuenta de la casa.
Hablar para el mundo es fácil, lo difícil es que todos te entiendan. Es necesario aprender códigos distintos para comunicarnos con gente distinta.
Lo podemos percibir desde un ángulo tan cotidiano como Internet, por ejemplo, la comunicación es interrumpida muchas veces.
Hay traductores pésimos que muestran la primera palabra en coincidir con la búsqueda y no analizan el contexto de la palabra en la oración. Hay información indescifrable debido a nuestra limitación.
Te lo digo yo, los idiomas te abrirán puertas inimaginables. A mi me pasó.

